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El diablo en todas sus formas de Hieronymus Bosch

El diablo en todas sus formas de Hieronymus Bosch

El diablo en todas sus formas de Hieronymus Bosch

  • Extenso, pero muy interesante. Nuevamente, no hay resumen.
El diablo en todas sus formas de Hieronymus Bosch

San Antonio, también llamado Antón Abad, residió en Egipto entre los años 251 y 356 y falleció a los 105 años de edad (Presuntamente). Gran parte de la vida adulta la consumió en el desierto, viviendo como un ermitaño, primero en la oquedad de un sepulcro, luego en una cueva y más tarde en una casucha.

Fue el primer místico de los retirados rincones de la adusta Tebaida. Buscaba la soledad, sólo necesitaba unas migas de pan que en ocasiones le dispensaba un cuervo y exprimía raíces para extraer gotas de líquido. El resto del tiempo, que es fácil imaginar insufrible, lo destinaba a la meditación y el rezo, dos formas de disolverse en la nada.

El diablo en todas sus formas de Hieronymus Bosch

Se dice que a los veinte años lo había dejado todo atrás tras “escarbar en el fondo de su alma” y decidido que la acumulación no era lo suyo. Vendió sus ciento cincuenta parcelas de tierra, dejó su casa, salió de ciudad natal de Coman, cerca de Heraclea, y desapareció en la vasta soledad de la arena. Antes de partir hacia el vacío dejó escrito un consejo:

“Si quieres ser perfecto, ve, vende lo que tienes, distribuye el dinero a los pobres, y sígueme.”

Según la narración católica, el joven que había huido de la presencia de los hombres encontró la soledad poblada de demonios. El espíritu del mal, que había adivinado en aquel joven al padre de una raza heroica, se presentaba una y otra vez delante de él “con sus innumerables transformaciones y sus especies infinitas”. Antonio veía el mundo cubierto por las redes del maligno, que se le presentaba como “un monstruo disforme, cuya cabeza tocaba las nubes y en cuyas garras quedaban prendidas muchas almas que intentaban volar hasta Dios”.

Más tarde, el fundador de los ermitaños: patrón de los amputados, protector de los animales, los tejedores de cestas, los fabricantes de cepillos, los carniceros, los enterradores, los monjes, los porquerizos y los afectados de eczema, epilepsia, ergotismo, erisipela, y enfermedades de la piel en general. Advertiria por escrito a sus discípulos sobre los peligrosos enemigos de los solitarios:

“Terribles y pérfidos son nuestros adversarios. Sus multitudes llenan el espacio. Están siempre cerca de nosotros. Entre ellos existe una gran soledad. Dejando a los más sabios explicar su naturaleza, contentemonos con enterarnos de las astucias que usan en sus asaltos contra nosotros.”

Hay varias versiones, casi todas pintadas por artistas especializadas en el flamenco pictórico. Hoy vamos a centrarnos en la que creo el mas conocido y perturbador, sorprendente, como te guste llamarlo. Hoy vamos a centrarnos en esta pintura compuesta de tres tablas (Partes), la muy conocida ‘Las tentaciones de San Antonio’.

El diablo en todas sus formas de Hieronymus Bosch

Esta pintura, que mide abierto 131 centímetros de altura por 228 de largo, responde la interpretación del Bosco, de cuya muerte se cumplen este año cinco siglos, de la narrativa que aparece en la Legenda aurea o Legenda sanctorum, el best seller medieval sobre vidas de santos compilado en torno a 1260 por el dominico italiano Santiago de la Vorágine. A continuación, un extracto de la misma que me pareció el mas interesante por ser extremadamente “lovecrafteana”

Al principio de su vida eremítica tuvo que luchar con las más patéticas estratagemas del infierno. Coronados de rosas o de cuernos, enormes como torres o diminutos e impalpables como duendes; bellos como dioses paganos majestuosos e hirsutos como profetas hebreos, transformados en larvas o cubiertos de pústulas repugnantes, con aposturas de efebos encantadores o con ademanes de ascetas encanecidos en la práctica de la virtud, los emisarios de Luzbel estaban siempre a su lado, tentadores y atormentadores.

Tomaban la imagen de un niño desvalido, que, recostado a la puerta de su cabaña, lloraba sin cesar hasta que el Padre, lleno de compasión, se acercaba para socorrerlo; o bien, metamorfoseándose en algún religioso, se cruzaban en su camino pidiéndole sus bendiciones. Otras veces, viendo que estos ardides eran estériles, turbaban sus sueños, sugiriéndole visiones de grandeza y poderío. Pero como el santo demostraba el más absoluto desdén por los esplendores terrenales, Satanás ponía en juego todo el poderío de sus legiones malditas.

Ni un paso podía dar el solitario sin ver surgir de la tierra piaras innumerables de puercos que gruñían espantosamente, manadas de chacales que estremecían con sus alaridos la soledad, millares de serpientes y de dragones que le rodeaban echando fuego por la boca. La choza se tambaleaba con la tempestad de rugidos, silbidos y estridores de aquellas fieras monstruosas.

Una vez, en medio de esta lucha, Antonio vio que sobre lo alto de la montaña se abría el cielo, dejando escapar una gran claridad, que ahuyentó a los espíritus de las tinieblas.

«¿Dónde estabas, mi buen Jesús?—exclamó entonces el solitario—. ¿Dónde estabas? ¿Por qué no acudiste antes a curar mis heridas?»

Y de entre la nube luminosa salió una voz que le decía: «Contigo estaba, Antonio; asistía a tu generoso combate. No temas; estos monstruos no volverán a causarte el menor daño.»

Pero el demonio, que es muy sabio, cambió desde entonces de táctica; olvidando la violencia y el furor, echó mano de la malicia y la sutileza. Con una ligereza imperceptible trataba de insinuarse en todos los actos de su enemigo: tomaba voz angélica para alabar su penitencia y cantar su perfección; cambiaba sus alimentos por otros más exquisitos; trastornaba el orden de las letras en las Sagradas Escrituras; cerraba los párpados del anacoreta cuando velaba y usaba toda suerte de mañas para distraerle en sus rezos.

Basta con darle un poco mas de atencion al cuadro para comprobar la delirante imaginación del Bosco para interpretar la pureza alucinada con que el santo soportaba los calvarios que le tendían las fuerzas oscuras.

El diablo en todas sus formas de Hieronymus Bosch

En esta pintura refleja en el panel izquierdo una representación de el Vuelo y caída de San Antonio (Para mi gusto, se siente como que en algún punto se olvido de dibujarlo o no supo en donde meterlo y lo pinto asi no mas, da ese efecto como si hubiera sido burdamente pegado con paint, solo una opinion personal.)

En lo alto del cielo, el santo con las manos juntas, es llevado por una nube de demonios. Más abajo una gruta, probablemente un burdel más que el antro del santo, bajo una colina formada por un árbol con forma de hombre sobre sus manos y rodillas. Su parte posterior forma la entrada hacia la que se dirige una procesión sacrílega guiada por un demonio que lleva vestimentas sagradas y un ciervo, normalmente figura cristológica, pero usado aquí en sentido sacrílego.

En primer plano, el santo, exhausto, es sostenido por dos monjes antes de la caída y atraviesan un puente sobre un lago helado; otra de las posibles lecturas es que el demonio lo ha dejado caer y estos monjes caritativos lo ayudan. Debajo del santo se ven tres figuras, una de las cuales está vestida de monje y lee una carta. Sobre el lago un demonio-pájaro con patines que lleva en el pico un rollo de pergamino con la escritura «graso». Puede que con esto se aludiera al escándalo de la venta de las indulgencias, la figura patinadora podría derivar de los grylloi del arte de época alejandrina

La tabla central, la mayor de las tres, describe la capacidad de resistir las tentaciones:

El diablo en todas sus formas de Hieronymus Bosch

Contiene escenas con todas las posibilidades de perversión ofrecidas al ermitaño. Antonio se arrodilla ante un altar, con su mano en el gesto de bendecir, y al tiempo señalando un Cristo en miniatura, y devuelve la mirada al espectador.

El santo señala la pequeña celda excavada en un torreón derruido, donde está la aparición de Cristo que indica el Crucifijo, única salvación posible y verdadero sacrificio, por contraposición a lo que están llevando a cabo los demonios a su izquierda: una misa sacrílega celebrada por sacerdotisas, entre las cuales hay una negra que lleva una bandeja sobre la que hay un sapo, símbolo de brujería pero también de lujuria, sostiene un huevo y con un músico vestido de negro con cara de cerdo y con un búho sobre la cabeza, símbolo de herejía, y un lisiado, que se preparan para comulgar.

El diablo como un puerco tonsurado y con casulla que celebra la misa negra sigue las precisiones del Malleus Maleficarum, tratado de brujería.

Una pareja de ricos engalanados juega a los dados.

En la fachada del templo derruido (…) se aprecian una serie de frisos que representan escenas bíblicas: como el regreso de la Tierra prometida, la adoración del Becerro de oro o la entrega a Moisés de las Tablas de la Ley.

Sobre el fondo, a la izquierda, hay una ciudad en llamas mientras que a la derecha en el cielo un pájaro-nave y otra navecilla volante.

En primer plano extrañas embarcaciones navegan en una laguna, pudiéndose interpretar el grupo que está en el agua, a la derecha, como una parodia diabólica de la Huida a Egipto y de la Adoración de los Magos.

A la izquierda, siempre en primer plano, de un fruto rojo (parece una calabaza) salen demonios: uno de ellos toca el arpa y está sobre un pollo desplumado (el pájaro es símbolo masculino) y (calza) en los pies dos zuecos. Apoyado sobre un muro, en segundo plano, se encuentra un hombre con la barba y con cilindro, probablemente el mago director de toda la visión.

Al fondo se ve una ciudad en llamas, rasgo típico de las escenas infernales del Bosco, y que aquí puede tener una justificación iconográfica, dado que el fuego se asocia tradicionalmente a san Antonio.

Los demonios aparecen con cuerpos deformes, o máscaras. Hay alusiones a los pecados capitales, en especial la lujuria y la gula. El pescado que aparece en el centro, en la parte inferior, puede ser símbolo del sexo femenino.

En la tabla de la derecha describe la Meditación de San Antonio como práctica salvadora ante la Reina de los demonios:

El diablo en todas sus formas de Hieronymus Bosch

Antonio intenta mirar al espectador, pero su vista queda fijada en una tabla rodeada con curiosas criaturas que están pecando.

En el cielo dos figuras vuelan sobre un pez, (porque) según la creencia, el diablo concedía la facultad de volar a las brujas.

En el fondo hay una ciudad con torres y en primer plano, una mujer desnuda, esto es, el demonio en forma de reina. La reina-diablesa, otras tentaciones variadas, y la agresión física no pueden igualarse a la devoción.

(Antonio) se vuelve hacia un tronco horadado a través de una tienda ladeada por un sapo, el santo, sobre la derecha, pretendiendo meditar y con los ojos fijos en el espectador, (tiene) junto a él un enano con una capa roja con un molinillo y un aro andador, símbolo de la inconsciencia de la humanidad.

En primer plano una tabla con los panes y la jarra de vino, última tentación del santo, está sostenida por demonios desnudos.

Y por ultimo, en su juego de dos tablas cerradas.

El diablo en todas sus formas de Hieronymus Bosch

Cuando el tríptico está cerrado El Bosco presenta en las tablas traseras de los paneles laterales dos escenas de la pasión de Cristo. A la izquierda, el Prendimiento, con Jesucristo caído en el suelo y rodeado por los soldados. En el borde izquierdo aparece, vuelta de espaldas, la figura del apóstol traidor Judas Iscariote.

A la derecha, Cristo sube al Calvario con la Cruz a cuestas. Mientras la Verónica se arrodilla ante Jesucristo; en primer plano vemos a los dos ladrones: el malo, a la izquierda y el bueno, a la derecha, confesándose.

Es como si el artista deseara disfrazar con una obra pía la torturante maldad del interior del tríptico, una de las visiones más bárbaras en cuanto representación a pesar de la falta de detalles como se pueden observar en las tablas anteriores.