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El Sacro Imperio Romano Germánico

El Sacro Imperio Romano Germánico

El Sacro Imperio Romano Germánico

El Sacro Imperio Romano Germánico tuvo su origen en el reino de Germania, un de las tras partes que fue dividido el Imperio Carolingio.

El tratado de Verdún dividió al Imperio Carolingio en tres reinos: Germania, Francia y Lotaringia. De estos reinos, el que logró sostener con mayor vigor la autoridad real fue el de Germania. Sin embargo, algunos grandes duques dominaban el país.

Uno de ellos fue Enrique el Pajarero, duque de Sajonia, fue elegido rey en el año 918 e intento afianzar su poder en oposición a los grandes duques. En aquel entonces, Germania estaba amenazada por las constantes invasiones de los normandos, húngaros y eslavos. Éstos últimos provenían, al igual que los húngaros de Europa Oriental.

Éste fue el reino que el año 936 heredó Otón I, hijo de Enrique el Pajarero. A diferencia de los últimos carolíngios en Francia, Otón I defendió su reino de las invasiones y detuvo las ambiciones de la nobleza.

Por esta razón, en el año 962 Otón fue proclamado emperador. De esta manera nació el Sacro Imperio Romano Germánico, cuya larga vida recién concluyo en 1806. Este imperio, que fue un nuevo intento por reconstruir el Imperio Romano de Occidente y que tuvo en Carlomagno un gran inspirador, se transformó en la principal potencia de Europa.

A esta reconstrucción se le añadió el título de sacro o santo, porque se trató de un imperio cristiano que hizo renacer la idea de unidad de la cristiandad. Se le llamo, además, germánico, porque su base fue el reino de Germania. Este imperio fue el estado territorial más grande de Europa medieval. A lo largo de su historia fue gobernado por cuatro dinastías: la Sajonia, la Franconia, los Hohenstaufen y los Habsburgos.

El Sacro Imperio Romano Germánico

Mapa sacro imperio romano-germánico

Historia

Según la leyenda de San Silvestre, Constantino habría arrojado las insignias imperiales, siendo recogidas por el Papa y quedando depositadas, en teoría, en las manos del Pontífice, de manera que, en consecuencia, éste podía otorgarlas a quien considerara digno de las mismas.

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Constantino I

La desintegración del Imperio Carolingio

Tras la muerte de Carlomagno en el año 814, el poder del emperador disminuyó de manera repentina: la creciente independencia de los nobles, la gran extensión de los territorios, la dificultad de las comunicaciones y las particularidades regionales atentaron contra la estabilidad del Imperio Carolingio.

Los condes y marqueses convirtieron sus cargos en hereditarios y buscaron desligarse de los monarcas. Por eso, el hijo de Carlomagno, Ludovico Pío, reinó en medio de violentos conflictos con la nobleza.

Tratado de Verdum

A la muerte de Ludovico, sus tres hijos, Lotario, Luis el Germánico y Carlos el Calvo se repartieron el territorio en el Tratato de Verdún (843). A través de este pacto el imperio se fragmentó en tres reinos:

Carlos el Calvo recibió la Francia occidental que corresponde, aproximadamente, a la actual Francia.

Luis el Germánico obtuvo Francia oriental o Germania equivalente a la Alemania actual.

Lotario adquirió el título de emperador y los territorios situados entre los de hermanos, que se conocieron como Lotaringia: los Países Bajos, Alsacia, Suiza e Italia.

Este tratado ratificó la progresiva desintegración del imperio soñado por Carlomagno. Además, una serie de episodios contribuyeron a acelerar la decadencia del imperio: las invasiones de pueblos bárbaros, normandos, sarracenos y húngaros. Estos episodios, sumados al creciente poder de la nobleza, acarrearon el debilitamiento de la monarquía, más notorio durante el siglo XI.

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Formación

El proceso de formacion del Sacro Imperio Romano Germanico esta asociado con la politica de centralizacion en la region. Oton I fue electo emperador en el año 936 y durante su reinado comando los ejercitos que derrotaron a los hungaros , garantizandose asi prestigio e gran influencia, en su relacion con los nobles alemanes y con la Iglesia Católica, a la cual defendia, despues de que fuera nombrado sagrado emperador por el Papa en el año 962. Es asi como nacio el Sacro Imperio Romano Germanico.

El Imperio de Otón I

Al asumir Otón el trono en el año 936, su principal objetivo fue convertir a los nobles en funcionarios leales al rey. Sin embargo, muy pronto este monarca tuvo que enfrentarse a las revueltas que protagonizaron todos los duques del reino, desafiando su autoridad.

Otón controló estas insurrecciones, pero quedó convencido de que no podía contar con los duques para consolidar su poder. Entonces, encontró en la Iglesia una aliada poderosa contra la nobleza alemana.

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Oton I

El apoyo de la Iglesia al Sacro Imperio Romano Germánico

Los obispos se hallaban en luchas contra los duques que pretendían arrebatarles sus tierras. Otón salió en su defensa, les prestó ayuda militar y dinero, y ademas, les otorgó más tierras. A cambio de ello, la Iglesia debía ayudarlo en la administración del reino y del ejercito.

De esta manera, los obispos se convirtieron en funcionarios del estado. Por ello fueron frecuentemente representados con un báculo, símbolo de su poder religioso, y a la vez con una espada, que representaba su poder terrenal.

Gracias al apoyo que el brindó la Iglesia. Otón venció a los húngaros en la batalla de Lech (955); frenó las invasiones de los normandos y de los eslavos y mantuvo su reino en paz.

El año 961, Otón I acudió al llamado del Papa Juan XII, amenazado por el rey italiano Berengario II. Al frente de un magnífico ejército, cruzó los Alpes, mientras Berengario huía, y se nombró rey de Italia.

El año 962, Oton I fue proclamado emperador por el Papa. Otón reconoció la legitimidad del poder papal. Sin embargo se adjudicó el derecho de nombrar al Sumo Pontífice y, además, de intervenir en la elección de todos los obispos. De ahí en adelante, el destino de la Iglesia estuvo unido al de los emperadores germanos.

Otón I pasó en Italia los últimos años de su vida. Tres veces dirigió expediciones al sur de Italia: contra los musulmanes y contra los propios bizantinos. Al morir, en el año 973, lo sucedió su hijo.

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batalla de Lech

El Sacro Imperio Romano-Germánico y la pugna con el Papado

Sin embargo, este traslado de la dignidad imperial a Alemania no iba a evitar la pugna entre el poder laico y el eclesiástico, sino que, por el contrario, iba a dar pie a algunos de los más notables episodios de este enfrentamiento de la Historia de Europa. Sin duda, uno de los más conocidos será la Querella de las Investiduras, protagonizada por Enrique IV de Sajonia (1056 – 1106),

El «Dictatus papae» de Gregorio VII en 1.075, por el que se defendía la primacía del pontificado sobre el poder imperial, llevó a una guerra civil en territorio alemán.

Se había planteado la querella de las Investiduras, durante la cual se produjo el nombramiento de antirreyes por parte del papa y de antipapas por parte de Enrique IV (1.056-.1106), en una descalificación mutua.

La solución se obtuvo con la elección del papa Calixto II y la firma del Concordato de Worms en 1.122, por el que el emperador renunciaba a la elección directa de los obispos y abades, pero supervisaba la limpieza de su ejecución. Además el emperador era el que debía entregar los poderes terrenales.

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Gregorio VII y Enrique IV

Federico I Barbarroja

Federico I Barbarroja. (c.1123-1190) Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico fue desde 1147 duque de Suabia con el nombre de Federico III; desde 1152 Rey de los Romanos y a partir de 1155 emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.

El reinado de Barbarroja representó el apogeo del Sacro Imperio Romano Germánico, el primero que le dio ese nombre. Responsable de afianzar el poder imperial tanto dentro de Alemania como en el norte de Italia, cuyas ciudades-estado se habían hecho independientes. Introdujo un cuerpo legislativo unificado, acudiendo de nuevo al derecho romano. Fue un referente para los nacionalistas alemanes que pretendían reunificar el país bajo un poder fuerte, como el del emperador.

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Federico I Barbarroja

Después de la Paz de Westfalia

Tras la Paz de Westfalia de 1648, empezó el declive del Imperio. Supuso la pérdida de la mayor parte del poder real del emperador y una mayor autonomía de los 350 Estados resultantes, permitiendo incluso la formación de alianzas con otros Estados de forma independiente; se agruparon en torno a los grandes Estados europeos con los que tenían identidad religiosa e influencia política, de manera que los Estados católicos del sur se agruparon en torno a Austria-Hungría, los luteranos del norte junto a Brandeburgo (integrante del futuro Reino de Prusia) y el Imperio Sueco, y los del oeste, predominantemente calvinistas, ingresaron a la órbita de influencia de las Provincias Unidas y del Reino de Francia. A todos los efectos, el Sacro Imperio Romano pasó a ser una confederación de Estados de difícil cohesión y rivales entre sí.

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El imperio después de la Paz de Westfalia, 1648.

La implosión del Imperio

A la muerte de Carlos VI de Alemania (1711-1740), el Imperio se vio sacudido por una serie de crisis que pusieron en evidencia su decadencia final. El surgimiento de Prusia bajo el reinado de Federico II el Grande y las sucesivas guerras, Sucesión Austriaca y de los Siete Años, serían las más importantes. Desde hacía tiempo que la suerte del Sacro Imperio estaba asociada a la situación del Imperio austríaco, de su casa reinante, los Habsburgo, y de la postura que asumieran los demás cuerpos políticos del imperio frente a ésta, que a pesar de su preeminencia sobre las demás casas reales del imperio vería mermado su poder por las rivalidades que mantendría con otras potencias, como Francia, el Imperio Ruso, Prusia (la otra potencia germana emergente e integrante del Sacro Imperio) e incluso con el Imperio Británico, debido a tentativas de los Habsburgo de extender su influencia sobre los mares dominados por aquel tras la decadencia naval de España, las Provincias Unidas y Portugal.

Finalmente, el 6 de agosto de 1806 el Imperio desaparecería formalmente cuando su último emperador Francisco II (desde 1804 emperador Francisco I de Austria), a consecuencia de la derrota militar a manos del ejército francés de Napoleón Bonaparte, decretó la supresión del Sacro Imperio con la clara intención de impedir que Napoleón se apropiara del título y la legitimidad histórica que éste conllevaba. Los sucesores de Francisco II continuaron titulándose emperadores de Austria hasta 1918.

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