Facebook Twitter RSS Reset

El arte, a veces, perjudica la salud…

El arte, a veces, perjudica la salud...
El arte, a veces, perjudica seriamente la salud.

Si un montón de escombros es arte, este es reflejo de su tiempo, y a tiempos convulsos le corresponde un arte convulso. Uno no puede acercarse al arte del siglo XX esperando encontrar únicamente obras agradables que le hagan exclamar «¡qué bonito!». Ya desde las vanguardias el arte empieza a aliarse con la polémica y muchos artistas, además de romper radicalmente con la tradición, asumen como objetivos sorprender, inquietar o escandalizar al público. Esta tendencia se va acentuando a lo largo de todo el siglo XX, pero en los 60 se acaba llegando a un punto alarmante. En esta década la locura, la violencia, el asco, lo abyecto y la autodestrucción se convierten en temas centrales para muchos artistas.

A continuación haremos un repaso por algunos de los más extremos, deteniéndome en aquellos que tienen como denominador común la autolesión. Antes de empezar quiero hacer una advertencia: no voy a poner ninguna imagen que hiera la sensibilidad, pero algunos de los experimentos artísticos que voy a relatar a continuación son tremendamente desagradables.

El arte, a veces, perjudica la salud...

Acción 6 de Rudolf Schwarzkogler

Empezamos con el Accionismo Vienés, que es quizá el movimiento artístico más inquietante, extraño y polémico del siglo XX y casi me atrevería a decir de toda la historia del arte. Desarrollado entre 1960 y 1970, el grupo de artistas que lo conforma nunca llegó a constituirse como tal ni tenían ninguna referencia clara o común. Entre sus principales representantes se encuentran Günter Brus, Otto Mühl, Hermann Nitsch y Rudolf Schwarzkogler. Casi todos ellos atravesaron la frontera entre lo legal y lo ilegal en nombre del arte y algunos acabaron en la cárcel. Günter Brus empieza a autolesionarse en una obra de 1965 titulada Automutilación, cuyo nombre habla por sí mismo. En 1968 la Asociación Socialista de Estudiantes Austríaca invitó a los accionistas a un acto titulado «Arte y revolución». La performance de Brus consitía en embadurnarse el cuerpo con sus propios excrementos, beber su orina, cantar el himno nacional de Austria mientras se masturbaba y acabar vomitando. Tras este espectáculo fue condenado a seis meses de cárcel y huyó a Alemania. Rudolf Schwarzkogler, por su parte, encapsuló y asfixió su cuerpo en Acción 6 en 1966. Todavía hoy se sigue discutiendo si Schwarzkogler se mutiló el pene en una de sus performances o fue un montaje. En 1969 terminó suicidándose.

El arte, a veces, perjudica la salud...

The Flicker de Tony Conrad

El factor común de todos los artistas que se incluyen en esta selección es que se hayan autolesionado, pero Tony Conrad dio un paso más y concibió una obra que produjera daños en el público. No es extraño pensar que un vídeo pueda herir la sensibilidad, sin embargo, Conrad se propuso rodar una película que provocara daños más físicos que emocionales. Lo consiguió en 1966 con The Flicker, una obra enferma que parece ser producto de una mente enferma. Su objetivo es hacer que el espectador experimente una profunda sensación de esquizofrenia a través de una especie de LSD visual. ¿En qué consiste la película? Solo son fotogramas completamente blancos o completamente negros que van parpadeando. Cuando la proyectó por primera vez se produjeron varios ataques de epilepsia en la sala.

El arte, a veces, perjudica la salud...

Shoot de Chris Burden

Chris Burden jugó con la polémica desde sus comienzos en el arte. Para su tesis de 1971 presentó la obra Five Day Locker Piece, una performance en la que se encerró durante cinco días en su taquilla. Aunque su reputación como artista no se consolidó hasta 1971, año en el que realizó su obra Shoot, en la que un asistente le dispara al brazo izquierdo desde una distancia de cinco metros. Otras hazañas llevadas a cabo por Burden han sido crucificarse sobre un coche o gatear sobre cristales rotos o permanecer varios días sin moverse ni ingerir ningún tipo de alimento o bebida.

El arte, a veces, perjudica la salud...

Ritmo 0 de Marina Abramovic

Con el tiempo Marina Abramovic se ha terminado convirtiendo en la «abuela de las performances», o por lo menos así es como se ha descrito a sí misma. Marina experimenta con el dolor desde sus primeros trabajos. En Ritmo 10 ponía la mano extendida sobre una superficie e iba dando golpes rítmicos con un cuchillo en el espacio entre los dedos. Cada vez que se cortaba tomaba un cuchillo nuevo y repetía la operación. Todo el proceso era recogido en una grabadora y tras veinte cortes escuchaba la grabación e intentaba repetir los mismos movimientos y los mismos errores. En Ritmo 5 salta sobre un fuego, pero la actuación no salió como ella tenía previsto. Marina perdió el conocimiento por la falta de aire, pero el público no se dio cuenta. Solo cuando las llamas estuvieron a punto de prender el cuerpo corrieron a socorrerla y se la llevaron inconsciente. En Ritmo 2 tomó potentes drogas, alternando estimulantes y antidepresivos. Aunque una de sus obras más conocidas es Ritmo 0, en la que preparó una mesa con todo tipo de objetos ‒un cuchillo, unas tijeras, látigos, una pistola cargada, etc.‒ y ella quedó sentada en una silla bajo un cartel que decía que el público podía hacer lo que quisiera con ella. Seis horas duró y aunque el público al principio reaccionó con pudor y precaución, finalmente Marina consiguió lo que quería y la performance terminó con un desagradable episodio de tortura humana.

El arte, a veces, perjudica la salud...

The Conditioning, first action of Self-Portrait(s) de Gina Pane

Tampoco se queda atrás Gina Pane. Tanto en Acción corporal de 1973 como en Cuerpo presente de 1975, se corta partes de su cuerpo y deja que la sangre mane. En esta última se corta lentamente la parte superior del pie con una cuchilla de afeitar y empieza a caminar dejando un rastro de sangre. También camina sobre brasas. En The Conditioning, first action of Self-Portrait(s) se permanece tumbada durante treinta minutos en una superficie metálica al rojo vivo mientras el público observa su sufrimiento.

El arte, a veces, perjudica la salud...

Orlán, transformada

A Orlán ya le dediqué un artículo titulado «Orlan, la mujer que sacrificó su cuerpo al arte». Una de las características de todos los artistas que hemos ido comentando es que utilizan su propio cuerpo como laboratorio de experimentos de un arte extremo. Pero suelen ser acciones puntuales, performances que pueden alargarse más o menos en el tiempo y que pueden repetirse, pero que en cualquier caso tienen una duración determinada. Sin embargo, Orlán ideó la obra definitiva e inmutable con su propio cuerpo, La reencarnación de Saint Orlan de 1990, inventando así el concepto de Carnal Art. Tras una planificación fría y calculada, se somete a una serie de operaciones de cirujía para transformarse en un ser distinto, un híbrido de trozos sacados de diversas esculturas o pinturas, representativas del arte y de la belleza de la mujer. Si quieres saber más detalles te recomiendo que leas el artículo que he citado antes.

El arte, a veces, perjudica la salud...

Oreja implantada de Sterlac

El artista australiano de origen chipriota Stelios Arcadiou, más conocido como Sterlac, se suele relacionar con Orlán porque también llevó a cabo una operación quirúrjica gratuita en nombre del arte. Sterlac se implantó una oreja de cartílago humano en su antebrazo izquierdo. Esta oreja tenía un chip con bluetooh que comunicaba a través de Internet para todo el mundo los sonidos que captaba. Este experimento tuvo una serie de complicaciones y se vio obligado a quitársela. Pero Sterlac sentía todavía menos aprecio que Orlán por su cuerpo. En la performance Suspensions colgó su cuerpo de 18 ganchos con los que se atravesó la piel. En 1995 se insertó electrodos en los músculos y los conectó a una red. El público podía causarle espasmos y de alguna manera provocar movimientos involuntarios del artista.

El arte, a veces, perjudica la salud...

Autosabotaje de Tania Bruguera

Tania Bruguera ha conseguido unir su nombre a la polémica. En el VII Encuentro del Instituto Hemisférico de Performance y Política en la Universidad Nacional de Bogotá Tania preparó una mesa redonda en la que los participantes tenían acceso a tres o cuatro bandejas llenas de rayas de cocaína. En la Bienal de Venecia de 2009 aprovechó que iba a dar una conferencia para realizar su obra Autosabotaje. Cuando el público entra en la sala sobre la mesa de Tania hay un micrófono y una pistola. La artista lee su texto, sobre arte y responsabilidad política, pero en un momento determinado coge la pistola, se apunta a la cabeza y aprieta el gatillo tres veces. Después, al acabar el texto, vuelve a hacerlo una cuarta vez al aire y la pistola dispara. El público ha presenciado, sin saberlo, una ruleta rusa.

El arte, a veces, perjudica la salud...

Performance de Pinoncelli

De Pierre Pinoncelli ya he hablado alguna vez porque destrozó a martillazos dos de los ocho urinarios de Duchamp. Aunque esta vez quisiera detenerme en un episodio que tuvo lugar en el V Festival de Performance de Cali. Frente a un público atónito, Pinoncelli se mutiló un trozo de un dedo meñique de un hachazo. A continuación metió el dedo en un frasco con formol y roció una pared con la sangre que manaba de la herida. Esta actuación era una protesta contra la violencia de la guerrilla de las Farc y el secuestro de Íngrid Betancourt.

El arte, a veces, perjudica la salud...

La tensión doméstica de Wafaa Bilal

El artista iraquí Wafaa Bilal ha protagonizado uno de los episodios más absurdos e increíbles de los últimos años en el arte. Fue a raíz de su obra de 2007 La tensión doméstica. Bilal se encerró en una habitación vacía de una galería de arte durante un mes, comiendo y bebiendo lo que el público le traía. Hasta aquí no hay nada novedoso. La cuestión es que Bilal instaló una pistola de paintball en la habitación que el público podía accionar y disparar a través de Internet. El problema llegó cuando la noticia saltó en Digg que más de 60.000 personas de 130 países distintos entraran en la página y desataran sobre Bilal una muerte de color amarillo fluorescente. Unos hackers consiguieron programar la pistola para que disparara automáticamente. A los diez días ya le habían disparado más de 40.000 veces y al final la media llegó a un disparo por minuto. Y así durante treinta días.

Bueno, les pongo la fuente acá porque no me deja colocarla de otra forma:

lapiedradesisifo.com/2013/10/07/el-arte-a-veces-perjudica-seriamente-la-salud/

No comments yet.

Leave a Comment