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El Fracaso Kirchnerista. Ayudame a difundir la verdad

El Fracaso Kirchnerista. Ayudame a difundir la verdad
El gráfico muestra que las personas en riesgo de pobreza en Argentina han llegado a un máximo histórico





Según el INDEC el kirchnerismo y el macrismo son socioeconómicamente un rotundo fracaso.

Lo mismo dice del sciolismo y el delasotismo

Contenido

Pobreza absoluta versus pobreza relativa e inseguridad y violencia social – Resumen de la situación de pobreza relativa en Argentina – La tendencia de la pobreza, el test ácido para un gobernante virtuoso – Comparación con la Unión Europea – La “década ganada” y su casi nula “movilidad social ascendente” – La penosa situación sin grandes cambios de la niñez y adolescencia – Autocritica, y su justificación por la malversación de los microdatos del INDEC – Un doble desafío para el INDEC, y en especial para los políticos –ANEXO TECNICO3





Un viejo dicho algo sombrío dice que si uno tortura los números, les puede hacer cantar cualquier cosa. Pero algunas veces, si se los trata respetuosamente, suelen musitar verdades inesperadas para quienes trataron de amañarlos. Como parece ser respecto la cuestión de la pobreza existente en Argentina, que suscitó recientemente un acalorado debate entre el oficialismo, que dice que prácticamente no existe. E informes críticos por parte de organismos académicos y de la oposición, que dicen que alcanzaría a un tercio de la población, y a la mitad de los niños y adolescentes argentinos.

Lo cual lamentablemente parece ser enteramente cierto conforme los datos del mismo INDEC, si uno toma los criterios de la Unión Europea y de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) para medir lo que se entiende como “riesgo de pobreza o exclusión social”. Fenómeno que cuando adquiere cierta envergadura, no solo lo padece población hundida en ella, sino que repercute en toda la sociedad. Al ser la desigualdad la madre o incubadora de la violencia e inseguridad de la que se quejan todos los argentinos.

Siendo Argentina según la ONU, el país que tiene el más alto nivel de robos en América. Y no siendo casual que en el 2008 el gobierno nacional haya discontinuado las estadísticas delictivas, a la par que desarrollaba una serie de argucias en el tratamiento de los datos obtenidos en la Encuesta Permanente de Hogares. A los fines de maquillar la pésima distribución del ingreso existente en Argentina, y dibujar el coeficiente de desigualdad de Gini, tal como se expone más adelante en este escrito.

En el que también se pondera el desempeño tanto del kirchnerismo, como del sciolismo, del macrismo, y del delasotismo, para enfrentar la cuestión álgida de la pobreza. Registrándose invariablemente en las áreas a cargo de estas expresiones políticas, niveles de personas en riesgo de pobreza superiores a los del año 2003. Razón por la cual el desempeño de ellas solo puede calificarse de malo en el caso del kirchnerismo, a pésimo en el caso del delasotismo. Quedando el sciolismo y el macrismo en una situación intermedia entre ambos. O sea que ninguno ha sido capaz ni siquiera de esbozar una salida ante el oprobio de la pobreza extendida.

La Presidenta Fernández de Kirchner por su parte, dijo recientemente ante el congreso de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) que en Argentina la pobreza era menor a un 5 %. La confundió así con la malnutrición, por la que Argentina fue premiada en ese acto, por haberla bajado por debajo de ese registro porcentual. Que para Argentina representa un umbral de dos millones de personas, pese que podría producir alimentos para 700 millones de personas.

Esa afirmación presidencial estaba avalada por informes del INDEC, que por vergüenza este dejó de publicar desde el 2013. En los que afirmaba que la pobreza en el país había bajado a solo un 4,7 % de la población, en base a sostener que un argentino podía comer con solo 6 pesos al día. A esto se opuso recientemente un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, que en las antípodas, sostiene que la pobreza habría ascendido en el 2014 a un 29 % de la población.

Al que por su parte el director del INDEC Norberto Iztcovich descalificó duramente, diciendo que era “falaz y sesgado”. Cuestionando el tamaño de la encuesta de cinco mil hogares, contra los veinte mil que efectúa el INDEC con su Encuesta Permanente de Hogares. Y lo difícil que resulta medir la pobreza por su carácter multidimensional.

Y en lugar de tratar de dar alguna dimensión de ella conforme es su misión, como si ocupara un cargo político se explayó detallando las medidas de inclusión social tomadas por el kirchnerismo durante su gobierno. Por su parte el ministro de Economía Axel Kicillof se lavó las manos diciendo, “cuántos pobres hay es una pregunta bastante complicada. Yo no tengo el número de pobres, me parece que es una medida bastante estigmatizante”.

Quién se le animó a la cuestión con su característico desparpajo, fue el Jefe de Gabinete Aníbal Fernández, quien en defensa de lo dicho por la Presidente y confundiendo perros con dinosaurios, salió a decir que en Argentina había menos pobreza que en Alemania. Donde según sus estadísticas oficiales treparía a un 15,6 %.

En cambio en Alemania y los países de la Unión Europea y los integrantes de la OCDE, usan un concepto enteramente distinto, denominado pobreza relativa, riesgo de pobreza, o riesgo de exclusión. Considerando que caen en esta situación quienes tienen ingresos inferiores a un 60 % de la mediana de la población. La cual en la escala de ingresos de ella, corresponde a la persona ubicada en la mitad de esa progresión. Habiendo sido expuesta esta modalidad de medición de la pobreza en un anterior escrito de este autor de marzo del 2011, titulado “El mito kirchnerista de la inclusión social”.

http://ec.europa.eu/eurostat/statistics-explained/index.php/File:At-risk-of-poverty_rate_after_social_transfers,_2011%E2%80%9313_%28%25%29_YB15.png

http://ec.europa.eu/eurostat/statistics-explained/index.php/Income_distribution_statistics/es





O sea que considera a la pobreza no como una cuestión absoluta, respecto la existencia o no de los ingresos mínimos indispensables para poder sobrevivir, sino a la carencia de cierto monto con respeto a la situación general en que vive el país. Y además mide dicha carencia, mediante el gap o brecha existente entre el umbral del 60 % de la mediana de la población, y la media de los ingresos de la población hundida en riesgo de pobreza.

Abarcando así ese tratamiento estadístico, el fenómeno de la desigualdad y exclusión, que va bastante más allá que el de la pobreza. Y según algunos pensadores es la causa profunda de la inseguridad ciudadana. Tal como lo expone la licenciada en Filosofía y Dra. en Ciencias Sociales Roxana Kreimer, en su libro “Desigualdad y Violencia social”.





Tesis que es confirmada por las estadísticas, que muestran la proporcionalidad que existe entre las tasas de desigualdad y criminalidad. Un ejemplo notable de ello lo constituyen la Unión Europea y Estados Unidos. La primera tiene en promedio un índice de pobreza relativa del 16,4 %; un coeficiente de desigualdad de Gini de 0,305 (0 expresa la igualdad absoluta, y 1 expresa la desigualdad absoluta); un índice de homicidios de 1,3 cada cien mil habitantes; y una población carcelaria de 127 personas cada cien mil, con un mínimo de 46 en Islandia.

Por su parte Estados Unidos tiene un índice de pobreza absoluta de 15,9 %, fijada igual que el INDEC a partir de un umbral que nada tiene que ver con la distribución del ingreso; un coeficiente de Gini de 0,465 (52 % superior al de la UE); un índice de homicidios de 5,3 habitantes cada cien mil (cuatro veces superior al de la UE) y una población carcelaria de 775 cada cien mil habitantes (seis veces superior a la de la UE). Lo cual comprueba la tesis de Kreimer que el quid de la cuestión no es tanto la pobreza en sí, sino la desigualdad social. Llegando en el caso de Estados Unidos a ser el índice de Gini por patrimonio de nada menos que 0,865.

Argentina por su parte en cuanto a criminalidad se parece cada vez más a Estados Unidos. Ya que tiene una tasa de homicidios de 5,5, igual a la de Estados Unidos. La tasa de robos más alta de América (973 hechos denunciados cada cien mil habitantes en el 2008, sin contar los que no se denuncian que los superan largamente). A la par que su población carcelaria crece incesantemente, superando en el 2013 las 150 personas cada cien mil habitantes. Con demandas por parte de la sociedad ante la inseguridad que sufre, que sea mucho mayor.

De esta manera pese al empeño de gobierno en negar la pobreza, los índices de criminalidad confirman que ella y la desigualdad existen. Y como se verá, ambas están en franco crecimiento. Resulta incluso ostensible si se comparan las amañadas cifras del INDEC con las de la Unión Europea. Donde la diferencia de ingreso en los quintiles extremos es de 5 veces en promedio, con un mínimo de 3,4 en Noruega e Islandia, mientras que en Argentina es de 9 veces. Y nada menos que 9.333 veces, si se toma el ingreso per cápita mínimo y máximo de la escala. No siendo casual por ende que oficialmente Argentina haya dejado de publicar ambas estadísticas, la de criminalidad y pobreza, desde un tiempo atrás. La primera desde el 2008, y la segunda desde el 2013.

Siendo esta la causa profunda del problema de inseguridad que desvela actualmente a los argentinos, la eliminación de la desigualdad extrema, no solo es una necesidad para quienes la padecen, sino para todos los argentinos que ansían disfrutar de sus vidas y sus bienes en forma segura y pacífica. Por ende sería mucho más inteligente, que en lugar de reclamar por más policías, patrulleros, y cámaras de seguridad, los ciudadanos reclamaran y colaboraran para que exista más solidaridad social, y menos desigualdad y exclusión social.

Resultando por contrario perverso que ante la trascendencia de este problema de enorme interés público, tanto el ministro Kicillof como el director del INDEC Itzcovich, se hayan negado a tratar de dimensionar los alcances de la pobreza y la desigualdad. Al tratarse de un gravísimo problema, cuyos efectos se ven desbordados largamente, ya que está íntimamente relacionada con la convivencia pacífica y la paz social.

Y si bien la pobreza o su riesgo como se verá, aqueja a más de un tercio de la población, la violencia e inseguridad aquejan al 100 % de esta. Siendo esta última cuestión la que encabeza el listado de reclamos ciudadanos, pero no así la pobreza y desigualdad, pese ser la causa primigenia de ella. Al bizantinismo se le reprocha el haberse enfrascado en disquisiciones inútiles sobre el sexo de los ángeles, para eludir enfocarse en las asechanzas que asolaban a Bizancio. Por su parte el kicillofcismo en su inopia, parece haber inaugurado una variante superadora del mismo, al considerar “estigmatizante” que se hable de las acechanzas que asolan a Argentina.









La tendencia de la pobreza, el test ácido para un gobernante virtuoso





La evolución y tendencia del riesgo de pobreza en los principales aglomerados urbanos de nuestro país, se pueden apreciar en detalle en el ANEXO TECNICO adjunto. Evidenciando ser sus gráficos una película de la penosa y errática evolución de la situación socioeconómica en Argentina, y de la inidoneidad de los distintos gobernantes a cargos de esos aglomerados para resolverla, más allá de lo que expresan en sus inflamados discursos al respecto. Seguidamente se expone una síntesis de sus principales conclusiones, a través del análisis de sus líneas de tendencia anualizadas, prescindiendo de sus saltos estacionales.





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La familia de curvas del gráfico adjunto, muestran la línea de tendencia de la evolución de las personas en riesgo de pobreza, en términos de porciento de la población correspondiente al Total País y los principales aglomerados urbanos. El Total país muestra una tendencia decreciente a partir del 2003, desde un nivel cercano al 40 %, para llegar a un mínimo a un nivel por debajo del 35 % en el 2011. Para a partir de allí volver a subir levemente hasta casi el 36 % a principios del 2015. Reflejando esto la inidoneidad del kirchnerismo para abatir el problema en términos sustanciales, e impedir su rebote posterior.





Por su parte la de la CABA parte de un nivel por encima del 35 % en el 2003, para llegar a un mínimo del 32 % en el 2010, subiendo luego a un nivel de más del 35 % en el 2015. Reflejando esto una inidoneidad aun más marcada por parte del macrismo, para enfrentar el problema, al volver prácticamente durante su gestión a los niveles existentes en el 2003.





Por su parte el Gran Buenos Aires a cargo del sciolismo, se ubica en una situación intermedia entre las anteriores. Ya que la tendencia del riesgo de pobreza cayó en forma más marcada, desde un 37 % en el 2003, a un 32 % en el 2011, para luego rebotar a un nivel del 35 % en el 2015. Y en cuanto al Gran Córdoba a cargo de delasotismo, la tendencia revela el comportamiento peor de todos, ya que el riesgo de pobreza primero, en lugar de caer, sube levemente hasta más de un 38 % en el 2004 – 2005, para caer en el 2012 a un nivel por arriba del 33 %. Subiendo luego a un nivel del 37 %, cercano al punto de partida en el 2003.





En cuanto a la evolución del riesgo de pobreza en términos absolutos de cuantía de personas hundidas en ella, el grafico adjunto lo hace en forma comparativa, a partir del nivel promedio existente en el año 2003. Mostrando la familia de curvas existente en él, su evolución en los distintos aglomerados, en términos de disminución o aumento personas hundidas en esa condición.





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Se distingue entre ellas por su pésimo comportamiento el Gran Córdoba a cargo del delasotismo, por ser la única que aumenta inmediatamente después del 2003, hasta un nivel de más de un 3 %, para caer luego al 95 % en el 2011. Y rebotar agudamente a continuación a un nivel de 114 % en el 2015. O sea que primero logró reducir la tendencia en el riesgo de pobreza respecto el 2003 en un 5 %, para luego aumentarlo casi 20 puntos a partir de allí.





Un trayecto parecido hacen los Partidos del Gran Buenos Aires a cargo del sciolismo. Dado que bajó el riesgo de pobreza en 6 puntos, a un 94 % en el 2010, para a partir de allí registrar un aumento de 16 puntos en el 2015, o sea un 10 % más que en el 2003. Por su parte en la CABA a cargo del macrismo, también hay un comportamiento parecido pese a los notables recursos con que cuenta esta administración. Ya que la tendencia del riesgo de pobreza cayó a un nivel de casi el 92 % en el 2010, bajando 8 puntos, para a partir de allí aumentar casi 10 puntos, hasta un nivel cercando al 102 %. Un 2 % más que en el 2003, cifra que se explica por el nulo crecimiento de población que tuvo la CABA ínterin, en contraste con los otros aglomerados urbanos.





En cuanto al Total de Aglomerados Urbanos, que caería bajo la responsabilidad global del kirchnerismo, la tendencia del riesgo de pobreza bajó 4 puntos en el 2010, al 96 %, para a partir de allí crecer 9 puntos, llegando así a nivel un 5 % superior al del 2003 (105 %). Un desarrollo bastante parecido se da con el Total País, ya que al 2009 solo había bajado un 3 % (97 %) para aumentar a partir de allí 7 puntos, pasando a un nivel un 4 % superior al del 2003 (104 %).





De tal manera estos gobiernos obtienen una pésima calificación en su desempeño en la lucha contra la pobreza, que los pone muy lejos de ser gobiernos virtuosos. Por un lado el kirchnerismo con su responsabilidad global sobre el país, muestra una verdadera impotencia y un pobrísimo desempeño para hacer bajar sustancialmente la tendencia del riesgo de pobreza. Y de impedir su suba posterior, que supera los niveles del 2003.





Y otro tanto hacen el sciolismo y el macrismo, que en principio logran una rebaja algo mayor en la baja de la tendencia del riesgo de pobreza, pero luego no pueden impedir un rebote tanto peor. Superando largamente los niveles del 2003 en el caso del primero, por efecto del crecimiento de la población, y levemente en el caso del segundo, por efecto del no crecimiento de esa población.





En cuanto al delasotismo es el que evidencia el comportamiento más reprobable, por la tardanza en hacer bajar la tendencia del riesgo de pobreza, por su mínimo éxito obtenido a continuación, y el notable crecimiento de la tendencia posterior. Y lamentablemente para el país, estos tres últimos nombrados son los expectables personajes que se han candidateado para suceder al kirchnerismo.









La “década ganada” y su casi nula “movilidad social ascendente”





El siguiente grafico muestra comparativamente la distribución de la población según el ingreso per cápita familiar de los hogares, correspondiente a los años 2003 y 2014 (4to Trimestre). Las líneas de trazo continuo y discontinuo reflejadas en su lado izquierdo, lo hacen en términos relativos porcentuales. Y las columnas reflejadas en el lado derecho, en términos absolutos referidos a millones de personas.

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Como primera impresión, el grafico refleja la absolutamente “anormal” distribución de la población en función de sus ingresos per cápita familiar por hogares. Ya que se encuentra muy alejada de la distribución normal de la famosa campana de Gauss, que era de esperar según el marco teórico de la cuestión, conforme se observa en las siguientes imágenes provenientes del Instituto de Estadísticas de Cataluña. Lo cual de por si revela la inusitada gravedad del fenómeno de pobreza y exclusión social que enfrenta Argentina.





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Absurdamente tal como se aprecia en él, escalonadamente la mayor parte de la población argentina se va distribuyendo en forma descendente a partir del primer decil más humilde de la población, que actualmente alcanza a 6,75 millones de personas. Lo sigue el segundo decil, con 6,07 millones de personas, y luego el tercer decil con 5,51 millones.





Encontrándose en consecuencia en diciembre del 2014 el 42,8 % de la población argentina, o sea 18,35 millones de personas, hundida en estos últimos deciles de la escala de ingreso de hogares per capita familiar. En consecuencia los integrantes de los deciles 1 y 2, y el 58 % del decil 3 en el 2003, y el 40 % en el 2014, se hallaban o hallan hundídos en riesgo de pobreza. Tal como se puede visualizar en el gráfico con las áreas con bordes rojos ubicadas en esos deciles, que ponen de manifiesto la preponderancia de ella.





En el gráfico se observa que existió una caída de un 2,6 % menos de personas en el decil mas bajo, la que no obstante por efecto del crecimiento vegetativo de la población, solo se redujo en 76 mil personas. Caída que es compensada con creces en los deciles segundo y tercero. Arrojando en definitiva estos tres deciles, que agrupan a la que se denomina clase baja, una caída porcentual neta de solo el 2,1 % del total de la población respecto la registrada en el 2003. Pero un aumento neto de 1,7 millones de personas hundidas en ellos, por efecto del crecimiento de la población.





Seguidamente se observa que el cuarto decil se mantiene casi con la misma incidencia porcentual. La que baja en el quinto decil, típico de la clase media, a un nivel menor que en el 2003, pero volviendo en el sexto decil al nivel de este año. Registrándose recién en el séptimo decil, correspondiente a la clase media alta, una suba más notable. Reportando en consecuencia estos cuatro deciles correspondientes a la famosa clase media argentina, un crecimiento del 0,5 % del total de la población respecto lo registrado en el 2003. Que por efecto del crecimiento de la población representa 2,36 millones más de personas. Totalizando actualmente 16,16 millones, o sea un 37,7 % de la población.





Por su parte en los tres últimos deciles correspondientes a la clase alta, se registra un manifiesto crecimiento, porcentual y absoluto en todos ellos, que reportan finalmente un traspaso hacia ella del 1,6 % del total de la población respecto la registrada en el 2003. O sea 1,77 millones de personas más, totalizando actualmente 8,38 millones de personas, o sea el 19,5 % de la población.





De esa manera en términos relativos, se da el curioso resultado de que el magro 2,1 % de personas que salieron de la clase baja, fue nivelado con un aumento del 0,5 % en la clase media, y del 1,6 % en la clase alta. Habiendo no obstante las tres clases aumentado su número absoluto, al haber ido a parar el incremento de 5,8 millones de personas registrados ínterin, un 29 % a la clase baja, un 41 % a la clase media, y un 30 % a la clase alta.





El crecimiento de esta última, o mejor dicho primera clase, parece estar sustentado principalmente en la denominada clase política. Que de un tiempo a esta parte se ha fijado remuneraciones de elite, por las que directamente han pasado a ser conspicuos integrantes de la clase alta, y no precisamente en su nivel más bajo. Razón por la cual podría decirse que la “clase política” ha sido casi la única beneficiada de la proclamada “movilidad social ascendente”. No obstante que al mismo tiempo se manifestó enteramente incapaz e impotente, para impedir con su gestión que el crecimiento vegetativo de la población, siguiera incrementando en términos absolutos la población hundida en riesgo de pobreza.





Tradicionalmente la “clase política” solía tener ingresos del orden de cinco o seis veces el promedio de la población. Pero a partir de la década del `90, en la que el ex ministro Domingo dijo que no podía vivir con menos de 10 mil dólares al mes, esa proporción se duplico, pasando a ser de diez a doce veces. Sin embargo por vergüenza y para no malquistarse con la sociedad, esas altísimas remuneraciones se pagaban buena parte negro, por medio de malversación de fondos y procederes clandestinos.





Lo cual originó una causa penal en la que actualmente están imputados personalidades que incluso acaban de ser elegidas por el voto popular, como es el caso del electo gobernador de Córdoba Juan Schiaretti. Pero después del “que se vayan todos” del 2001, del que no se fue casi ninguno; y sobre todo después del 54 % del 2001 y el “vamos por todo” del kirchnerismo, la vergüenza se perdió totalmente.





Así las altísimas remuneraciones políticas a las que aspiraba Cavallo se generalizaron y transparentaron en enormes cifras en blanco. Para retribuir espléndidamente a una poliburocracia que vive lujosamente en Puerto Madero, y declama a la par haber hecho “una opción preferencial por los pobres”. Pero no para extraerlos de la pobreza, sino para extraerles sus votos. Llevando adelante un rumboso tren de vida, que nada tiene que ver con el de la esforzada clase media argentina, y que resulta una bofetada para los sectores más carenciados de la sociedad.









Autocritica, y su justificación por la malversación de los microdatos del INDEC





Debe reconocerse que las cifras de ingresos de los hogares en juego, no han sido corregidas por los factores de “adulto equivalente” que se emplean en las estadísticas de la Unión Europea. Atribuyendo al jefe de hogar un factor de 1; a los restantes mayores de 14 años, un factor de 0,5; y a los menores de 14 años un factor de 0,3. Debido que para ello sería necesario contar con todos los microdatatos de la Encuesta Permanente de Hogares desde el 2003 hasta la fecha.





Corrección que atento a la mayor cantidad de niños que cuentan los deciles más bajos de la población, tentativamente harían que los porcentajes relativos de riesgo de pobreza expresados anteriormente, se redujeran en alrededor de tres puntos o cuatro puntos porcentuales. Oscilando en consecuencia el riesgo actual de pobreza en torno a un tercio de la población. Cifra que supera las publicadas por el Barómetro de la Deuda Social de la UCA, que tanto han molestado a las autoridades gubernamentales.





Pero no obstante, por un lado, la evolución del indicador de riesgo de pobreza conservaría un desenvolvimiento similar. Dado que la estructura de los hogares no ha cambiado sustancialmente en los distintos deciles entre los años 2003 y el 2014. Y por contrario tal como se consignó, en los deciles inferiores ha disminuido la incidencia de los menores de 18 años.





Pero por otro lado, esta ausencia de corrección estaría balanceada por dos factores subrepticios introducidos por el INDEC para elaborar sus informes. Consistentes en la “calibración de la muestra”, y la “imputación” de mayores ingresos a los declarados por los encuestados, concretadas por el INDEC en las Encuesta Permanente de Hogares.





Bajo los conceptos, enunciados en un documento del año 2008 (“Ponderación de la muestra y tratamiento de valores faltantes en las variables de ingreso en la Encuesta Permanente de Hogares”) de que la selección de las muestras para las encuestas trimestrales, contienen errores que es necesario homogeneizar. Y que los encuestados no declaran todos sus ingresos, o sea que según el INDEC sistemáticamente los subestiman.





Razón por la que desde el 2008 aplicó retroactivamente esa “calibración” e “imputaciones”, a los resultados de las Encuestas Permanente de Hogares efectuadas desde el 2003 en adelante, a la par de que impidió el acceso a ellas por parte del público durante tres largos años. Lo cual proviniendo de un organismo como el desprestigiado INDEC, que se ha dedicado a sesgar y adulterar las estadísticas oficiales, funcionando en realidad como una agencia de propaganda del actual gobierno, lo único que hace es levantar vehementes sospechas que se trata de otra de las cruda cosméticas estadísticas que se acostumbrado a implementar.





A los efectos de tratar de disimular la pésima distribución del ingreso existente, que se hace evidente con solo observar la “anormal” curva que la representa, y de mejorar de alguna manera el índice de desigualdad de Gini. Un crudo ejemplo de este maquillaje, que más bien parece una cirugía estética, son las “imputaciones” de precios que realizaba para obtener el costo de la canasta de bienes a los efectos de calcular la evolución del IPC (Indice de Precios al Consumidor). Que tuvo que cesar de hacerlas, a la par de tirar a la basura al IPC, por las advertencias del FMI de excluirlo como país miembro, por la falsificación de sus estadísticas.





Tal como se describe en detalle en la primera parte del Anexo Técnico adjunto, el efecto de estas manipulaciones efectuadas por el INDEC, compensarían largamente el mencionado desvío producto de no usar la conversión a “adulto equivalente”. Y además le habrían permitido al INDEC mejorar en cuatro puntos al coeficiente de desigualdad de Gini, de forma tal de primero hacerlo bajar del rango de 0,5 a los inicios del kirchnerismo, para bajarlo actualmente del rango de 0,40, ubicándolo en 0,38.









ANEXO TECNICO

La manipulación de las EPH mediante las imputaciones de ingreso





Al respecto, el INDEC en sus microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares no brinda dato alguno de la incidencia o cuantía de esas imputaciones, y solo informa de los casos en que ellas se practican. En base a ello se ha elaborado el gráfico adjunto, que trasunta el sesgamiento con que se han concretado ellas.





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Las columnas reflejan en el lado izquierdo del gráfico, el aumento de los montos en juego entre el 2003 y el 2013, de los ingresos sobre los cuales se efectuaron imputaciones. Claramente se observa que los mayores aumentos, entre 1.330 % y 1.725 % más, se concretaron en los tres deciles más bajos de la población. Muy por encima de la media de aumento de 1.000 %.





Mientras que los deciles más empinados, del séptimo al décimo, solo sufrieron incrementos de cómo máximo ese promedio. Lo que a su vez se ve confirmado en la línea reflejada en el lado derecho del gráfico, que muestra que el aumento en el número de las imputaciones concretadas, alcanza un pico de un 109 % en el tercer decil, para caer a un pico del 89 % en el sexto decil, y del 75 % en el décimo decil. Demostrando todo esto lo tendencioso de estas novedosas imputaciones de ingresos inauguradas a partir del 2008.









Evolución Total Aglomerados Urbanos





En el Total de los Aglomerados Urbanos se da una evolución similar a la anterior en términos relativos porcentuales. Que en términos absolutos arroja una disminución de la población en riesgo de exclusión desde un pico 9,42 millones de personas en el 3er Trimestre del 2006, a un mínimo de 8,32 millones en el 2do Trimestre del 2010. Para volver a crecer desde allí a un pico de 9,86 millones en el 3er Trimestre del 2014.





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Mostrando de esa manera la línea de tendencia de personas en riesgo de pobreza, un valle entre el 2006 y el 2012, con una abrupta subida posterior sensiblemente por arriba de los niveles del 2003, que reportan medio millón de personas más hundidas en esa condición. Lo cual refleja seriamente la impotencia por parte del gobierno nacional mas allá de lo que declama en sus discursos, no solo de lograr una mejora sensible en términos socioeconómicos, sin incluso de contener la situación para impedir que más personas sigan cayendo en riesgo de pobreza o exclusión.









Evolución Partidos del Gran Buenos Aires





En este caso se da la misma evolución que en el caso de la CABA, con los indicadores relativos y absolutos que decrecen y luego crecen de forma parecida, conforme se puede observar según sus líneas de tendencia. Con un valle que llegan a un mínimo en el 2010 y 2011, seguido de un raudo incremento de ambos indicadores.





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Al pasar el riesgo de pobreza de un pico de 38 % en el 3do Trimestre del 2004, con 3,61 millones de personas hundidas en ella, a un piso en el 2do Trimestre de 2009 del 29,3 %, con 2,91 millones de personas en esas condiciones. O sea una disminución de 0,7 millones. Que luego se ve neutralizada con creces, al trepar el riesgo de pobreza a un 35,3 % o 3,8 millones de personas hundidas en ella, con un incremento de 0,3 millones respecto el máximo registrado en el 2004.





Este dantesco aglomerado urbano registró un incremento poblacional del 14,8 % entre el 2003 y el 2015, con la incorporación de 1,4 millones de personas más, y sigue en crecimiento. Lo cual evidencia la ausencia de creatividad e impotencia por parte del gobernador Daniel Scioli, para paliar la situación de pobreza estructural en que se ha hundido ese conglomerado urbano, y hacer cesar su deforme crecimiento demográfico. El que de lejos es el más importante del país y decisivo en términos electorales, y pertenece a la provincia agropecuaria más rica de Argentina.









Datos

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Fin del post.. Elegí el cambio títere K, basta de corrupción

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