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El poema más bello que he leído

Estoy seguro de que muchos de ustedes no conocen a Kipling, y no es raro, ya que es uno de esos buenos y clásicos autores borrados por la ola de posmodernidad que arrasó con el arte en el siglo XX. Sin embargo, estoy más seguro aún de que conocen, al menos, uno de sus cuentos. Me refiero a El libro de la selva, la maravillosa historia que luego popularizaría Disney:

El poema más bello que he leído

En cualquier caso, les dejo este maravilloso poema (el más hermoso que leí) que él escribió para su hijo, y que tiene inmediatas consecuencias morales. ¿Por qué digo esto? Siempre que me deprimo por algún motivo, recuerdo esta linea “Si puedes apilar todas tus ganancias, y arriesgarlas a una sola jugada; y perder, y empezar de nuevo desde el principio, y nunca decir ni una palabra sobre tu pérdida…”, e inmediatamente recobro todas las fuerzas, ¿por qué? Porque el poema termina así “¡serás un Hombre, hijo mío!”. Y yo quiero ser un Hombre.

Los que sepan inglés lo van a disfrutar mucho más en inglés (con la tonalidad y las rimas), en español, obviamente, se pierde la literatura, pero no el mensaje. La versión se la agradezco a @APODADOYO , que la dejó en los comentarios, y es muy superior a la que circula en Wikipedia. Disfruten.

El poema más bello que he leído
If

If you can keep your head when all about you

Are losing theirs and blaming it on you;

If you can trust yourself when all men doubt you,

But make allowance for their doubting too;

If you can wait and not be tired by waiting,

Or, being lied about, don’t deal in lies,

Or, being hated, don’t give way to hating,

And yet don’t look too good, nor talk too wise;

If you can dream—and not make dreams your master;

If you can think—and not make thoughts your aim;

If you can meet with triumph and disaster

And treat those two imposters just the same;

If you can bear to hear the truth you’ve spoken

Twisted by knaves to make a trap for fools,

Or watch the things you gave your life to broken,

And stoop and build ’em up with wornout tools;

If you can make one heap of all your winnings

And risk it on one turn of pitch-and-toss,

And lose, and start again at your beginnings

And never breathe a word about your loss;

If you can force your heart and nerve and sinew

To serve your turn long after they are gone,

And so hold on when there is nothing in you

Except the Will which says to them: “Hold on”;

If you can talk with crowds and keep your virtue,

Or walk with kings—nor lose the common touch;

If neither foes nor loving friends can hurt you;

If all men count with you, but none too much;

If you can fill the unforgiving minute

With sixty seconds’ worth of distance run

Yours is the Earth and everything that’s in it,

And—which is more—you’ll be a Man my son!

Si…

Si puedes conservar tu cabeza, cuando a tu alrededor

todos la pierden y te cubren de reproches.

Si puedes tener fe en ti mismo cuando duden de ti

los demás hombres, y ser indulgente para su duda.

Si puedes esperar y no sentirte cansado por la espera.

Si puedes – siendo blanco de falsedades – no caer en

mentira, y si eres odiado, no devolver el odio;

¡sin que te creas, por eso, ni demasiado bueno

ni demasiado cuerdo!

Si puedes soñar, sin que los sueños imperiosamente

te dominen.

Si puedes pensar, sin que los pensamientos sean

tu objetivo único.

Si puedes encararte con el Triunfo y el Desastre,

y tratar de la misma manera a esos dos impostores.

Si puedes aguantar que a la verdad por ti expuesta,

la veas retorcida por los pícaros, para convertirla

en lazos de los tontos; o contemplar que las cosas

a las que diste tu vida se han deshecho,

y agacharte y construirlas de nuevo, aunque sea

con gastados instrumentos.

Si eres capaz de juntar, en un solo haz, todos

tus triunfos y ganancias, y arriesgarlos, a cara o cruz,

en una sola vuelta, y si perdieras, empezar otra vez,

como cuando empezaste, y nunca más exhalar una palabra

sobre la pérdida sufrida.


Si puedes obligar a tu corazón, a tus fibras y a tus nervios,

a que te obedezcan aún después de haber desfallecido,

y que así se mantengan, hasta que en ti no haya

otra cosa que la voluntad gritando:

“¡Persistid, es la orden!”.

Si puedes hablar con multitudes y conservar tu virtud,

o alternar con reyes y no perder tus comunes rasgos.

Si nadie, ni enemigos ni amantes amigos,

puede causarte daño.

Si todos los hombres pueden contar contigo,

pero ninguno demasiado.

Si eres capaz de llenar el inexorable minuto,

con el valor de los sesenta segundos de la distancia final;

Tuya será la tierra y cuanto ella contenga y

– lo que vale más – ¡serás un Hombre, hijo mío!

Rudyard Kipling

(Bombay, 30 de diciembre de 1865

Londres, 18 de enero de 1936)

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