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Enchufes desenchufados

Esta es una simple historia donde un pañal con patas quería ser parte de los grandes de la familia. Esta es la historia de Steve de familia moderna con una casa que los grandes llamaban inteligente de la cual solo alcanzaba apretar un botón para que algo funcionara.

Con su pobre año y medio, pocas palabras aprendidas y un torpe caminar por esos pañales abultados, Steve se metía por todos lados, siempre causando problemas, como decía su papa.

-Steve Salí de acá que te podes agarrar los dedos- decía la mama. –Steve no toques eso que me arruinas el trabajo de días- decía el papa; y no nos olvidemos de su hermano mayor quien al verlo tomar su Tablet o su celular le daba de coscorrones en la cabeza – Mamaaaaa, otra vez Steve toco mi celu con sus manos llenas de chocolate-

– Steve!!!!!!!!- era lo que siempre se escuchaba.

Pero ese día la mañana había empezado diferente, era el día que traían al nono. El nono era como el monstruo de los videos juegos de su hermano; era como su papa pero de piel floja, arrugada, y que le faltaba todo, no tenía pelo, dientes, ni voz y cada vez que lo traían se quedaba en un rincón, quieto, bien quieto. Steve se encontraba muy parecido a él, ya que al nono tampoco le dejaban jugar con todas esas cosas coloridas y ruidosas; con botones y teclas.

Esa mañana mientras todos saludaban y acomodaban al nono, a Steve se le ocurrió que era su momento, los brillos y los sonidos de la pantalla de la compu portátil de papa le llamaron la atención, y no dudo en acercársele para tocarla volcando sin querer su taza de jugo sobre el teclado. – ¡¡ Steven!!- se escuchó retumbar las voces de mama y papa, y automáticamente sobrevino el castigo – te quedas acá todo el día- dijo la mama, mientras lo colocaba dentro de un corralito ubicado enfrente de la silla del nono. Steve solo lloro con gritos fuertes. Ese lugar era aburrido, el nono era gris, olia mal, nada de ese rincón se parecía a las maravillas que podía ver en los juegos del papa, la mama y de su hermano, y Steve lo veía injusto.

Pero los gritos de Steve iban bajando el volumen. El nono se le acercaba y con una palmadita sobre su cabeza le dijo – te invito a una aventura, solo vos y yo- Steve no entendía pero lo que el nono traía en su mano le llamaba la atención, era de colores, no tan brilloso como la Tablet de su hermano, y si bien era silencioso las palabras del nono sonaban divertidas.

Steve sonrio, barcos piratas, princesas para rescatar eso si era una aventura, perros volando, ratones hablando, toda la magia era parte de ellos – y cuando el dragón entro en la torre- y no termino el nono que la luz se apago.

-otro apagón? Pregunto la mama en tono molesto. – Mamaaaaaa- se escucha al hermano de Steven desde la pieza de arriba,- la Tablet y el celu no tienen batería- mientras el papa con tono de fastidio contesta – vos te preocupas, se me apago la compu sin guardan los cambios-

Con los gritos, la oscuridad y la interrupción de la aventura Steven empieza a asustarse, pero antes que empiece a llorar, el nono toma una linterna y continua la aventura – la habitación de la princesa estaba oscura, y el dragón al entrar…. – Steven rio de la emoción, desprendiendo risotadas contagiosas.

Ninguno de la familia se había dado cuenta hasta ese momento, de las risas de Steven y de la emoción del nono al contar las historias, la familia completa se unió a la aventura, las risas brotaban y las miradas se entrecruzaban, la imaginación volaba y cada uno se adueñó de los personajes, mientras los enchufes de la casa inteligente permanecían desenchufados.

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