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Edgar Allan Poe y la pedofilia

Edgar Allan Poe y la pedofilia

«Cada vez yo sentía todas las agonías de su muerte, y en cada avance de mi trastorno la amaba con más intensidad y me aferraba a su vida con más desesperada pertinacia. Pero soy por constitución sensible, nervioso en un grado muy poco frecuente. Me volví loco, con largos intervalos de horrible cordura»

Edgar Allan Poe, en una carta a su amigo John Henry Ingram

El primero de nuestros modernos. El último de los románticos. Y, en todo caso, refutación de ambas cosas. Edgar Allan Poe murió hace 164 años en Baltimore, Maryland, cuatro días después de haber sido encontrado vagando y delirando por las calles de esa ciudad, vestido con ropas ajenas, después de una aún no explicada y súbita desaparición que duró cerca de un mes. No recuperó la lucidez en los cuatro días que le quedaban de vida: lo que sucedió en sus últimas semanas permanece como uno de los enigmas más indescifrables de la historia literaria.

Edgar Allan Poe y la pedofilia

Pero Edgar Allan había sido feliz, inmensamente feliz, al menos por un período: el de los once años en que vivió casado con Virginia Eliza Clemm, su prima hermana, que se convirtió en su esposa teniendo ella 13, y él, 27. Ambos habían vivido juntos acompañados de otros miembros de la familia, pero fue hasta 1835 que el autor de El Cuervo, embriagado de los ojos violeta y la figura virginal, pálida y casi angelical de Virgina, la pidió por esposa. Curiosamente, al conocer Poe a Virginia (teniendo ella siete años), ella llevaba los recados entre Poe y una vecina de quien se había enamorado.

Los problemas no escasearon: un cuñado de Virginia, Neilson Poe, intentó por varios medios hacer desistir a Edgar de desposarla a edad tan temprana, insistiendo en llevársela a otro lugar para que completara su educación y dejando pasar algunos años para que Edgar reconsiderara su intención. Poe se enemistó con Neilson, quien dirigía un periódico, y escribió apasionadamente a la madre de la joven, pidiéndole que no intercedieran y dejaran a Virginia “decidir por sí misma”, una petición curiosa, si se pide matrimonio a una jovencita de 13 años.

Edgar Allan Poe y la pedofilia

Los once años que duró el matrimonio están sumergidos en una especie de bruma que mezcla el romanticismo con lo enigmático, y han despertado pasiones entre los historiadores y biógrafos del autor. Sobre la boda, los investigadores han llegado a confirmar los detalles más inútiles (como quién horneó el pastel o a qué hora exacta se llevó a cabo), pero en cuanto a la vida marital de los Poe, no circula ninguna versión completamente verificable.

Al parecer, Edgar y Virginia no compartieron el lecho durante los primeros dos o tres años, al estar el narrador poseído por un éxtasis ante la virginidad de su compañera. Joseph Wood Kurtch, de la Universidad de Columbia, afirma con ironía que “Poe no necesitaba a las mujeres en el modo en que las necesitan los hombres normales”, sino como motivo estético; el mayor placer que Virgina le otorgó en esos primeros años lo obtuvo al cuidarla y atenderla, no al dormir con ella. George Rex Graham, editor y director de revistas en Pensilvania, solía afirmar que el amor de Poe por Virgina fue “una especie de adoración extática al espíritu de la belleza”.

La felicidad fue corta: a inicios de 1842, Virginia fue diagnosticada con una tuberculosis ya desarrollada que en poco tiempo la convirtió en un ser pálido, lánguido, postrado siempre en cama y con poca fuerza. Hacia 1846, la familia se trasladó a una casa de campo con un clima más propicio para luchar contra la enfermedad. Se publicaron anuncios en la prensa pidiendo ayuda para la esposa del popular narrador, pero Virgina murió el 30 de enero de 1847, unas horas después de que Edgar Allan escribiera una carta a una conocida donde decía: «Mi pobre Virginia vive todavía, aunque marchitándose deprisa y sufriendo mucho dolor». Al día siguiente, empezó para Poe una depression profunda y una inmovilidad casi absoluta de la que no saldría en varios meses.

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La relación entre Virginia y Edgar Allan Poe no terminó ese día: a lo largo de su vida y su obra, Poe exploró la tuberculosis y la enfermedad como uno de sus grandes temas; asimismo, la figura de la joven virginal, casi niña, enferma o de muerte temprana se convirtió en otro leitmotiv de su producción; tal vez el relato “Annabel Lee”, de 1849, sea el de referencia más directa. El poema “Ulalume” y “Lenore, la más hermosa muerta que falleció tan joven” son otros rastros imborrables de Virginia en la narrativa de Poe, así como el relato de la lenta enfermedad que aqueja a una joven en “Ligeia”, la travesía de un hombre que transporta el cadaver de su mujer en “La caja oblonga” o, en “Eleonora”, el retrato de un joven esperando poder casarse con su prima.

Pocos registros hay de un suceso trágico como inspiración tan fértil para una mente creadora. Tal vez al final, el Edgar Allan Poe que fue encontrado vagando sin rumbo en las calles de Baltimore, completamente fuera de sí, habría elegido no ser Edgar Allan Poe en absoluto sino haber sido, sencillamente, el esposo de Virginia Clemm.

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