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El empoderamiento no debe destruir



La clase media está siendo alejada de toda posibilidad de que se sume al proyecto bolivariano.

Como lo estamos sufriendo en pelleja y estomago propios, cada día que pasa, ante la inoperancia eficaz, emergente y coyuntural de la justicia de parte del Estado, con una Fiscalía y un Poder Supremo que no han sabido adaptarse a estos tiempos belicosos y descaradamente golpistas que siguen chapados al protocolo de los tiempos de paz, la clase media cada día se aleja de su posibilidad de sumarse al presente proyecto bolivariano que en principio es para toda la clase trabajadora, y de allí su nombre de Proyecto Bolivariano Socialista del Siglo XXI.

No es nada conveniente que, por ejemplo, el Estado siga distrayéndose con marchas y alocuciones mientras los precios suben cada vez que sale el sol.

Esta inflación atípica, mediante la cual los precios y las presentaciones de las mercancías cada día amputan o sacan del mercado a nuevos estratos sociales de los consumidores está empobreciendo a la clase media, y de allí que esta siga apoyando cambios de gobierno, y pensando que en tiempos pasados se vivía mejor.

La suba de precios se presenta mediante escasez inducida que abre las puertas al bachaquerismo revendedor, y la fulana simplificación de la producción.

A propósito de esa estrategia golpista de mercadeo, es bueno aclarar que no es correcto afirmar, como lo vienen haciendo los medios disconformes con tan criminal procedimiento comercial, en el sentido de considerar que algunos empresarios fabricantes dedican toda su materia prima a la producción de mercancías de elevado peso y precio con lo cual minimizan la clientela solvente-la clase media-crean malestar y ganan más. Eso de que ganan más es cuestionable por cuanto resulta dudoso que los clientes solventes para esas costosas presentaciones, consumidores que por lo general compran grandes cantidades de ellas por lo que siempre les ha salido más económico comprar presentaciones de alto contenido, por ejemplo, restoranes en el caso de detergentes, aceites y afines; alimentos para animales por sacos, cosas así. Su consumo periódico, no obstante, no necesariamente cubriría la demanda suprimida por esa vía de la simplificación.

Esa estrategia excluyente de consumidores es opuesta a la que se conoce como la estrategia de la diferenciación de precios para una misma mercancía. Esta consiste en el aprovechamiento de la máxima cantidad de clientes que disponen de rentas, tales que les permiten comprar a precios elevados unas mercancías cuyo volumen de equilibrio oferta-demanda se logre a precios inferiores. La parte que según la curva de oferta quedaría por fuera es sincerada, habida cuenta de que siempre habrá clientes potenciales dispuestos a comprar al precio que sea, aunque peque de vanidoso cuando esté comprando lo mismo bajo presentaciones meramente lujosas.

Habría así compradores para todos los precios de la curva de demanda y según la oferta marcada por la curva correspondiente.

Ocurre que el objetivo de esta guerra de precios en alza no es el lucro inmediato, sino el botín que representaría la retoma del poder; un objetivo que el gobierno parce no pesar en sus justas dimensiones ante su vertical respeto a procedimientos judiciales propios, repetimos, de situaciones de paz, aunque paradójicamente reconozca que estamos en guerra criminal.

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