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El Inefable Motor Agua

Si bien mucho se ha hablado ya de los famosos y nunca bien ponderados motores a agua, continúan surgiendo una y otra vez noticias de sagaces y geniales inventores que se promocionan como los hacedores de un milagro de proporciones faraónicas, milagro que, para decepción de muchos y desgracia de otros, no es tal.

Lamentablemente estas noticias continúan apareciendo debido a varios factores, entre los que se encuentran la tendencia de los medios a publicar cualquier cosa con tal de vender, la escasa o nula preparación de sus periodistas – necesaria para analizar estos temas – y el escaso nivel de pansamiento crítico entre el público en general que contribuye inocentemente a difundir estos fraudes. Y es así, señoras y señores; los motores a agua son y han sido, en el mejor de los casos, charlatanerías de personajes que buscan notoriedad. En el peor de los casos constituyen vergonzosas estafas que, afortunadamente, han alcanzado cierto nivel de conocimiento público (aunque no en toda la dimensión que deberían, tristemente).

Los motores a agua son, como su nombre indica parcialmente, ni más ni menos que motores de combustión interna del tipo Otto o Diesel que, modificados de algún modo y con ciertos aditamentos externos, funcionarían enteramente con agua. Sí, señoras y señores, con agua común y silvestre, agua del grifo, del mar, del río y hasta de la más putrefacta charca.

Hasta aquí, esto suena a maravilla de maravillas. ¿A quién no le gustaría llenar el depósito de su automóvil o motocicleta con este baratísimo y tan abundante líquido y recorrer el millares de kilómetros gastando centavos?

Pero, como en toda fábula, hay una trampa: los motores a agua son falsos, máquinas hipotéticas solo existentes en la imaginación y que no pueden funcionar bajo ningún concepto.

Estos motores han nacido de una loca elucubración basada en un hecho por todos conocido: el agua está constituída por hidrógeno y oxígeno, siendo el primero un poderoso combustible y el segundo el comburente con el cual se realiza la combustión.

El caso es que estos motores pretenden funcionar usando la energía eléctrica generada por el alternador del vehículo para producir una reacción de electrólisis en un depósito que contiene agua, a veces en solución con alguna sal, álcali o ácido para facilitar la reacción. Una vez obtenidos el hidrógeno y oxígeno del agua, se los inyecta al motor dentro del cual se los combustiona, resultando en el movimiento y erogación de potencia del mismo (siempre hipotéticamente hablando).

El Inefable Motor Agua

Desde luego, esto no solo parece plausible sino totalmente práctico y por demás sencillo de realizar. Cabe preguntarse porqué, de ser así, las calles, rutas y autopistas no están atiborradas de vehículos que funcionan con esta tecnología. Yendo más lejos, es sorprendente que las industrias, las empresas generadoras de energía eléctrica, las aerolíneas, las compañías marítimas e incluso las fuerzas armadas no usen este tipo de desarrollo para funcionar y operar, ahorrándose miles de millones en el proceso y, por añadidura, emitiendo una cantidad nula de contaminación, ya que el resultado de la combustión de hidrógeno y oxígeno es ni más ni menos que… agua (en forma de vapor, por supuesto).

Pero a veces las cosas no son tan sencillas y obvias como parecen, y esto muchas veces se debe a que la Naturaleza y sus tan odiadas leyes (las leyes de la Física) nos imponen límites, peajes y condiciones, y la electrólisis no es la excepción.

La molécula de agua (H2O) es una de las más estables que se hallan en la Naturaleza; romperla para separarla en sus componentes (dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno) requiere aplicar energía, que es justamente el objeto de la electrólisis: proveer a la molécula de la energía necesaria para romper los enlaces químicos entre el hidrógeno y oxígeno.

Cuando se rompen (por electrólisis u otro medio) las moléculas de agua se obtiene:

El Inefable Motor Agua

Es decir que dos moléculas de agua se disocian para formar dos moléculas de hidrógeno (H2) y una de Oxígeno (O2).

Este proceso requiere idealmente de 237kJ (kilo Joules, miles de Joules) de energía por cada mol de agua que se pretende disociar en sus constituyentes, o sea que esa es la energía necesaria para disociar 18 gramos de agua (1 mol de agua) lo cual equivale a . Esto es solo válido en un caso ideal, ya que en la realidad se requieren no menos de 287kJ por mol de agua a menos que se adicione una fuente de calor.

Por otra parte, la entalpía por combustión del hidrógeno es de -286kJ por mol, quemándose con oxígeno en la reacción 2 H2(g) + O2(g) → 2 H2O(l) + 572 kJ (286 kJ/mol). Dicho de otro modo, dos moles de hidrógeno molecular (H2) se combinan con un mol de oxígeno molecular (O2) para formar dos moles de agua más 572kJ de energía, o sea 286kJ producidos por cada mol de agua.

El Inefable Motor Agua

De esto se desprende que, si producimos hidrógeno gastando 286kJ por mol de agua y la combustión de ese hidrógeno nos da 286kJ de energía que necesitamos para sostener la electrólisis, no queda energía para mover el vehículo ni para alimentar otras funciones del mismo, es decir que esto no funciona. Pero la realidad es aún más sombría: dado que todas las partes involucradas (motor, alternador y la misma electrólisis) tienen eficiencias inferiores al 100%, de esos hipotéticos 286kJ térmicos resultantes de la combustión en el motor solo una fracción estaría disponible para mantener la electrólisis. Si tenemos en cuenta, por ejemplo, que el motor Otto tiene un rendimiento aproximado del 30% y que el del alternador ronda el 80%, tenemos que de esos 286kJ quedarían disponibles para la electrólisis menos de 70kJ, y sin tener en cuenta que la propia electrólisis tiene una eficiencia típica del 50%, lo cual empeora aún más las cosas.

En base a lo explicado en el párrafo anterior queda claro que este sistema no puede funcionar de ningún modo, y que se trata de un hipotético móvil perpetuo debido a que se lo que se pretende es un ciclo energético cerrado, en el que la energía debería recircular, hacerlo sin pérdida alguna y, por añadidura, debería poder ser creada en algún punto del circuito.

El Inefable Motor Agua

Si bien no parece evidente que un pretendido motor a agua constituye un móvil perpétuo, basta para darse cuenta que este supone introducir agua (como combustible) y obtener – luego de todo el proceso – agua más energía, algo que podríamos graficar con una acuación del tipo A = A + B donde B > 0. Inverosímil, ¿verdad?

Si con lo anteriormente expuesto no queda en evidencia que los alegados motores a agua son una farsa, podemos también remitirnos a las disparatadas afirmaciones que sus promotores suelen lanzar:

Recientemente, surgió la noticia sobre un brasileño que dice haber construído una moto que, valiéndose de solo 1 litro de agua puede recorrer nada menos que 500Km. Si tenemos en cuenta que en un litro de agua solo hay 111 gramos de hidrógeno, el tufillo a charlatanería se hace insoportable. Muchos se preguntarán porqué esa cantidad de hidrógeno no sería suficiente para semejante proeza, alegando que ese combustible libera mucha más energía que la gasolina. Pues bien. Resulta que cada kilogramo (masa) de hidrógeno se quema liberando aproximadamente 32kWh (kilowatts hora) de energía, lo que significa que 111 gramos serán capaces de producir poco más de la décima parte de ese valor (unos 3,5kWh), mientras un litro de gasolina (cuya masa es de unos 800gramos) es capaz de entregar, también por combustión, entre 9kWh y 10kWh. Obviamente, si con un litro de gasolina (10kWh) la moto no es capaz de recorrer 500km, mucho menos podría con los 111 gramos de hidrógeno que proveerían prácticamente la tercera parte de la energía.


El Inefable Motor Agua

Afirmaciones igual de alocadas hacía en su momento Stanley Meyer, quien aseguraba que su su buggy a agua podía recorrer la distancia de Los Ángeles a Nueva york (casi 4500 km) con 22 galones (83 litros) de agua. Lo cierto es el auto de meyer solo fue un fraude con el que logró estafar a dos inversores, quienes aportaron U$S25.000 cada uno. Ambos finalmente lo demandaron, logrando así recobrar su dinero.

Un caso más es el de Daniel Dingel, un filipino que logró perpetrar una descomunal estafa con un motor a agua que jamás construyó y por la cual fue juzgado y encarcelado.

Otro ejemplo resonante del cual suele hablarse es el del español Arturo Estévez Varela, quien en la década del 70 se ufanaba de haber desarrollodo una motocicleta que funcionaba con agua. Si bien es probable que su desarrollo funcionara, este era totalmente impráctico desde todo punto de vista ya que Varela usaba Boro para producir la descomposición (violenta y muy exotérmica) del agua, siendo el boro extremadamente costoso y los residuos de la reacción extremadamente tóxicos y contaminantes.

En Argentina hubo un caso similar al de Dingel, una serie de estafas relacionadas con pretendidos motores de agua perpetradas por el ingeniero cordobés Juan Carlos Agüero, quien a la postre resultó no ser ingeniero.


Lo cierto es que con pasmosa frecuencia y periodicidad aparecen personajes que se arrogan el derecho a considerarse inventores del motor a agua, cuando no puede hablarse de un único inventor ni de un verdadero invento, pues se trata de algo que no funciona.

Referencias:

Motor a agua.

Móvil Perpetuo.

El auto a agua de Juan Carlos Agüero.

Leyes de la Termodinámica.

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