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El poder de las las lagrimas

Dentro de las diferentes emociones que podemos conocer en nuestras vidas el sentimiento de felicidad es el más buscado mientras que el de la tristeza es el más evitado. Nuestra seguridad, confianza y las posibilidades de éxito dependen en parte de que podamos trasmitir esas sensaciones de felicidad a nuestro alrededor.

Por esta razón las personas se dedican más tiempo a intentar buscar y mostrar estas emociones que a mostrar las de tristeza aunque no tenga que ver con la realidad interior que estamos viviendo.

La típica pregunta formal que nos hacemos cuando nos encontramos con alguien ¿como estás? casi siempre tiene como respuesta la misma, ponemos una sonrisa en nuestra cara y decimos…”bien” o incluso un “muy bien”. Posiblemente la realidad interior sea muy diferentes pero hay una necesidad de no mostrar debilidades y la tristeza se ha tratado siempre como un signo de debilidad y uno de sus síntomas que son las lágrimas como una expresión física de esa debilidad que abre las puertas de la vulnerabilidad ante el resto de personas.

La realidad es que, aunque la tristeza y sus expresiones como las lágrimas, la cara triste, etc, a la larga no son algo bueno para nosotros pues ya se cae en depresiones y demás problemas psicológicos y emocionales que van a perjudicar nuestra vida y la de los demos.

Pero esto no quita que haya un efecto terapéutico en nuestro interior cuando conseguimos quitarnos las barreras que nos impiden que las lágrimas fluyan en un momento determinado.

No podemos seguir la corriente que en esta sociedad se ha formado en lo que a la tristeza y las lágrimas se refiere. Son sentimientos humanos que debemos de saber expresar sin que por ello influya en nuestra calidad de vida o en nuestra eficacia dentro de esta sociedad.

Lo curioso es que las personas que son capaces de expresar sus estados de tristeza de llorar incluso en público en momentos determinados son más equilibradas emocionalmente. Es fácil pensar que si una persona está siempre del lado de la alegría y la felicidad de forma forzada y no real se puede crear y se crea un desequilibrio. Eso es obvio, mientras que por el contrario las personas que expresan sus sentimientos en ambos lados pueden encontrar el equilibrio de forma más sencilla.

Un equilibrio emocional que a su vez va a influir de forma notable en el sentimiento de felicidad real.

Se trata de no reprimir las emociones. Una represión que tarde o temprano va a explotar por algún lado en forma de depresión, ansiedad, etc. El ser una persona fría y que no expresa sus emociones tiene un elevado coste para nuestra salud, no solo física sino también psicológica. Esta represión está ligada al desarrollo de enfermedades de tipo cardíaco, asma, etc.

Las lágrimas alivian el estrés, la ansiedad, la tristeza, el dolor. Eso lo hemos podido experimentar cuando ya no hemos podido más y hemos roto a llorar, un alivio casi instantáneo que nos consuela, un sinceramiento con nosotros mismos en primer lugar y con las personas que nos rodean en segundo lugar.

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