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El zorro y el Principito.

Por enésima vez, hoy me recitaron una frase de El Principito, una que me cayó mal desde que nos conocimos, cuando yo era niño y ella ya era popular. Puesto que no puedo ir a pisotear la tumba de Saint-Exupéry porque estaría mal visto y me atacaría una pandilla de clones de Justin Biever llamada “Los Principutos”, haré mi queja pública aquí, tan académicamente como se puede ver hasta ahora.



El zorro y el Principito.
–Lo esencial es invisible a los ojos –dijo el zorro al Principito

–.A lo que yo hubiera respondido:

–Claro, boludo… También es inaudible a los oídos.

Efectivamente, lo esencial además es intangible al tacto e inodoro al olfato; incluso es incoloro a la nariz y e insípido al lóbulo frontal derecho. Aunque absurdo, todo esto es verdad… pero eso no es una gran revelación, ¿o sí?

Todo lo invisible es invisible a los ojos. Esa aclaración innecesaria se denomina pleonasmo. Hay toda clase de pleonasmos (“noche oscura”, “salir afuera”, “lapso de tiempo” y “pálido albino” son algunos ejemplos), pero hay que ser demasiado buen poeta para dar con uno que valga la pena.

El humor es invisible a los malhumorados.

No soy el indicado para decir cuándo es “bueno” un pleonasmo, pero creo que debería aportar algo al receptor que despierte un significado emergente inesperado. El caso opuesto, el oxímoron, puede ser muy eficaz en crear este efecto: “un gran enano”, “una lenta prisa”, “una lejanía palpable”, “un futuro pasado”.

El zorro y el Principito.
Lo importante en este primer punto de mi queja es que hubiera bastado con decir “Lo esencial es invisible”. El Principito hubiera asentido y yo me hubiera evitado varias desilusiones, porque, al parecer, ninguno de mis interlocutores jamás reparó en la sospechosa redundancia de la frase, que trata sobre algo tan profundo.

Porque hay muchas definiciones de “esencia”, pero de todas podemos deducir que lo esencial es profundo, en oposición a superficial. Esencia y sustancia son contrapartes de cada cosa con existencia concreta: La esencia del gordo es la gordura, mientras que la sustancia de la gordura es lo gordo; ninguna existe sin la otra.

La liposucción de la esencia del gordo nos deja sólo dos cosas: un montón de grasa y un flaco poco saludable. Y espero que se me disculpe la repugnante imagen, pero eso es lo que “a los ojos” es en esta frase: grasa. No pertenece a la esencia del mensaje, inútilmente confiado a una frase flacucha y grasienta.

En cuanto a ‹‹lo esencial es invisible››, lamentablemente, debo emitir la misma queja: es otro pleonasmo. Vemos con órganos materiales que detectan luz –y la luz es sustancia–, pero lo esencial es insustancial, es por definición siempre invisible… ¡a los ojos! –insistiría Saint-Exupéry, que en un arranque de sobriedad se abstuvo de completar: “a los ojos que ven”–.

La esencia, dicho de otro modo, es lo opuesto de la apariencia. Y, por cierto, la famosa frase “las apariencias engañan” también es pleonasmática, porque aparentar es engañar, ocultar la esencia. Por eso alguien bien corrigió: lo que engaña son los sentidos.

El zorro y el Principito.
Planeta de la percepción

Como los del Principito, nuestros planetas son pequeños, empiezan y terminan entre lo que abarca nuestra percepción. Los esencial hay que pensarlo, imaginarlo; nunca está a la vista en la imagen o la palabra.

Para que quede claro: Si reemplazáramos cada palabra de la frase original por su definición, nos quedaría algo así: Lo que no se puede ver no se puede ver con los órganos para ver.

Esa es la estructura de la frase que tal vez nadie ve porque no había manera más superficial de hablar de lo profundo. Por eso perdurará su sustancia sobre mis quejas.

‹‹Lo esencial es invisible a los ojos›› puede ser muy eficaz para sobrevivir de boca en boca durante milenios y eones, ¡un meme perfecto!, pero su mensaje queda velado por culpa de esa misma capacidad. Lo que es demasiado claro no ilumina, ciega.

Por supuesto, no es un delito ni un pecado; es simplemente superficial, poco poético (literal). Pasa lo mismo con casi todo refrán popular. Si fueran profundos, no serían populares. Si lo viral despertara conciencias, nacería un Buda cada vez que se reprodujera un video de gatitos.

Mientras escribo estas palabras (¿Creíste que me atrapaste? ¡Podría escribir números!), se me ocurre que tal vez la esencia triunfe al final, que quizá cuando el Sol esté engullendo a la Tierra dentro de cinco mil millones de años alguien sonría y comprenda en silencio: Ser o no ser… Eso es poesía.[/font]