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El porteño es pecho frio

Por delante estaba Brasil, por la tercera fecha, en noviembre, y no se podían hacer muchas modificaciones porque el clásico es el duelo que más logística demanda en materia de acreditaciones, sponsors y protocolo. Pero la AFA prometió cambios en 2016. Córdoba y Mendoza son las únicas plazas posibles que reúnen las comodidades que demanda el espectáculo-negocio. La Plata también, pero a efectos de ambientación. es la misma historia que Capital y alrededores. El problema no es River; sería igual en Vélez o Boca. El tema es la atmósfera que rodea al seleccionado en Buenos Aires.

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Lionel Messi, que no jugó aquellas dos primeras jornadas como local rumbo a Rusia 2018, estuvo de acuerdo con sus compañeros. Los jugadores no confesarán públicamente su descontento porque resultaría antipático. Pero siempre alguna voz externa confirma lo que los protagonistas directos niegan o saltean. “El Tata me dijo que el partido se juega en Córdoba porque en Buenos Aires no tenían el apoyo necesario para incentivar a sus jugadores de la mejor manera”, blanqueó Julio César Baldivieso, el DT de Bolivia. Martino no se hizo el distraído y asumió el liderazgo: “En el interior hay más hinchas de la selección. Se acerca a la gente cuando va allá. En Córdoba veo un estadio lleno de hinchas de Argentina”.

Martino valora especialmente al público, porque siente que son exclusivamente ellos los que construyen las emociones cuando los futbolistas visten el escudo. En este caso, el de un país futbolero. “Los que pasamos por el fútbol creemos que la recompensa sólo está en los títulos y en el dinero, lo que es cierto, pero hay un tercer elemento, de un valor incalculable: la capacidad de generar emociones que establezcan un vínculo entre el equipo y la gente. Si uno ganara títulos y no pudiera disfrutar de ese puente, este oficio no valdría la pena”, reflexionaba alguna vez Bielsa. Y Martino comparte el análisis.

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El plantel buscará cobijo popular, porque cree que la confianza futbolística también brota de la calidez del público. Sienten que son una generación que ha sufrido bastante destrato, aunque varios hayan ganado títulos juveniles, olímpicos y también hayan colaborado para alcanzar las finales de Brasil 2014 y Chile 2015. Insuficiente. Mientras otras selecciones sudamericanas eligen la complicidad de la altura, el clima o el horario, ahora la Argentina buscará en Córdoba un refugio emocional. Y lo encontrará, como en 2012 cuando explotó el Kempes en la victoria 3-1 ante Paraguay. El marcó está asegurado: el 4 de marzo se agotaron en horas las 22.000 populares que se pusieron a la venta. Días antes habían volado las plateas. Mañana por la noche el Kempes vibrará con 57.000 espectadores.

 Son 35 los partidos que jugó la selección en el interior en los últimos 25 años: ganó 25, empató 8 y sólo perdió 2.

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La AFA también confirmó la nueva tendencia, lejos de Buenos Aires. En un comunicados sobre la evaluación del césped del estadio Kempes, explicó: “Esta positiva e irrenunciable idea de presentar a la selección argentina en el interior de nuestro país continuará, pues ese es el espíritu de los dirigentes de esta casa”.

¿Qué otros partidos como local habrá este año? Tras un prolongado paréntesis por la Copa América y los Juegos Olímpicos, las eliminatorias regresarán en septiembre, cuando la selección reciba a Uruguay. En octubre vendrá Paraguay y en noviembre cerrará Colombia. ¿Las sedes alternativas? Al margen del tema del césped, siempre figurará Córdoba. Y Mendoza, sin dudas. En los pasillos de AFA también se mencionó a San Juan, Salta y Tucumán, pero requieren de una logística más compleja.

En Buenos Aires ocurre un fenómeno muy especial: el futbolero no acompaña a la selección. Y no es un destrato puntual con el equipo de Martino, es una distancia que suma décadas. Sucedió con Sabella, Batista, Maradona. Quizá la última que despertó el interés del público fue la de Bielsa. Pero nunca en los niveles del equipo de todos los domingos. Para el porteño y sus alrededores, primero está el club. En la Capital no hay compromiso con la selección.

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Ya no es cuestión de estilos ni de resultados, simplemente el hincha de la tribuna le da la espalda. Entonces aparece un espectador satelital, como si tuviera el control remoto en el sillón del living. Es el público de la hinchada bullanguera, el que desempolva el setentoso “vamos vamos

El porteño es pecho frioFuentes de Informacion : Taringa.net

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