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El disco de oro del Voyager: un mensaje al Universo

En nuestro infinito afán por llegar a conocerlo todo, los seres humanos hemos invertido esfuerzos en avanzar en conocimiento científico y tecnológico para poder expandirnos más allá de los lindes de nuestro pequeño planeta. El siglo XX traería al fin la herramienta para hacerlo: primero con la invención de la aviación y luego con la astronáutica. La era espacial hizo que el hombre viera estos instrumentos de exploración como eventuales botellas en donde poner sus mensajes en el océano del espacio, dando origen al disco de oro del Voyager.

El disco de oro del Voyager: un mensaje al Universo

Los Voyager I y II

Al ser lanzadas las dos sondas con el nombre de Voyager (viajeras, en español) en la década de los setentas, se pensó en hacer de estas herramientas algo más que un vehículo de exploración espacial.

Carl Sagan era presidente de misiones planetarias del Instituto de la Unión de Geofísicos Americana. Este evento era sin lugar a dudas único en toda la historia de la ciencia. Sagan con su particular sentido de difusión de ideas científicas, pensó en crear un compendio de datos que nos representara como humanidad.

El “mensaje en la botella”

El disco de oro del Voyager: un mensaje al Universo

Casi en la octava década del siglo XX, las técnicas de grabación de audio y de captura de imágenes, permitía crear dentro de lo limitado que nos puede parecer hoy, una síntesis de lo que es la humanidad en la Tierra.

Las sondas lanzadas en 1977, llevaban consigo un disco de oro titulado “Los sonidos de la Tierra” con saludos en medio centenar de lenguas habladas en la Tierra, sonidos de ballenas, fragmentos de grabaciones representativas como las voces de los hombres más prominentes y música: desde jazz pasando por ritmos tradicionales africanos, hasta fragmentos de las variaciones Goldberg de Bach y de las sinfonías de Beethoven.

Las posibilidades de ser “escuchados”

Teniendo en cuenta que el viaje es muy largo, pues para alcanzar la estrella próxima las Voyager deberán recorrer el espacio durante 75 mil años, las probabilidades de que una de las sonas experimente contacto con una civilización extraterrestre durante el periodo de vida promedio de un humano en la Tierra, son más bien escasas.

Algunos astrofísicos y científicos han tomado partido por el hallazgo de una potencial civilización terrestre en un futuro distante de las antiguas sondas que serán una verdadera ventana a nuestro pasado y el modo en que nos veíamos a nosotros mismos y a la naturaleza a finales del siglo XX.

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