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Dos poemas.

I.

Me persiguen las visiones del suicida,

la soga

la flamante pistola

la nariz de Trakl,

la modelo que se arroja

desde altivos edificios.

Me imagino las últimas horas,

los estertores enardecidos

devorandole las tripas

a los locos y furiosos homicidas

de su propia anatomía.

Yo predico con los dementes,

porqe soy demente,

predico con los imbéciles

porque soy imbécil.

Y si tiro al mar mi ser destartalado,

convendrá dejarlo al fondo,

donde ya nunca respire,

convendrá ignorarlo pronto

por inerte compañiá

y matarlo si no quiere suicidarse.

¿Pueden los carruajes de la desesperanza

llevarse el alquitrán de mis pesares?.

Mi alma me reclama,

le incomoda el cuerpo.

y esta es la proclama de sus vanidades

pero es el espíritu carroña de otra especie,

diversa de la carne y sus placeres,

pero otra carencia lo distiende,

como un puto tálamo vencido.

II.

Los angustiados resguardan la humanidad

en el mundo.

Ángeles caídos en el barro.

gritando su revuelta de justicia.

Los afligidos guardan tu destino;

ellos sufrirán por tí y por mí;

el lacerante dolor de los vencidos;

de la humillación de los canallas.

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