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El dilema de Macri: ¿Cristina Kirchner presa o libre?

La sorpresiva imputación de la ex Presidente y su inminente comparencia judicial pone en una encrucijada a un Gobierno obligado a buscar consensos en un Congreso dividido. El paso al costado de Angelici y el impacto de los Panamá Papers





El dilema de Macri: ¿Cristina Kirchner presa o libre?

Mauricio Macri y Cristina Kirchner, en el acto por el 158 aniversario de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires en el 2012.Crédito: Nicolás Stulberg

No hay peor situación para un Presidente y un gobierno que ser los responsables de la solución de una contradicción que no deben resolver. ¿Mauricio Macri quiere ver a Cristina Fernández de Kirchner presa? El interrogante resume otros tantos que se ha hecho el poder político y económico del país en los últimos días: ¿el Gobierno está detrás del súbito ataque de lucha contra la corrupción (anterior) de la ahora despertada Justicia Federal? ¿El Gobierno es víctima o victimario? ¿Disfruta o tiene miedo de las consecuencias, Panamá Papers incluidos?

La Casa Rosada no imaginó nunca este presente para la segunda semana de abril. Tras la espectacular victoria en el Congreso con las dos leyes para acordar con los holdouts, la visita de Barack Obama y la rápida y profunda depreciación del kirchnerismo, las consecuencias del accionar judicial sobre la corrupción del anterior gobierno serian razonables y sazonarían el buen presente.

Pero nada de eso pasó. Un poco por efecto de errores propios no forzados, otro por la inmanejable realidad y después- y muy importante- porque el macrismo pecó de inocencia sobre lo que pensaba que eran los poderes permanentes, como la Justicia Federal de Comodoro Py o el mundo económico vinculado con la oferta de alimentos y servicios –uno de cuyos capítulos son los supermercados- y sus consecuencias en la inflación.

Está claro que ya existe una evidente desconexión entre los dichos de algunos funcionarios como Alfonso Prat Gay y la realidad, y no por culpa del ministro de Hacienda y Finanzas. Prat Gay prometía en febrero una inflación del 20% anual y convenció a Jorge Triaca (h) a que intentara negociar salarios en ese franja. Pero ni Cristina ni los Panamá Papers ayudaron tanto a la inflación como sus colegas Juan José Aranguren o “Guillo” con sus aumentos de tarifas de servicios y transporte. ¿Prat Gay no sabía que se avanzaría con esas subas o se minimizo el impacto que tendrían?

Al momento de escribirse esta nota, la ex presidente Cristina Fernández de Kirchner es imputada por el fiscal Guillermo Marijuan para que se la investigue por el presunto delito de lavado de dinero en el marco de la causa de la “Ruta del Dinero K”, que tenía hasta ahora a Lázaro Baez como el actor protagónico y a Leonardo Fariña en el papel del primer arrepentido importante de la historia argentina.

LA CASA ROSADA OBSERVA CON CONFUSIÓN Y PERPLEJIDAD ESTE “MANI PULITE” EN VERSIÓN ARGENTINA.

Es en esta causa y en la del Hotesur que tramita Claudio Bonadío donde el cristinismo paladar negro esperaba las peores noticias. Ni siquiera imaginaba que iba a existir una causa judicial investigando las consecuencias de la pérdida económica -70.000 millones de pesos- que le provocó al Estado la implementación de la bicicleta del “dólar futuro”, última medida importante del Banco Central de Alejandro Vanoli y Axel Kicillof.

Pero ahora resulta que la primera bala importante que podría dañar a CFK vendría de este expediente. Dicen en Tribunales que ya está redactado el procesamiento de Bonadío para CFK en la causa del dólar futuro. El delito por el que Vanoli fue indagado esta semana es “asociación ilícita”. Difícil de probar para la Justicia, sin embargo esa calificación permite procesamientos y detenciones a gusto del consumidor. Según creen los kirchneristas, CFK no sería detenida esta semana cuando declare ante Bonadío sino cuando se cumplan los plazos procesales de esta causa en dos semanas, como la cabeza organizadora de la asociación ilícita junto a Kicillof. Serian “los jefes” que dieron la orden a los actores menores, Vanoli y directores del BCRA, que implementaron la medida.

El politólogo Sergio Berenztein dice que no le hace mal a un país que sus principales figuras políticas y económicas sean investigadas por supuestos actos de corrupción, sino que lo que hace mal es la impunidad. Sin embargo, no existen muchos antecedentes de países que se recuperaron de crisis económicas en medio de procesos judiciales de “mani pulite” y menos que afecte a todo el tinglado político como parece suceder ahora, aun aclarando que las supuestas imputaciones a Macri por los “Panamá Papers” está a un océano de distancia de la supuestacorrupción K y no por mayor o menor sino por diferentes. Y Argentina, en un dato “tabú” que se dice poco y se repite menos, está en recesión desde el segundo trimestre del 2015, condición que se mantuvo en los primeros tres meses de este año, parece continuar en el segundo, máxime con tasas del 38%, una inflación por encima del 35% -con una suba de precios superior al 6% para abril- y una devaluación que algunos creen ya ha sido consumida por la inflación.

El dilema de Macri: ¿Cristina Kirchner presa o libre?



La imagen de la semana: Lázaro Baez es detenido por la causa de lavado de dinero.


Dentro de la confusión y la perplejidad con la que Casa Rosada observa el “mani pulite” en versión argentina, siguen pasando cosas. Lo que más molesta al macrismo es observar cómo desde hace semanas, Elisa Carrió más los ahora despiertos jueces y fiscales federales, vienen marcando la agenda política del país. Los hechos hablan por sí solos, pero en especial el fastidio es evidente, cuando el periodista señala que Carrió criticó al ex jefe de la Policía Federal y este dejó el cargo días después –aunque en el Gobierno juran y perjuran que una cosa no tiene que ver con la otra- y que Daniel Angelici, el poderoso amigo y asesor todoterreno del Presidente en Boca y en Tribunales, ahora daría un paso al costado, al menos en público. Dicen que después de una cumbre que tuvo lugar el jueves, se resolvió que de ahora en más la cara visible de la operatoria judicial amarilla sea el ministro de Justicia, Germán Garavano. Casi una obviedad para el gran público.

Aunque no se reconozca nunca en público, el macrismo jamás se presentó a la sociedad –al revés del radicalismo o la Coalición Cívica de Carrió- como la avanzada de una revolución ética. Macri y su gente siempre se exhibieron como los (buenos) “gestores” de la administración publica en términos de futuro, frente al pasado que representaba la vieja política del peronismo en su versión kirchnerista o el progresismo representado por Aníbal Ibarra en la Ciudad. “La gente quiere soluciones. No discursos” era uno de los leimotiv del macrismo en Buenos Aires en tiempos del gobierno local.

La necesidad y la crisis moral en la que dejó el kirchnerismo al país hicieron que PRO mutara su discurso al de Cambiemos y lo que parece sinónimos dejaron de serlo. Arrastrado por la ola de cambio de un sector de la sociedad asqueado –con justa razón- por la corrupción K, el macrismo dejó que sus aliados y dirigentes importantes – Carrió y sus versiones PRO, Patricia Bullrich y Laura Alonso- fueran imponiendo un discurso de revolución ética, que no le queda mal, pero que nunca lo imaginó como propio y menos provocador de un “mani pulite”.

AL REVÉS DE CARRIÓ, EL MACRISMO JAMÁS SE PRESENTÓ A LA SOCIEDAD COMO LA AVANZADA DE UNA REVOLUCIÓN ÉTICA

Y esto no es porque los principales dirigentes macristas no estén favor de la legalidad y en contra de la corrupción, sino porque la mayor parte de sus cuadros provienen de un sector, el económico-empresario donde las reglas son diferentes a las de la política. Curioso: la aparición de los “Panamá Papers” cambió la percepción de la ilegalidad y la ética entre el mundo empresario y el político. Desde hace una semana esta moda explicar que el “mundo económico tiene un estándar distinto que el político”, ante la proliferación de empresas off shore con desarrollo real en Argentina y no solo en Panamá. Increíble, pero real: la actividad política tendría una vara ética menos tolerante que los empresarios.

Federico Pinedo, el denunciante original de la causa del dólar futuro, dijo al pasar, el jueves, que él no había incluido a Cristina en la acusación. La definición de Pinedo no es menor. El macrismo sabe perfectamente que una decisión judicial que lleve a la cárcel a la ex presidente por esta causa podría generar una reacción política parlamentaria en el peronismo que congele por un tiempo tanto la Cámara de Diputados como la de Senadores.

¿Significa esto que la Casa Rosada hará algo para que Bonadío no encarcele eventualmente a Cristina? No. Absolutamente no. ¿Significa esto que hará lo contrario? Tampoco. 

El macrismo explica una y otra vez que así como no se presionó a ningún juez para que en menos de 72 horas Ricardo Jaime y Lázaro Baez terminen presos, tampoco hará nada para hacer zafar de una investigación nadie, incluido el propio Presidente. El kirchnerismo no cree en esta declaración de principios de los macristas y dice que solo es una puesta en escena.

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