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El socialismo como enfermedad psiquiátrica

El psiquiatra Antonio Vallejo-Nájera, encontró una explicación médica a esta «tara» ideológica.

El coronel Antonio Vallejo Nájera, jefe de los Sevicios Psiquiátricos Militares de Franco, La idea de las íntimas relaciones entre marxismo e inferioridad mental ya la habíamos expuesto anteriormente en otros trabajos La comprobación de nuestras hipótesis tiene enorme trascendencia político social, pues si militan en el marxismo de preferencia psicópatas antisociales, como es nuestra idea, la segregación de estos sujetos desde la infancia, podría liberar a la sociedad de plaga tan terrible». Son palabras del comandante Antonio VallejoNájera, jefe de los Servicios Psiquiátricos Militares, entresacadas del libro La locura en la guerra. Psicopatología de la guerra española, publicado en Valladolid, en el año 1939.

Poco antes de acabar el mes de agosto de 1938, un correo militar entregaba a la Inspección de Campos de Concentración de Prisioneros, ubicada en Burgos, el telegrama postal 1565. Llevaba fecha de 23 de agosto y el remitente era Francisco Franco Bahamonde. El destinatario, el comandante Antonio Vallejo-Nájera, jefe de los Servicios Psiquiátricos Militares.

El texto, según cita Ricard Vinyes, historiador, profesor de la Universidad de Barcelona, y asesor del documental de 30 Minuts, decía así: «En contestación a su escrito del 10 del actual proponiendo la creación de un Gabinete de Investigaciones Psicológicas cuya finalidad primordial será investigar las raíces psicofísicas del marxismo, manifiesto que de conformidad con su mencionada propuesta, autorizo la creación del mismo».

Y el Gabinete comenzó a funcionar. Vallejo-Nájera se convirtió en director de las Investigaciones Psicológicas de los Campos de Concentración.

Su primer trabajo se centró sobre dos grupos de detenidos: brigadistas internacionales y 50 presas malagueñas. Trataba de demostrar, según su artículo publicado en la revista Semana Médica Española, bajo el título Psiquismo del fanatismo Marxista, varias hipótesis.

La primera: «La inferioridad mental de los partidarios de la igualdad social y política o desafectos». La segunda: «La perversidad de los regímenes democráticos favorecedores del resentimiento que promociona a los fracasados sociales con políticas públicas, a diferencia de lo que sucede con los regímenes aristocráticos donde sólo triunfan socialmente los mejores».

Según el historiador Ricard Vinyes, en el ámbito de la personalidad social, Vallejo describía al revolucionario nato como individuo con cualidades biopsíquicas y tendencias instintivas que, «movilizadas por complejos de rencor y resentimiento» tendían a trastocar el orden social.

Para Vallejo, el «imbécil social incluía a esa multitud de seres incultos, torpes, sugestionables, carentes de espontaneidad e iniciativa, que contribuyen a formar parte de la masa gregaria de las gentes anónimas».

INFERIORIDAD

Del análisis de los Brigadistas Internacionales, procedentes todos ellos de países americanos, dedujo que «los marxistas aspiran al comunismo y a la igualdad de clases a causa de su inferioridad, de la que seguramente tienen conciencia. Y por ello se consideran incapaces de prosperar mediante el trabajo y el esfuerzo personal. Si se quiere la igualdad de clases no es por el afán de superarse, sino de que desciendan a su nivel aquellos que poseen un puesto social destacado, sea adquirido o heredado». Por sorprendente que resulte, tras interrogar y examinar a los internacionalistas también señaló: «Acaso sea la conclusión más aprovechable de nuestro trabajo, desde el punto de vista de la educación del pueblo, el elevado porcentaje de marxistas que deben sus creencias a la Prensa revolucionaria, coligiéndose la decisiva influencia de la prensa diaria y del cinematógrafo sobre las gentes de mediana o inferior inteligencia».

Su trabajo entre el grupo de presas malagueñas lo tituló Investigaciones psicológicas en marxistas femeninos delincuentes. Para las mujeres no cabía la consideración de presas políticas; y como presas comunes fueron siempre consideradas en las cárceles franquistas.

La misoginia de Vallejo marca profundamente su análisis y afirma: «Recuérdese para comprender la activísima participación del sexo femenino en la revolución marxista su característica debilidad del equilibrio mental, la menor resistencia a las influencias ambientales, la inseguridad del control sobre la personalidad ( ) Cuando desaparecen los frenos que contienen socialmente a la mujer ( ) entonces se despiertan en el sexo femenino el instinto de crueldad y rebasa todas las posibilidades imaginadas, precisamente por faltarle las inhibiciones inteligentes y lógicas, característica de la crueldad femenina que no queda satisfecha con la ejecución del crimen, sino que aumenta durante su comisión ( ) Además, en las revueltas políticas tienen la ocasión de satisfacer sus apetencias sexuales latentes».

Pero aún iba más allá. Vallejo señalaba en sus conclusiones que en el caso de las mujeres no había realizado el estudio «antropológico del sujeto, necesario para establecer las relaciones entre la figura corporal y el temperamento, que en el sexo femenino carece de finalidad, por la impureza de sus contornos».

HORDA ROJA

Entre las detenidas malagueñas, 33 de ellas estaban condenadas a muerte, 10 a reclusión perpetua y siete a penas entre de 10 y 20 años, Vallejo diagnostica a «13 sujetos» que califica de «libertarias congénitas, revolucionarias natas, que impulsadas por sus tendencias biopsíquicas constitucionales desplegaron intensa actividad sumadas a la horda roja masculina».

Vallejo había estudiado el caso y establecido el diagnóstico: «La Medicina exige una política, el marxismo es una enfermedad y en nuestras manos está en gran parte su tratamiento». Sus conclusiones eran la síntesis de sus trabajos precedentes publicados en 1937, bajo los títulos Eugenesia de la hispanidad y regeneración de la raza. Es allí donde afirma: «Agradezcamos a Nietzsche la resurrección de las ideas espartanas acerca del exterminio de los inferiores orgánicos y psíquicos, de los que llaman parásitos de la sociedad. La sociedad moderna no admite tan crueles postulados en el orden material, pero en el moral no se arredra en llevar a la práctica medidas incruentas que coloquen a los tarados biológicos en condiciones que imposibiliten su reproducción y transmisión a la progenie de las taras que les afectan El medio más sencillo y fácil de segregación consiste en internar en penales, asilos y colonias a los tarados, con separación de sexos».

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