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Drogadictos: Tira cenizas de su hermano en recital del Indio

Una joven decidió esparcir las cenizas de su hermano, que murió hace 10 años, mientras desde el escenario el Indio entonaba JiJiJi y en el campo la gente hacía el “pogo más grande del mundo”.

Drogadictos: Tira cenizas de su hermano en recital del Indio

A 10 años de su muerte, Tania Ayelén decidió que las cenizas de su hermano tenían que tener un destino único. Así fue que las esparció sobre el Hipódromo de Tandil durante el último recital del Indio Solari.

Aunque no brinda detalles sobre la historia de su hermano Nicolás, Tania deja en claro que falleció hace 10 años. Ella decidió retirarlo del cementerio y cremarlo. Una amiga le dio el dato que terminó disparando esta locura. “Pensá en lo que a él le gustaba, lo que lo hacía feliz”, le dijo su amiga y ella captó el mensaje: “El Indio, Los Redondos”.

El 25 de febrero, 23 días después de haber decidido que cremaría a su hermano, cuatro entradas para ir a ver al Indio a Tandil. Un par de días después, Tania, su pareja, una hermana y Sol, la hija de Nicolás, de 11 años, emprendieron el viaje.

A través de su cuenta de Facebook Tania relató:

Llegó el 12 de marzo, los bolsos ya armados y la idea de olvidarme las cenizas en casa no me había dejado dormir, así que medio zombie y nos me fui con la cajita bajo el brazo y la emoción a flor de piel. En la ruta las cenizas pasaron a ser “el chabón”, mi hermano; lo llevé conmigo todo el viaje. Bajábamos y él bajaba conmigo, sólo quedó a cargo de algún compañero cuando tuve que ir al baño. Tenía la necesidad de estar junto a él, sentirlo conmigo.

Ya en Tandil con un par de lágrimas caídas en el camino, nos tomamos juntos el último Gancia y nos comimos el último chori. En el aire flotaba una energía inigualable, como si todos los que andaban por ahí fuesen parte de eso que me pasaba. Esperar a mi hermana y mi sobrina se hizo eterno. Llegaron sobre la hora con las pulseras de invitados y las chicas llenas de luz. Empezamos a caminar hacia la entrada, hacia la famosa misa india; la peregrinación estaba llegando a destino. No pude dejar de abrazar a Sol que ahora llevaba a su papá en la cajita. Por fin entramos al predio, ¿Y ahora? ¿Cómo se hace esto? ¿En qué momento? ¿Al aire? Alguien podría molestarse si lo ensuciamos de cenizas…

Entonces, pregunté:

– ¿Che… con qué tema lo largamos al chabón? ¿Con “Ji ji ji”?

– Sí. Vemos todo el recital con él y con el último tema lo dejamos ir.

Y así fue.

Después de una lista larga que nos llenó de recuerdos de él, de llorar un poco y abrazarnos mucho y muy fuerte el Indio dijo:

– ¡Ahora una que sepamos todos!

Suenan los primeros acordes de “Ji ji ji” y el corazón se acelera. Era la hora de dejarlo ir para que sea rock. Destapé la cajita que llevaba su nombre en la tapa -Pablo Nicolás- y abrí la bolsa; le ofrecí cenizas a su hija que metió la mano e igual que yo agarró un puñado. Así, con la euforia de la música y de la despedida, en el medio del pogo más grande del mundo dejamos caer las cenizas de quien para mí era mi hermano y para ella su papá. No supe del mundo en ese instante.

De repente un pibe que tendría la edad de Nico al momento de morir -21 años no mucho más- se me acerca y me pregunta qué era eso que tirábamos, a los gritos le contesté:

– ¡Las cenizas de mi hermano, loco! El chabón más ricotero que conocí.

El pibe inclinó su vaso y uniéndose al ritual dejó caer sobre las cenizas un chorrito de cerveza. Cuando la ceniza dejó de caer de mi mano y la cerveza de la suya lo abrace con la sensación de estar abrazando a mi hermano por última vez. El pibe no tiene idea de lo que significó ese abrazo para mí. La ceremonia terminó con mi hermana, mi sobrina, el flaco, el pibe, las dos pibas llenas de luz, y yo apretados en una ronda de mini pogo. Terminó el tema y no pude más que arrodillarme ante el Indio y gritarle mis gracias, gracias y gracias.

Su música nos unió aun después de la muerte, me hizo sentirlo más vivo que nunca y me dejó la sensación de paz que no había podido sentir en diez años. Me sentí feliz de estar ahí y de compartirlo con esas personas (aunque faltó mi otra hermana; con ella hubiera sido aun más perfecto). Con alegría y música le dimos un final feliz a una historia trágica y encontramos un nuevo modo de conectar con quien ya no está. Ahora Nico es “Ji ji ji”, ahora está más cerca aun estando nosotros en Buenos Aires y él en Tandil.

Quién dijo que Nico se fue, si ahora está más presente que nunca.

No lo soñé, hermano. Te llevo conmigo hoy y siempre: ¡Ricoteros aún después de la muerte!

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