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El rector de la primera universidad porno

El rector de la primera universidad porno

La estrella Rocco Siffredi no sólo se ha hecho famoso por sus 24 centímetros y sus más de 300 películas: ahora prepara nuevos sementales en su universidad

El rector de la primera universidad porno

Primera clase. Los estudiantes deben aprender sobre interpretación y concentración. La herramienta para el ejercicio práctico: un karaoke y la ayuda de una morena con cara de hacer daños. La brunette, como se clasifica a éste tipo de mujer en la industria del porno, entra al salón, armada de un corsé rojo, una falda ínfima de can can y tacones como andamios. La escena es más seria de lo que parece por el grado de dificultad de la instrucción. Explicado por el creador de la primera Universidad del Porno en el mundo es que “Mientras recibe una felación, el aprendiz debe cantar y ser capaz de levantar la pinga al mismo tiempo”.

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El decano de la Siffredi Hard Academy no podía ser otro que el hombre que ha tenido sexo con al menos cuatro mil mujeres. Rocco Tano, conocido como Rocco Siffredi, nombre artístico que tomó de un gánster de una película italiana. En el 2006 decidió abandonar su papel de porn star y la determinación fuera de los sets triple x sólo le duró cuatro años, los que describe como los peores de su vida. Detrás de cámaras se siente frustrado, por lo que regresó a lo que él llama el “Rocco style” y recargado pues ahora produce y dirige películas para adultos de gran presupuesto. El `semental italiano´ si supo aprovechar lo que dictan estudios que revelan que nueve de cada diez hombres, y una de cada tres mujeres usan pornografía.

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Dos de los aspirantes al particular centro de formación que lograron superar todos los filtros , tres mil audiciones virtuales, y los casting a cien personas, llegaron a la nada común aula de clases-un estudio inmenso en Budapest con luces, cámaras, micrófonos, juguetes y máquinas sexuales por doquier-donde Rocco, ha grabado sus mejores películas. Los estudiantes, que llegaron con una sola clara intención, no se toparon de entrada con exuberantes mujeres de ropa ligera y mucho encaje. Más bien un grupo, con prevalencia de hombres, uniformados y sentados como niños aplicados en cajones de madera atendiendo a su profesor. A los pocos minutos de la clase teórica de Siffredi, abandonaron los estudios porque “pensaron que la U era solo para follar” se queja el maestro. Quedaron 14 hombres y 7 mujeres que luego tuvieron que aplicar de manera explícita las lecciones. Los desertores se lo perdieron.

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El divo del porno encontró en el negocio del sexo la manera de desfogar el ímpetu sexual que sintió desde niño. A los diez años practicaba el amor propio diez veces al día y no entendía como sus amigos, de su misma edad, eran felices solo escuchando partidos de fútbol por la radio. Nació en Ortona, una población muy tradicional de Italia, enmarcada por la cultura de la iglesia, donde todo era concebido como pecado. Era monaguillo en la iglesia de San Giuseppe, y su mamá Carmela, ilusionada, pensaba que sería cura. Con una población de veinte mil habitantes no había muchas mujeres para escoger. Si lo hacía con más de dos lo llamaban puerco o maniaco sexual. Como una premisa perdió su virginidad a los 13 años con una mujer de 25, el mismo día en que se estrenó en 1977, en la sala Majestic de Milán, Garganta profunda, la película pornográfica gringa más exitosa e influyente de todos los tiempos.

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Trabajó en un barco, fue salvavidas y mesero, pero en su cabeza sólo cabía la palabra de cuatro letras: sexo. Por eso escogió la profesión, muy a pesar de sus cercanos que le dijeron que jamás volverían a hablarle. Dice que hubiera pagado por hacerlo. A los 20 años pisó por primera vez un set de grabación en Francia y se sintió en el paraíso. Años después la fama lo obligó a huir de ese país hacia Hungría. Lo asediaban los seguidores. No podía pasear, ni volar en Air France, ni pasar unas vacaciones en el Club Med con los niños. Una vez se le ocurrió y dice que los dos mil huéspedes pasaron a tomarse la foto con Rocco, que había sido imagen para una marca francesa de condones.

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Su motivación para hacerse profesional de la pornografía no fue lo lucrativo del trabajo, a pesar que nació en una familia humilde. Se metió para tener sexo y hoy cree que nació para ello. Rocco no es el fenómeno de la familia. Su padre, Gennaro, quien es su principal fan, se la pasaba buscando consumar cuando trabajaba como empleado de obras públicas en el Ayuntamiento en Italia, sus cinco hermanos tienen el mismo problema y las que sufren son las esposas.

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Siffredi se convirtió en el rey del porno. La antonomasia no es un capricho. Un actor que ostenta 24 centímetros, que es capaz de tener erecciones de ocho horas sin parar, como la vez que grabó una escena de una orgía, o la ocasión que del puro esfuerzo tuvo un orgasmo mezclado con un infarto. Rocco es una caja registradora ambulante, directores y actrices se lo pelean no por el tamaño de lo que luce en cámaras, hay quien lo supera, es más bien porque dicen que es todo un profesional, jamás ha fallado en el plató y jura no usar estimulantes artificiales. Lo describen como un tipo de fiar, educado, con mucha cabeza. No fuma, no bebe y no sale de noche. Antes de cada película, asegura su herramienta de trabajo por 600 mil euros tras un peritaje en la Lloyd’s de Londres, un mercado de seguros británico. No quiere más accidentes, ya sufrió por un mordisco apasionado de una actriz y la picadura de una avispa en pleno rodaje campestre.

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Siffredi le debe su vida al porno porque es el que más vende y el más premiado, además le debe a ese mundo, su familia. Lleva más de veinte años casado con Rosa Caacciolo, una húngara que conoció entregando publicidad en un festival erótico en Cannes. Ella no es actriz porno, sólo ha hecho algunas películas con él, pero es la esposa ideal. No lo cela, no hace reclamos y jamás le ha pedido que deje el oficio, por el contrario lo apoya, se echó con su esposo al hombro el reto de la enseñanza. Sin embargo, Rocco llegó a sentirse muchas veces culpable cuando llegaba a casa después de haberse acostado con varias mujeres en un solo día durante alguna producción. Pregona nunca haberle sido infiel. Tiene dos hijos de 16 y 20 años a quienes no les ocultó su profesión.

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En su Universidad del Porno, el italian lover, instruye a quienes se quieren dedicar a la industria más lucrativa del mundo en los diferentes roles y también a los que quieren aplicarlo en casa con su pareja. No hay un título específico para los graduandos, el diploma para los inscritos es aprender del mejor en el campo. El pensum de estudio incluye posiciones frente a la cámara, actitud en las diferentes escenas: dominación, sadomasoquismo, orgías, tríos y todas las posibles escenas. Rocco entrega sus secretos de autocontrol, concentración, sobre el orgasmo femenino, cómo manejar situaciones con actrices que personifican una teeny, la milf, la cougar, etc, que son algunos de los géneros del porno. Con los estudiantes ya grabó dos películas y alista una tercera, las sesiones menos explícitas se trasmitirán como un reality por la televisión italiana. Seguirá abriendo cursos y aspira brindar la opción de estudio a distancia. Rocco hizo realidad lo que soñaba desde el 2004: pasar a otros, de manera profesional lo que su instinto y treinta años de carrera le han enseñado.

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