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Edwin Lord Weeks: La esencia de oriente retratada

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Es re largo, trata sobre la vida de un paisajista estadounidense que supo retratar la esencia de oriente. Me supo entretener, por ahi a vos no. Nadie te obliga a quemarte los ojos al pedo leyendo todo, pero resulta interesante.Junto con Frederic Arthur Bridgman, Edwin Lord Weeks es uno de los más célebres dibujantes orientalistas de América, vivió yendo de acá y para alla al menos hasta su vejez, a pesar de lo cual se sabe poco de su vida, y menos fuera de EE.UU hoy vamos a dedicarle un post.

Edwin Lord Weeks: La esencia de oriente retratada

Los padres de Weeks fueron ricos comerciantes de té y especias afincados en Newton, un suburbio de Boston y, como eran ricos, eran capaces de aceptar, e incluso de promover y hasta probablemente de financiar, el interés juvenil de su hijo por la pintura y los viajes. De joven Eduardo visitó los Cayos de Florida para dibujar y también viajó a Surinam, un pequeño país del norte de Sudamérica que los europeos llaman aún Guayana Holandesa. Sus primeras pinturas conocidas están fechadas a partir de 1867 cuando tenía dieciocho años, aunque la verdad es que aún son bastante malas como para postearlas.

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A los 21 años abrió un estudio en Newton, el mismo año se casó con Frances Rollins Hale de New Hampshire. Al año siguiente, acompañado por un amigo, el ilustrador AP Close, viajó a Egipto, Tierra Santa y Siria hasta Damasco. Sus cuadernos de viaje son preciosos porque están repletos de ilustraciones con las escenas del norte de África. Sin embargo, en Beirut, Close falleció de una fiebre y fue enterrado allí. Durante una breve estancia en Marruecos, por esas fechas, es probable que se encontrara con el académico escocés Robert Gavin (1827-1883) que vivió y trabajó en Tánger durante la década de 1870.

Después del regreso de Weeks a Newton, los diarios de Boston publicaron la descripción de sus temas nuevos y también comentaron con entusiasmo una exposición de sus obras en el Club de Arte de Boston, lo que suponen las primeras pruebas de su creciente importancia como artista, al menos en su ciudad natal. La transcripción del Diario La Noche de Boston del 23 de junio 1874 anuncia que pronto se embarcará para Europa y que pasará una temporada en París antes de regresar a Oriente para estudiar los magníficos colores encontrados allí.

Al llegar a París junto con su esposa, Weeks intentó inscribirse en el taller de Gérôme en la École des Beaux-Arts. Sin embargo, mientras esperaba que su solicitud fuera aceptada, comenzó a trabajar en un taller privado, el de Léon Bonnat, un amigo cercano de Gérôme que también había viajado con él al norte de África. Cuando finalmente se le concedió la admisión al taller de Gérôme en septiembre de 1874, quedó tan satisfecho con sus estudios con Bonnat que decidió quedarse allí. Aunque las revistas de Boston a partir de entonces comenzaron a llamarlo “un estudiante de Gérôme”, de hecho nunca lo fue y siempre se refiere a sí mismo como un “estudiante de Bonnat”. Sin embargo, es probable que como él sabía la importancia social que tenía ser descrito como estudiante de Gérôme, no hiciera demasiados esfuerzos por desmentirlo.

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Bonnat fuen un buen pintor a pesar de haber sido un autodidacta y sólo tenía 31 de edad en el momento de comenzar a enseñar, pero a esa edad ya era un consagrado pintor realista. Sus métodos de enseñanza eran algo radicales en comparación con las de los profesores de la Escuela pues animaba a sus alumnos a pintar, o a dibujar, poniendo menos importancia en el estudio de los detalles de la forma humana y más en todo el cuerpo como un objeto idealizado. Se cree que Weeks se quedó con él durante casi un año y medio y que, sin duda, absorbió el estilo realista basado en representar las características del sujeto y también los métodos de trabajo al aire libre para estudiar los efectos de los recursos naturales y las luces y sombras. En realidad ello le proporcionó la formación ideal para pintar escenas étnicas.

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Los detalles precisos de los viajes de Weeks en los años siguientes no están bien documentados, sin embargo sabemos que regresó a El Cairo en la primavera de 1875, y que en el otoño siguiente se fue a Marruecos, con toda probabilidad después de haber pasado el verano en París. A su regreso a Estados Unidos, en febrero de 1877, celebró una exposición en la Galería de Noyes y Blakeslee, en Boston. Fue muy bien recibido y, de acuerdo con los diarios de Boston, las ventas resultantes fueron suficientes para financiar un viaje de varios años a la India. Pero esto no estaba aún por suceder y regresó a París, donde comenzó una obra -“Camellero Marroquí”- destinada para ser expuesta en el Salón de 1878 , lo que sería su primera participación en el Salón. A continuación, se preparó para pasar un largo invierno en Marruecos, cuyos detalles fueron publicados en la revista Scribner en 1901.

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En Marzo de 1878 preparó su viaje para visitar Rabat, que está en la costa atlántica marroquí, evitando los puertos del norte frecuentados por los turistas, y así cruzó el Estrecho de Gibraltar acompañado por su esposa, hasta llegar a Tánger, donde su amigo Robert Gavin estaba viviendo. Gavin se unió a ellos en su viaje. Fueron cinco días andando por caminos de barro y atravesando ríos desbordados y además no esperaban a encontrar un solo hotel en Rabat, así que se llevaron con ellos los suministros suficientes para una estancia de tres meses. Sin embargo, después de todo, eso les salvó pues al llegar a Rabat se encontraron la región afectada por la hambruna, lo que no le disuade de permanecer en la ciudad y, contando con la ingenuidad de los funcionarios de Tánger y sus divisas, comenzaron a hacer una distribución de pan a los pobres, mientras a cambio les pedía que posaran para él.

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Se decidió por regresar a París en febrero, con la intención de llegar a tiempo para el Salón. Sin embargo, una terrible tormenta de arena les impidió embarcar en el vapor costero por lo que planeó viajar por tierra a lomo de camello. Pero el día de la salida prevista de el y su esposa sucumbieron a la fiebre tifoidea y Gavin, que se inmuniza al parecer, los cuidó hasta que el peligro pasó. Pero no fue antes de la primavera cuando consiguieron subir a un barco que llevaba la bandera británica, y aun así, fueron sometidos a una violenta tormenta marítima en su viaje de regreso.

A pesar de las molestias y peligros de su visita a Rabat, Weeks volvió a esa ciudad antes de que hubiera pasado un año. Quería visitar las ciudades legendarias del Magreb, pero las circunstancias adversas del interior habían obstaculizado su anterior plan de viaje desde Tánger a Fez por tierra. Esta vez siguió la costa de Mogador, donde obtuvo el permiso del gobernador para entrar en el interior del país, escoltado por una guardia armada hasta Marrakech. Allí obtuvo el permiso del potentado local para dibujar en las calles. Estaba fascinado por los contrastes entre el comercio floreciente de los bazares y los antiguos monumentos en estado de abandono. Weeks no expuso durante dos años, hasta 1880. Luego, en sus muestras todas sus composiciones eran de temas marroquíes y los precios que pedía eran comparables a los de los mejores pintores franceses de la época, a pesar de lo cual vendía sus cuadros sin problemas.

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Años más tarde, en 1883 viajó a la India y, de acuerdo con sus propias cartas, pasó todo el viaje día y noche pintando y haciendo fotografías, que probablemente utilizara para registrar los detalles arquitectónicos y los fondos de sus composiciones. Volvería de nuevo en 1892, por encargo de la revista Harper, esta vez acompañado por el periodista Teodoro Child que iba a escribir una serie de artículos sobre sus viajes con ilustraciones de Weeks.

Previendo un viaje por tierra de enormes proporciones, planeaba partir de San Petersburgo y tomar el tren Tran Caspio a Samarcanda para luego descender a través de Herat en Afganistán. Sin embargo, un brote de cólera en las provincias rusas del norte se lo impidió, así que decidió seguir la ruta de las caravanas antiguas de Trapisonda en el mar Negro hasta Tabriz y desde allí a través de Kurdistán.

Llegaron a Trapisonda (Turquía) en julio de 1892 y allí organizó una caravana. Fueron asesorados por su guía para comprar un par de “arabas” (carruajes grandes de lona). Así, tirado por cuatro caballos, se pusieron en marcha en dirección sudoeste acompañados de dos arabas. Sin embargo, apenas habían iniciado su marcha, sus caballos se enfangaron en un pantano y casi se ahogan. Afortunadamente los animales pudieron ser rescatados por los mismos caravaneros.

Después de haber vendido su araba, viajaban al estilo persa, a caballo, con un total de diez caballos, dos los de ellos y los otros ocho para su equipo y el equipaje. Weeks, descubrió que el concepto de viajar de esta manera le resultaba altamente satisfactorio y hasta romántico, tienda de lona cada noche, registro de su progreso en el diario de viaje y, después de la cena, sentados bajo el toldo de su tienda, fumando mirando la puesta de sol sobre el horizonte.

Finalmente llegó a Teherán, una gran ciudad cosmopolita dotada de un tranvía y una población extranjera importante. Por el contrario, Isfahan les pareció muy extenso puesto que les llevó una hora para pasar por los pueblos de alrededor y los bazares antes de llegar a la zona central. Pero la arquitectura era impresionante y el fragante aire estaba impregnado del aroma de fruta madura.

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Sólo uno o dos días después de salir de Shiraz, Child comenzó a mostrar síntomas de fiebre tifoidea y los Weeks lo enviaron de nuevo a Isfahan para su medicación. Pero ya era demasiado tarde y Child murió en el viaje de regreso. Cuando Weeks reanudó su viaje a Shiraz le estaban esperando con una lista de los “pueblos contaminados”, que el cónsul le había hecho saber. A las puertas de la ciudad, comunicada por carta enviada con antelación, fue recibido por dos hombres e inmediatamente transportado a otro universo -el de una colonia extranjera donde se cenaba en una mesa y en la que “hombres vestidos de franela blanca juegan en las canchas de tenis” literalmente dicho por el. Para volver al Golfo Pérsico, los Weeks tuvieron que cruzar las montañas Kotal, con un pico de 2.250 metros de altura, a caballo. Sin embargo, el 29 de noviembre de 1892 en la costa pantanosa de Bushir, se subieron por fin al barco de vapor Occidental y se despidieron de sus compañeros. Se dirigían a la India.

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Weeks pasó dos años en la India antes de regresar a París. Sus pinturas de la vida india le dieron gran celebridad en Francia y en los Estados Unidos y se por eso las convirtió en su especialidad. A partir de entonces se retiró a pasar trece años en una residencia lujosa con un taller enorme en la Avenue de Wagram antes de asentarse definitivamente en París, cerca del Bois de Boulogne. En 1896 fue nombrado Caballero de la Legión de Honor y continuó pintando hasta su muerte en París en 1903, que se cree que se debió a una enfermedad contraída en la India. Una esquela necrológica lo describió como “un hombre reservado con una voz tranquila y de estatura más bien pequeña, pero viril, amable y afable”.

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