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El “Tutankamon americano”: Sipán

El “Tutankamon americano”: Sipán

Entre los grandes hitos arqueológicos, como el hallazgo de la tumba del faraón Tutankamón, existen algunos que, pese a su inestimable importancia, ha tenido poca o nula trascendencia. Tal podría ser el caso del increíble descubrimiento de El Señor de Sipán.

Se trata de un hallazgo sin precedentes en la región andina, acontecido el 21 de julio de 1987, cuando fue descubierta la cámara funeraria de un gran señor Moche, enterrado hace más de 1500 años en una pirámide de adobe.

El arqueólogo Walter Alva dio con los restos funerarios, gracias a una serie de pistas que lo llevaron hasta un pequeño poblado de Sipán, situado a treinta minutos de la capital peruana de Lambayeque. Inmediatamente, tras las precisiones que los lugareños brindaron acerca de la zona en donde se encontrarían las reliquias, un equipo de arqueólogos comenzó las excavaciones.

En primer lugar, dieron con el hallazgo de un impresionante cetro de cobre, cuidadosamente labrado. Posteriormente fue localizado un recinto que albergaba 1200 objetos de cerámica, colocados a modo de ofrenda funeraria. Esto dio paso a la apertura de la cámara funeraria en donde descansaban los restos de un guardián sacrificado y con los pies amputados.

Lo que vino después dejó sin palabras al mundo de la arqueología: la evidencia de un ataúd, hecho con troncos de algarrobo, significó la primera tumba real con un sarcófago hallados en América. No pasaron muchas semanas de trabajo, hasta que los arqueólogos dieron con los primeros ornamentos de oro, correspondientes al ajuar funerario del Señor de Sipán.

En el sepulcro fueron halladas más de 600 joyas, 11 pectorales en su pecho y una diadema de oro de 62 centímetros de ancho por 42 centímetros de alto.