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El consumo de porno por internet es la plaga adictiva.

El consumo de porno por internet es la plaga adictiva del siglo XXI





El peruano chino Óscar Tokumura, autor de «La pornografía online», defiende que ha habido modas, pero «ninguna permeó tanto en la cultura» como estas webs que se reproducen como hongos



Subraya que los jóvenes se inician a la temprana edad de 11 años

La tendencia es que las mujeres consuman cada vez más pornografía online, y el sexo virtual interactivo hace furor

El consumo de porno por internet es la plaga adictiva.

El autor de la investigación en castellano sobre pornografía online, Óscar Tokumura, durante la entrevista concedida a ABC en su reciente visita a Madrid

Una «droga dura», al estilo del crack, y de la que se necesitan diez días de desintoxicación para normalizar el cerebro. La plaga adictiva del siglo XXI que describe en toda su magnitud el limeño Óscar Tokumura es el consumo de pornografía por un solo cauce, internet, y de su paso por Madrid y la entrevista concedida a ABC se recaban datos que invitan a la reflexión. Basten algunos de ellos: el 89% del porno producido en el mundo procede de Estados Unidos, con entre 17.000 y 18.000 actores registrados en un único estado, California, y donde un 70% de los encuestados respondió que lo consumía «en la oficina»; existen más de cuatro millones de páginas temáticas de contenido pornográfico que reciben más de 146 millones de visitas diarias. Esos clics y miradas proceden del ordenador de mesa, «smartphone», tableta o consola de juego de espectadores que, para sorpresa de todos, se inician a la temprana edad de 11 años de promedio global, a los 9 años en Estados Unidos. Tokumura, miembro de una sociedad de vida cristiana en Perú desde 1985, y uno de los pocos investigadores del tema en castellano en «La pornografía online» (VozdePapel).

—Se alerta siempre sobre la tendencia creciente del juego online, de las apuestas deportivas, ¿el consumo de porno online es una forma más de adicción al juego online y se debe tratar como tal?

—No. Yo creo que es algo distinto. Normalmente se aplica la teoría de las «cinco A» en el consumo de pornografía online, acuñadas por un autor norteamericano. Lo primero es la accesibilidad, ya que nunca antes había habido un acceso tan masivo a internet, cualquier niño que tiene que hacer una tarea para el colegio tiene acceso a la Red; la asequibilidad, prácticamente el acceso a la pornografía es gratuito en su mayoría, no necesito una tarjeta de crédito para acceder a ello, no necesito invertir nada, si necesito ingerir una sustancia es más difícil o la consigo en un circuito marginal o necesito dinero; el anonimato es el tercer elemento. Y las otras dos A son distintas a las apuestas de juego online y para mí son cruciales en el consumo de pornografía online: la aceptabilidad, porque hoy en día la cultura pornográfica se ha difundido mucho, hay actrices porno que son líderes de opinión, se les entrevista, van a «realities», la gente comenta, se pasan videos por WhatsApp, hay mayor difusión e incluso si hay diálogo, surgen estos temas, esto es, se ha vuelto aceptable. Un ejemplo. En Perú hay varias revistas juveniles populares que te dan consejos o «tips» para explicar sexo oral, ser poderoso en la cama… Y el último elemento clave es la agresividad, el hecho de que sean videos y no solamente imágenes hace que las posibilidades de engancharse sean mucho más fuertes, porque una cosa es ver una imagen estética y otra cosa es ver en movimiento y haciendo. Digamos que en otros consumos de sustancias, uno va escalando, hay drogas de entrada como la marihuana antes de pasar a otras drogas más duras. Lo mismo pasa con las apuestas: uno empieza a un nivel de apuestas de un euro, por ejemplo, y pasa al salón de los grandes después.

—Pero entonces, ¿hay alguien a salvo? Porque Ashley Madison también puso a las claras que había empresarios en la lista y gente de mucho poder y dinero, políticos, pero también gente sin dinero, jóvenes y mayores…

—Hay que distinguir y no ser apocalíptico. Hay gente que cae ocasionalmente en el consumo como elemento accidental; otros tienen una recurrencia, un vicio de cada dos o tres semanas mirar una web. Es cuestión de grado. Hay adicción cuando tu vida gira en torno a esto, cuando terminas de consumir pornografía y ya estás pensando en la siguiente ocasión en que lo haces. Estamos hablando ya de un caso extremo; pero hay grises, algunos terapeutas niegan la distinción entre vicio y adicción. Cada vez hay menos gente que esté a salvo, de lo que he podido investigar, nos enfrentamos a un tipo de adicción al que nunca nos hemos enfrentado, por el nivel de amplitud, que se consuma este elemento adictivo desde los 11 años no tiene precedentes, salvo situaciones marginales extremas. En rango de edad es un tema que supera todo lo habido hasta ahora. Un 30% de los niños declara que ha tenido acceso involuntariamente y contacto con pornografía cuando están haciendo una tarea. Por otro lado, internet llega a todos, hay pueblos en el Altiplano peruano donde no hay agua, no hay luz, es (como) África, pero tiene Red y cable y la pornografía es una plaga. No sé si ha habido alguna vez una adicción que haya tenido esta extensión. Ha habido también modas, en los 60 se puso de moda la marihuana, pero no se «marihuanizó» la cultura, pasó la moda y ya está. El tema de la pornografía está permeando en la cultura.

Hemos llegado al punto de que Playboy ha terminado por no sacar desnudos, curiosamente porque ya no tiene sentido. Ahora van a sacar con ropa porque ya no venden, porque hay tanto gratis que para qué pagar. Lo que ellos ofrecen en verdad en su campaña de marketing es un estilo de vida que va más allá de lo pornográfico. De eso estamos hablando, hay una difusión tan grande que hay que establecer parámetros. Algunos dicen que en los últimos tiempos el reporte económico ha descendido por tres razones: una, porque hay demasiada pornografía gratuita, en segundo lugar, hay mucha piratería y se hackean las páginas y publican gratuitamente los vídeos por los cuales tú en principio deberías pagar. Y en tercer lugar se ha puesto de moda que mucha gente «amateur» se filme a sí misma teniendo relaciones y lo suba. Esto hace que pagar por una página de internet se vuelva menos frecuente.

—¿Y hacia dónde se camina ahora?

—Lo que dicen es que la tendencia va en la línea del sexo virtual interactivo. A comienzos de año se lanzó, aunque la realidad virtual existe hace una década, pero no ha sido exitoso pagar por un casco. En cuestiones táctiles no ha sido práctico, así que han lanzado pornografía interactiva, en 360 grados, a través de juegos y a través de páginas. Yo estuve investigando y ya venden los equipos, porque las consolas de juego son de software abierto, entonces tú puedes adaptarle cualquier tipo de programa y de artefacto, no es complicado. Actualmente, en 2013 las cifras de acceso a la pornografía online eran la mitad a través del ordenador, la otra mitad a través de «tablets» y «smartphones» y ya hay un nicho de un 3% que acceden a través de consolas de juego, porque como ya están conectadas online, pero ese 3% ha ido aumentando y lo que dicen es que va a crecer con el tema interactivo. Solamente como una referencia, hay un libro que habla de la pornografía como el motor de desarrollo de la tecnología, y aparentemente es cierto. Por ejemplo, el VHS, cuando apareció, la propaganda era graba tu programa para que no te pierdas el otro, y a nadie le importaba, hasta que empezaron a sacar enlatados o películas pornográficas. Todo el mundo quería tener eso. Cuando aparece el cable en los noventa, a nadie le apetecía tener un «aparatito» con un cable especial porque la señal abierta era gratuita, hasta que empezaron a pasar canales pornográficos, entonces todo el mundo quería tener su decodificador. Hasta el año 2005 a nadie le interesaba tener banda ancha, es decir, «yo para qué quiero tener una carretera para un elefante si siempre paso con una anguila», pero cuando comenzaron a pasar pornografía, todo el mundo se pasó a la banda ancha. Los norteamericanos llaman a la pornografía un «killer application», un liquidador de tecnología, es decir, cuando hay un salto en la pornografía en la nueva tecnología, la anterior muere.

—Usted compara el consumo de porno online y el daño que causa para la salud con un tiro de heroína o una raya de cocaína…

—Solo de manera análoga, en el sentido de la agresividad con que genera adicción, porque el shock, el disparo de gratificación al cerebro, es muy fuerte. En cuanto al tema de salud, hay investigaciones que dan indicio de eso. En 2014 salieron varias publicadas en EE.UU. Y en Alemania, el Instituto Max Planck hicieron una evaluación de qué sucedía morfológicamente con el cerebro, cuando se está expuestos más de cuatro horas a la semana a la pornografía, la zona en que se recibe el estímulo se encoge o retrae, neurológicamente se te encoge una parte del cerebro. No son estudios concluyentes, pero sí evidencian que hay un daño. La buena noticia es que el daño es reversible.

—Pasemos al tema de las responsabilidades. ¿Cómo se les mete mano, cómo se puede regular que un niño de 11 años tenga acceso a la pornografía?

—En 2013, el primer ministro británico, David Cameron, dijo que había que buscar la forma de censurar internet para proteger al menor. La prensa lo recibió con escepticismo, porque parecía un absurdo. Hizo un llamado para que se controlase eso, pero es muy difícil porque en la TV puedo establecer una franja horaria de protección del menor, en internet no, a menos que sea un cuidado familiar. Tiene que haber una cuestión educativa, de los padres de familia del cuidado del menor frente a este tema, no hay otra manera. Hay tal proliferación de material y maneras de acceder que el chico puede estar en su «Playstation» online y estar viendo cualquier cosa. Tiene que haber mucho diálogo y mucha educación. Nadie sabe cómo se aplicaría la ley, dónde están los servidores, si se puede filtrar el tema pornográfico en todos los lugares de trabajo, etc. Para legislar sobre una página, tendría que ir al origen de la página, no hay forma de que yo regule todo a lo que yo no tenga acceso cuando el principio de internet es libre. La educación sexual que nos debieron dar nuestros papás y que acabaron explicándonos los tíos o los primos acaba suplantada por esto.

—Y el papel de los Estados, ¿bastaría con campañas de sensibilización?

—Yo creo que sí serviría. Con el fenómeno del tabaco se acuñó una ciencia en Norteamérica que es la agnotología, la ciencia por la que positiva e intencionalmente se intenta generar ignorancia sobre algún tema. Nos llevó 50 años descubrir que el tabaco mata porque los estudios los hacían las tabacaleras, y todo el tiempo te decían que no pasaba nada. Sobre el tema de la pornografía se habla aún poco en el ámbito de los Estados.

—¿Hay algún país a imitar, modélico en este sentido?

—El único que he visto con una intención al menos política ha sido Reino Unido, porque había una preocupación por el tema, porque sí hay una constatación de que se está deteriorando la juventud. En el año 1954 hubo un caso emblemático en Estados Unidos: se debatió entre pornografía o libertad de expresión y constitucionalmente ganó la libertad de expresión.

—¿Cree que libros como «Cincuenta sombras de Grey» están azuzando el consumo de pronografía online o es un fenómeno editorial como tal y se debe considerar al margen?

—La persona que ha escrito este libro, y lo dice la propia autora, ha consumido pornografía y ha volcado todas las variables de fantasías sexuales que se le hayan podido ocurrir. El consumo de pornografía en mujeres ha aumentado muchísimo, es sorprendente. Hay un estudio en una página británica que se llama «Porn Research», en la que se concluyó en octubre de 2014 tras entrevistar a 5.000 personas, que entre 18 y 254 años había un 50% consumo mayor en mujeres, lo que no indica una tendencia ni una proyección, es una foto. En las mujeres, el consumo de pronografía es distinto: mientras el hombre es visual, la mujer es auditiva, y busca relatos o el contacto personal a través del chat erótico. Eso es lo que más se consume, no es extraño que la literatura romántico-erótica haya tenido esa actuación pero va de la mano con la aceptabilidad de la cultura, donde hay mamás de 40 años que le dan a su hija de 15 ese libro para que aprenda. Editorialmente, el primer libro de «Cincuenta sombras» ha vendido más que todos los libros de «Harry Potter» juntos, algo está pasando, son un fenómeno que creo que van de la mano, es una rara coincidencia.

—«Es fácil dejar de fumar si sabes cómo» se coronó como manual de autoayuda contra el mal hábito del cigarro. ¿Puede ser su libro algo semejante para el adicto al porno?

—No en ese sentido. Yo establezco algunos elementos fundamentales, no es mi área, no soy terapeuta, sí he hablado con terapeutas y psiquiatras para saber los pasos clave. No creo en los manuales de autoayuda y éste desde luego no lo es. Lo primero que hay que hacer para salir de una adicción es pedir ayuda porque la persona cree que puede salir sola. Cualquier adicto lo primero que tiene que aprender es que no tiene control sobre sí mismo, y necesita ayuda, ya sea de un profesional, o de alguien que ha pasado por lo mismo y le puede ayudar. En Estados Unidos y otros lugares los grupos de sexoadictos anónimos han tenido mucho éxito, pero parte de ese principio, de que tú solo no te puedes ayudar. Es más fácil de lo que parece, hay esperanza, pero necesitas ayuda.

—¿Cuál sería el rostro o retrato robot del consumidor de porno hoy en día?

Que se reconocen adictos a la pornografía hay un 10%. Dentro de estos, la mayoría son varones y adultos. La tendencia es que haya cada vez más mujeres, pero si hablamos de consumo, yo me temo que ahí donde haya población juvenil mayoritaria como puede ser América Latina el mayor consumo es entre jóvenes, porque es la generación nativa online.

—¿Existe algún ritual para el consumidor de porno online?

—Sí, sí. Hay dos pruebas o test homologados en castellano, que es el ISST y SATS que buscan evaluar si una persona es adictiva o no. ¿Qué rituales hay? Como en toda adicción, hay un ciclo adictivo, un sentimiento de sentirse ansioso, y existe propiamente el ritual de que toda persona prende el computador, teclea las páginas que habitualmente siempre son las mismas y ahí tiene distintos caminos de entrada a lo que está buscando. Cuando termina eso, deviene la desesperación porque siempre queda la insatisfacción como en cualquier adicción porque se esperaba el resultado de la primera vez que lo hizo. Eso siempre sucede, y ese malestar lleva luego a buscar una gratificación, una automedicación en lo único que conoce, que es volver a caer en la adicción.

—¿La sociedad mira hacia otro lado en el tema del consumo de porno online?

—Hay cierto reparo ante el tema, porque está muy asociado a un tipo de vida, a una cuestión de marginalidad. Es como cuando el sida era el cáncer gay, pero eso no se puede afirmar. Ese paso lo estamos viviendo ahora, pero como los cambios son muy rápidos y los saltos se producen de año en año, se está consumiendo porno online en todos los rincones del mundo, marginales o no.

—Si es tan global y no depende del dinero que se tenga, va a seguir aumentando si no se le pone un muro…

—Hay dos posibilidades finales: que la cuestión llegue a un punto tan degenerativo que sencillamente llame la atención y se diga que hay que parar, o un punto pendular en que eso ya no responde y retroceda, pero el daño en el camino va a ser importante.

—Es la plaga adictiva del siglo XXI, ¿usted cree?

—Por lo que expliqué, me inclino a pensar que sí, porque no se ha registrado el nivel de consumo ni de marihuana, quizá posiblemente con el tabaco, pero ni siquiera con eso.

El consumo de porno por internet es la plaga adictiva.

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