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El Alma frente al Milagro

El Alma frente al Milagro

El Alma frente al Milagro

El Alma frente al Milagro





Era Dios. Era Dios hecho hombre;

Era Dios, el Amor y el Milagro;

mas los hombres cerraron los ojos,

la Verdad y el Amor rechazaron;

no siguieras al Cielo, hecho hombre,

no siguieron su fe ni sus pasos;

y por cada palabra le hirieron,

y por cada palabra del Santo

devolvieron injurias y burlas,

vituperios, dolor, latigazos,

y punzante corona de espinas

que en su blonda cabeza clavaron;

y una cruz que llevó en sus espaldas

a la cima del monte Calvario,

desgarradas las carnes sangrientas,

con un rezo en sus labios exhaustos,

con un rezo en. su boca sedienta

y el perdón en su pecho cansado.

Lentamente llegó al sacrificio.

Fue elevada la cruz en la tarde.

Cerca suyo su madre lloraba,

y los ángeles todos llevábanse

el dolor de la Madre hecho lágrimas

y el dolor de Jesús hecho sangre.

y empezó del Señor la agonía

junto al agonizar de la tarde.

Despues un profundo suspiro

partiendo del alma.

Jesucristo inclinó la cabeza

de espinas orlada.

Lloraban los cielos,

la Virgen lloraba.

Sus oídos aún retenían

las santas palabras,

las santas palabras del Hijo

que sangraba por sus cínco llagas.

Después el milagro:

¡Hosanna! ¡Hosanna!

Jesús redivivo

por la tierra anda

Y de nuevo brinda

su buena palabra,

y así desde entonces,

sembrando esperanzas,

está en todas partes

repartiendo Gracia.

Está en la llanura,

está en la montaña,

está en el arroyo

y en el hilo de agua;

está en la semilla

que la tierra aguarda

y está en la tibieza

del ala.

Está en la tristeza

de las noches largas

y está en la alegría

de las horas mansas.

Las madres les rezan,

los niños le alaban,

le rezan las novias,

oran las muchachas;

los jóvenes dicen,

sueños y esperanzas;

y los viejecitos,

por la gracia de nuevas mañanas

que por horas las vidas alargan,

piden por el nieto

al que tanto amen,

piden por el hijo

en lenta palabra.

Por los invisibles caminos del Cielo

suben las plegarias.

El todo lo escucha,

El todo lo abarca;

y siempre es consuelo,

es paz y esperanza

rezarle a El qué anhela

anidar las almas.

Jesús redivivo

por la Tierra anda.

¡Que toquen a gloria

todas las campanas!

Por Gerardo Schiaffino

Fuente:

Revista Rosalinda marzo 1953

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