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El autoengaño.

¿Cómo puede una persona saber y no saber a la vez, la información? ¿Cómo evitamos darnos cuenta de las cosas? A veces parece como si tuviéramos la capacidad de anestesiarnos en determinados aspectos o situaciones de nuestras vidas para seguir continuando.

El autoengaño.
Aunque teóricamente una persona no podría mentirse a sí misma o al menos sería totalmente desfavorable para ésta, basta con mirar a nuestro alrededor para observar que las automentiras o autoengaños son algo común en nuestros días.

El autoengaño.
Los seres humanos tenemos un gran número de maneras de cómo engañarnos a nosotros mismos, afectando a casi todos los órdenes de nuestras vidas. Pero no solo el engaño se restringe a los seres humanos, sino que se extiende a numerosos ejemplos del resto de seres vivos como los virus y las bacterias.

El autoengaño.
Juega como una sofisticación del engaño, ya que ocultar la mentira a uno mismo puede llegar a hacerla mucho más invisible al resto. Es un mecanismo que ha sobrevivido a la evolución como siervo del engaño y la mentira, para impedir su descubrimiento. Una adaptación dirigida a incorporar nuestras mentiras y hacerlas de alguna manera inconscientes o poco visibles para aparentar a veces ser fiables, todo engaño se encuentra destinado a la autopromoción.

El autoengaño.
Cuando la verdad queda relegada al inconsciente y la mentira a la consciencia, el coste cognitivo disminuye a grandes rasgos, ya que la mentira se convierte en creíble tanto para el protagonista como para el resto de los interlocutores.

El autoengaño.
Las personas registramos constantemente el entorno en busca de señales que deben ser atendidas o que deben evitarse. Y son el mecanismo de la atención junto al de la memoria los que nos permiten recolectar aquella información necesaria para nuestra existencia y rechazar aquella que no nos interesa tener en cuenta.

El autoengaño.
Cuando esta información es considerada como una amenaza, la respuesta ante ella suele ser la aparición de la angustia o malestar en menor o mayor grado. Y es aquí cuando puede actuar y pronunciarse, ya sea de manera consciente o inconsciente. Es como si vendiéramos parte de nuestra atención por tener cierta sensación de seguridad. Llevando a cabo procesos de fragmentación de nuestra conciencia, perdiendo parte de nuestra atención en la situación y creando una especie de laguna mental. Es decir, utilizamos a la atención con la intención de negar esa amenaza y amortiguar así, el posible golpe de la angustia. Sin embargo, este autoengaño puede resultar beneficioso en algunas ocasiones, pero en otras puede resultar ser inapropiado.

El autoengaño.

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