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El difícil camino hacia la victoria

El difícil camino hacia la victoria

Un pequeño recorrido por todos los aterrizajes, exitosos o fallidos, realizados en el planeta rojo.

El difícil camino hacia la victoria

Y bien, después de saber lo que ocurrió con Schiaparelli, volvimos a la realidad de lo difícil que es aterrizar en otro mundo, lo que estaba algo enmascarado por los éxitos de Oppy, Curiosity y otros. Ya es tiempo de revisar cuán duro ha sido el camino para llegar al planeta rojo.

El difícil camino hacia la victoria

Los primeros intentos llegaron de la mano de la URSS, en un tiempo en que los soviéticos aún llevaban la delantera a los EEUU. Después de varios lanzamientos fallidos, en 1971 lograron enviar dos sondas, Mars 2 y Mars 3, cada una de ellas con sendos módulos de aterrizaje, que provistos de aerodinámicas de frenado, cohetes, y paracaídas, debían intentar posarse en Marte. El de Mars 2 falló en el despliegue de su paracaídas, pasando a la historia como el primer objeto de fabricación humana en tocar la superficie del planeta rojo, aunque evidentemente no de la forma deseada. Sus restos desperdigados duermen hoy en algún lugar, posiblemente ya medio cubiertos por el polvo. 1-0 a favor de los derrotados.

El enviado de Mars 3 tampoco tuvo suerte, ya que entró en la atmósfera cuando una intensa tormenta de polvo sacudía la región. Pudo pese a todo ello aterrizar, pero es evidente que no en el mejor de los estados, ya que la comunicación se interrumpió después de solo 14 segundos de transmisión de datos, lo justo para enviar parte de una primera imágen. ¿Éxito o fracaso? Se puede argumentar que logró aterrizar y que merece en reconocimiento de ser la primera en lograrlo, y también, en sentido contrario, que apenas sobrevivo unos segundos, por lo que su misión se debe considerar un fracaso. Ambas cosas son ciertas. Podemos poner un 1-1 en el marcador

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Los módulos de aterrizaje de la Mars 2 y 3 eran idénticos, y ambos compartieron destinos funestos, aunque el 3 pudo decir que aterrizó y transmitió desde la superficie, aunque solo fueran unos segundos.

Los soviéticos lo intentarían dos veces más, con Mars 6 la Mars 7, y en ambos casos terminó en fracaso. La primera falló al aterrizar, y la segunda directamente falló en alcanzar Marte, y se perdió en el espacio interplanetario, entrando en una órbita heliocéntrica que quizás algún día la lleve de regreso al planeta rojo. Un recordatorio de lo complicado que es algo así. 3-1 a favor del equipo de los fracasos.

El difícil camino hacia la victoria
Estampilla soviética mostrando las Mars 4 a 7 sobre el planeta rojo. Mucho optimismo, la verdad…

Después llegaría el turno de los EEUU, que afrontaron el reto con las complejas Viking 1 y Viking 2, cada una de ellas compuesta por una sonda orbitar y un módulo de aterrizaje. En realidad, por su tamaño y objetivos, literalmente laboratorios móviles. Y ambos lograron aterrizar de una pieza. Las innumerables imágenes a todo color que enviaron son ya parte de la historia de la exploración planetaria, y los datos recabados, especialmente de sus pruebas para buscar indicios de vida, aún sigue generando discusiones entre los expertos. 3-3, remonta el equipo de los éxitos.

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Las Viking 1 y 2 fueron el primer intento de aterrizar en Marte por parte de los EEUU, y ambas resultaron un éxito sin peros.

Años después llegaría Pathfinder, en todo los sentidos el antepasado de Opportunity y Spirit, ya que utilizarían las tecnologías diseñadas especialmente para esta misión. Eran conceptos revolucionarios y al mismo tiempo de bajo presupuesto, una combinación que hacía temer lo peor. Hasta la propia NASA era pesimista. Pero realizando un aterrizaje perfecto echó por tierra esos temores, y las puertas estaban abiertas de nuevo. 3-4 a favor de los triunfadores.

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La Mars Pathfinder fue un momento clave para Marte, ya que puso a prueba las tecnologías que en su momento llevarían con éxito a Opportunity y Spirit hasta la superficie. Sonda de bajo presupuesto, lo que quería lograr era tan inédito (aterrizar mediante unos airbags, que protegerían el vehículo mientras daba botes hasta frenarse finalmente), hacia que hubiera mucho pesimismo dentro del equipo de misión, incluso de la propia NASA. Pero terminaría triunfante.

Pero Marte es un duro rival, y finalmente se cobraría su precio con la Mars Polar Lander (1999) de la NASA y la Beagle 2 (2003) de la Agencia Espacial Europea. Aunque este último fue una pérdida dolorosa, no dejaba de ser un extra a la misión de la sonda Mars Express, que por su parte funcionó, y sigue haciéndolo, sin mayores problemas, el caso de la Polar Lander fue catastrófico, ya que junto con la pérdida de la sonda Mars Climate Orbiter – por algo poco menos que estúpido -, puso en peligro todo el programa marciano de la NASA, que tuvo que ser replanteado por completo. 5-4 para los fracasados.

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La Beagle fue el primer intento europea de afrontar una operación de este tipo, pero después de separarse de la Mars Express y adentrarse en la atmósfera, nunca más se supo de ella. Años después la MRO la localizaría, desvelando lo que pasó: aterrizó con éxito, pero dos de sus paneles solares no se abrieron, por lo que la antena de comunicaciones, situada bajo ellos, no pudo funcionar y contactar con la Tierra. La sonda permaneció a la espera de unas órdenes que nunca llegarían.

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Quizás el mayor desastre para la NASA. Su pérdida, junto con el de la Mars Climate Orbiter poco después, pusieron su programa marciano en la cuerda floja. En el caso de la Mars Polar Lander, se cree que sus impulsores de frenado se pararon antes de tiempo, por lo que terminó cayendo hacia la superficie sin control alguno. Quizás no destruida, pero si dañada lo suficiente para dejarla fuera de servicio.

Después llegarían los éxitos ininterrumpidos de Spirit, Opportunity, Mars Phoenix y Curiosity, que pusieron el marcador en un claro 5-8 a favor. Pero es sintomático que en una fecha tan reciente como 2004 siguiéramos acumulando más fracasos que éxitos. Y eso es algo que siempre debemos tener en cuenta a la hora de valorar este tipo de misiones. Tocar Marte es y siempre será un desafío. Motivo de más para admirar en su justa medida todos aquellos que lo hacen posible. Y qué mejor recordatorio que lo ocurrido con Schiaparelli, que deja el marcador en un 6-8. Esperemos que los triunfadores aumenten su ventaja en el 2020.

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Phoenix llegó para superar el trauma de la pérdida de la Polar Lander, y lo consiguió plenamente. Dependiente de la energía solar, su vida estaba sentenciada a no extenderse más que unos meses, el tiempo que tardaría el Sol en desaparecer permanentemente en el horizonte durante el Invierno polar. Pero supo aprovechar bien ese tiempo.

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Opportunity, y algo menos su gemelo Spirit, son el sinónimo de éxito, y en buena parte responsables de la idea general de que posarse en la superficie del planeta rojo es relativamente sencillo. Sus 12 años en activo y de momento sin visos de terminar constituye todo un hito para la exploración interplanetaria, siendo el vehículo que más distancia lleva cubierta en otro mundo.

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Curiosity representa, a día de hoy, el mayor éxito de la NASA desde las Viking, al ser capaces de depositar un vehículo de tal tamaño y masa. En 2020 debería llegar su “hermano gemelo”, aunque provisto de un instrumental muy diferente, más centrado en buscar señales de antigua actividad biológica.

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La desafortunada Schiaparelli, cuyos sistemas no funcionaron como debía. Pero a diferencia de otros fracasos, ahora tenemos datos sobre lo que realmente ocurrió, para poder corregirlos y conseguir mayores éxitos a futuro. Ojalá que así sea.

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