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En el Bronx hasta los policías se acostaban con niñas

En el Bronx hasta los policías se acostaban con niñas

En el Twitter @artemisa_ss, quien dice haber sido practicante del ICBF escribió, en 20 trinos, su experiencia en el peligroso Bronx de Bogotá. Acá la escalofriante historia:

Les voy a contar una historia de cuando hice mis prácticas en el ICBF en el zonal de mártires, hace tres años. Un día la defensora de familia con la que trabajaba me dijo que si nos podíamos ver a las 6 de la mañana del día siguiente para ir a hacer el restablecimiento de derechos en Santa Fe en los pagadiarios, que quedan al lado de los prostíbulos. Me pareció chévere la cosa y allá llegué.

Intervinimos tres pagadiarios. Fuimos el equipo del ICBF y 15 policías que nos dieron chalecos antibalas. Al primero llegamos rompiendo puertas y todo lo que se atravesara por el camino.

Me acuerdo que lo que más me impactó fue ver a las pulgas saltando en los colchones. Me dio piquiña en todo el cuerpo, qué asco. En uno de los cuartos encontramos a un hijueputa con una niña de 12 años que era prostituida por su mamá, y la niña estaba atada a la cama.

Los policías le dieron como a una rata y lo esposaron mientras nosotras soltábamos a la niña y la vestíamos. Tenía muchos morados y marcas. En otro cuarto había tres peladitos solos, de 5, 9 y 14 años. La mamá había pagado cinco días por dejarlos ahí encerrados. No habían comido nada en esos días.

Pero los dos grandes sí fumaron marihuana y consumieron perico. Su mamá era prostituta en el Bronx y le pagaban con vicio. El de cinco años solo había comido tostadas y agua de lluvia. Sí, de lluvia, la que habían recogido la noche.

En los otros cuartos había indigentes trabándose o tirando con prostitutas mayores de edad, así que nos fuimos al segundo. En ese solo encontramos a una indigente con tres niños totalmente desnutridos y golpeados. Esa vieja peleó con toda para que no nos los lleváramos. Pero volaron dos bolillazos y la mujer se calmó mientras en el bus yo les daba refrigerios a todos los que podía. Esos niños lloraban de felicidad.

Y aquí viene lo pesado de la historia. El último pagadiario era a una cuadra del Bronx. Nos tocó entrar con Esmad. Era una casa que por fuera se veía de cinco pisos pero tenía dos pisos de sótano donde había más o menos 15 niñas atadas y torturadas.

Tenían entre 10 y 16 años y las prostituían a los indigentes que salían del bronx trabados, malolientes y sucios. Y los hijueputas las quemaban. Los dueños de eso eran los sayayines. A las cuatro mayores les habían ligado las trompas para evitar embarazos, a las otras les daban Post day. Eran niñas reportadas como desaparecidas, que empezaron consumiendo droga, y un mal día decidieron meterse al Bronx y casi no salen. Para que se comportaran bien con los clientes les daban droga antes y después, y si les iba bien las dejaban bañar como “premio”.

En la parte de arriba encontramos a tres niñas más teniendo relaciones: dos con indigentes y uno con un policía al cual sus compañeros casi matan a patadas. Y también se encontró el cuerpo de una que había fallecido por sobredosis la noche anterior pero que no habían alcanzado a sacar.

De los dueños de eso solo cogimos a tres. Los otros corrieron al Bronx y los policías no pudieron entrar, qué impotencia. Llevamos a las niñas al hospital San José. Tenían desgarramientos anales y vaginales. La serología salió positiva para cuanta droga existía y muchas quemaduras: así las castigaban.

A las niñas se las llevaron a hogares y centros especializados y se contactó a las familias para que ayudaran pero todo bajo cuidado del ICBF. Hablar con ellas partía el alma, las obligaban a cuanta perversión querían los clientes y los duros de la banda esa ni siquiera condón usaban. Lo último que supe es que todas menos una ya estaban con sus familias y tratando de mejorar, la otra se suicidó a los tres meses.

Esta es la historia y mi argumento para decir que esa intervención al bronx se necesitaba hace mucho tiempo. Eso pasó hace tres años. Y el discurso de la Bogotá Humana de Petro es una basura, porque ese día vi de todo menos humanidad, pero sí vi a los clientes siendo cuidados y financiados por el Distrito.

Esta mañana leí que alguien decía que en los indigentes se veía la cara de dios. Ese día yo vi de todo menos a dios. Ahora no digan que Peñalosa me pagó por contar la historia, lo hice para que dejen el pajazo mental con el que amanecieron hoy.

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