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El goleador del 50 que finalizó su carrera en Nacional

A la memoria de Alcides Edgardo Ghiggia

El goleador del 50 que finalizó su carrera en Nacional

Una joyita: Alcides Ghiggia jugando para Nacional de Juan González, el primero abajo a la izquierda

“Dejala ahí que ahí está bien”. “Los hombres de la selección uruguaya de fútbol todavía no habían jugado la famosa final del cincuenta y ya estaban cansados de tanto perderla. Por las calles que rumbaban a Maracaná iban jóvenes y viejos, hombres y mujeres, ricos y pobres, negros y blancos; todos juntos, todos unidos por la alegre coincidencia de ser brasileños el día que Brasil sería campeón del mundo”. (Jorge Valdano, La derrota más grande del mundo).

Pocos hombres “son víctimas de su éxito de modo tan instantáneo y eterno a la vez”. Así comienza el reconocimiento escrito de La República digital del miércoles 22 a la figura de Alcides Edgardo Ghiggia, al que EL ECO adhiere con algunas líneas sobre lo que fue el paso del goleador del 50 por Nacional de Juan González, en momentos en que dicha institución formaba parte de la Liga Carmelitana de Fútbol.

No hay profetas en su tierra

Al respecto, el ex dirigente albo Daniel Baldi, relató a EL ECO que no solo Ghiggia jugó en Nacional de Juan González, sino que fue en la época en que también brillaba Walter Taibo en el arco tricolor. “Fue Taibo el que lo trajo en el 74 o 75, no estoy bien seguro -dijo Baldi a EL ECO- porque ellos y José Cutraro trabajaban juntos en el Casino de Montevideo. Y como nosotros no andábamos muy bien en la tabla del campeonato de Carmelo ese año, Taibo lo invitó a que viniera a darnos una mano”, dijo.

También Baldi relató a EL ECO haber “jugado con él, con Ghiggia. Fueron unos pocos partidos, cinco o seis, y aunque yo era suplente, jugamos juntos. Yo era mediocampista y él se ubicó de puntero derecho, como era su costumbre, así que algún pase le debo haber dado. Y ese año no descendimos, así que anduvimos bien. Ghiggia era un exquisito del fútbol, pero hagamos la salvedad de que ya en esa época tenía unos cuantos años. Saque la cuenta que tenía 23 cuando jugó en Maracaná, así que cuando estuvo acá tenía 47 o 48”, calculó Baldi con el cronista de EL ECO.

De todos modos “era un hombre que físicamente siempre estuvo bien, liviano, ideal para puntero derecho y siempre jugaba en un cuadro que tenían con la gente del Casino en Montevideo. Y acá era en el tiempo en que jugaba Juan Banchero, Mattei, Carulo, Cutraro, Burone y al arco lo teníamos a Taibo, que no sólo hacía de golero sino también de director técnico. Así que tengo un muy lindo recuerdo de aquella época y del paso de Ghiggia por Juan González, si bien en aquel tiempo no lo valoramos como se debía”, mencionó.

Hablar de Ghiggia “en aquella época era como hablar de uno más…, fue el que hizo el gol en 50 contra Brasil, decíamos…, pero nada más…, o sea que cuando su figura comenzó a tener relevancia, recién nos dimos cuenta de con quien habíamos jugado en nuestro cuadro. Después tomamos conciencia de esta situación, con más razón cuando él aseguró en una entrevista que le hicieron en vtv, que se retiró del fútbol siendo jugador de Nacional de Juan González. De todos modos sigue siendo un gran orgullo para todos nosotros”, señaló finalmente Baldi.

Figura del Maracaná

Volviendo al reconocimiento escrito por La República el miércoles 22, el mismo prosigue citando que “pocos hombres son tan famosos por amargarle la vida a 200 mil almas presentes y a 54 millones de personas ausentes, pegados a un receptor de radio, casi sin darse cuenta de lo que estaban haciendo. Porque cuando Alcides comenzó su carrera, dejando parado como a una estaca al “jas” (lateral) izquierdo de Brasil no pensaba en el futuro, ni en el colosal silencio que sobrevendría 60 segundos después, ni en la inmensa tristeza, si contamos en portugués, que provocaría su descabellada acción, ni en que sobreviviría 65 años a ese día para recordarlo, una y otra vez, hasta cuando no tenía ganas.

Sólo el lado poético de la leyenda, ajeno a toda racionalidad o lógica sirve para explicar la burbuja sobrecargada de emotividad que fue alimentando una historia que se agigantó a medida que se añejaba y sobre la cual han escrito cientos de periodistas, analistas, escritores, científicos sociales, y ahora yo.

Hoy Alcides decidió rajar, dejarnos solos, llevarse con él al último de los gestores de la gloria, apagar el cuento de su gol contado por su protagonista en vivo y en directo, no dejarse ver más en las conmemoraciones, tal vez un poco cansado de ser héroe sin quererlo.

Hoy Alcides decidió no volver a pisar el suelo de Maracaná, ese del cual se dice, aún tiene las huellas de sus botines, marcando el pique que terminó en gol, que todos recordamos como si hubiéramos estado ahí, y que seguramente se repite en alguna dimensión del tiempo, todos los 16 de julio a las 4:38 de la tarde.

Hoy Alcides decidió dejar de rememorar la cantidad de amagues, fintas, “tuyas y mías”, moñas y dribblings perpetrados implacablemente al tal Bigode, lateral de la selección brasileña, a quien el pueblo de Brasil no le permitió olvidar un mal momento, porque el mismo ocurrió en una final del mundo, que ya había sido ganada por el locatario antes de jugarla.

Hoy Alcides decidió no participar más de los programas deportivos donde los periodistas insistían en preguntarle lo mismo y en esperar que la respuesta fuera distinta, mientras la gente escuchaba extasiada la palabra de un prócer vivo, que se consideraba a sí mismo un humilde mortal

Hoy Alcides decidió definitivamente dejar la epopeya sin materialidad, sin su existencia, sin una porción de realidad que atestiguaba un día sí y otro también con su soplo vital que ese pasado épico fue cierto. Podremos comenzar a pensar que fue un sueño y soñarlo, sin estar obligados a repetirlo en la vida real. O seguir sintiendo que todos los días tenemos ese compromiso.

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