Facebook Twitter RSS Reset

El sangriento origen de los cuentos infantiles

La mayoría de los cuentos infantiles, como el de Caperucita Roja, aparecieron en Plena Edad Media, entre reuniones de campesinos en Europa donde los cuentos eran narrados para toda la familia. Las hambrunas y la mortalidad infantil que en aquellas épocas eran algo relativamente común, servían como inspiración para este tipo de historias que sobrevivieron al paso del tiempo gracias a la tradición oral.El sangriento origen de los cuentos infantiles
Caperucita roja

En una versión francesa de Caperucita roja, después de interrogar a la niña en el bosque y de tomar un atajo a la casa de la abuela, el lobo mata y descuartiza a la anciana sin remordimiento. Las cosas empeoran cuando el villano, fingiendo ser la abuela, ofrece la carne y sangre de la víctima, como si se tratara de vino, para aplacar el hambre de la nieta – que la come y bebe con placer.

Después de llenar el estómago y practicar canibalismo sin saberlo, Caperucita se quita la ropa y la arroja en el fuego a petición del lobo. Pero el contexto de esto no tiene nada de infantil, pues cada vez que la niña le preguntaba qué hacer con la ropa que se quitaba, el lobo respondía: “arrójala en el fuego, mi niña. No la necesitarás más…”

Al acostarse junto al lobo, totalmente desnuda, Caperucita comienza a notar el físico del villano, como si desconfiara de algo. Admirada, la niña empieza a decir: “cuanto vello tienes, abuela”, “que hombros tan grandes” y “que boca tan grande tienes”, entre otros cumplidos a la anatomía del animal.

El sangriento origen de los cuentos infantiles
En el final de esta versión francesa, Caperucita, sintiéndose amenazada, le pide permiso para salir a hacer sus necesidades fuera de la casa. El repugnante lobo le dice que se orine ahí mismo, sobre la cama, pero después permite que la niña salga. Con inteligencia, Caperucita aprovecha el descuido del villano y se escapa.

El escritor francés Charles Perrault fue el primero en plasmar en papel muchos de los cuentos infantiles clásicos, allá por el siglo XVII. Él hizo el final de esta historia más sangriento – con el lobo devorando a la pequeña – e introdujo la famosa moraleja de que “los niños no deben hablar con extraños para no terminar convertidos en comida de lobo”.

En el siglo XIX, los alemanes Jacob y Wilhelm Grimm, los famosos hermanos compiladores de cuentos que hasta entonces solo se transmitían de boca en boca, inventaron la figura del cazador. Al final de la historia, éste aparece y salva el pellejo de Caperucita y de la abuela despanzurrando al lobo con unas tijeras de esquileo.

No comments yet.

Leave a Comment