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Dos cartas de Pablo Neruda a Matilde Urrutía

Dos cartas de Pablo Neruda a Matilde Urrutía
Dos cartas de Pablo Neruda a Matilde Urrutía

Neftalí Ricardo Reyes Basoalto (quien escribiría posteriormente con el seudónimo de Pablo Neruda) nació en Parral el año 1904, hijo de don José del Carmen Reyes Morales, obrero ferroviario y doña Rosa Basoalto Opazo, maestra de escuela, fallecida poco años después del nacimiento del poeta.

Tras publicar algunos libros de poesía, en 1924 alcanzó fama internacional con Veinte poemas de amor y una canción desesperada, obra que, junto con Tentativa del hombre infinito, distingue la primera etapa de su producción poética, señalada por la transición del modernismo a formas vanguardistas influidas por el creacionismo de Vicente Huidobro.

En 1945 fue el primer poeta en ser galardonado con el Premio Nacional de Literatura de Chile. Al mismo tiempo, desde su escaño de senador utilizó su oratoria para denunciar los abusos y las desigualdades del sistema. Tal actitud provocó la persecución gubernamental y su posterior exilio en Argentina.

En octubre de 1971 recibe el Premio Nobel de Literatura.

Muere en Santiago el 23 de septiembre de 1973 . Póstumamente se publicaron sus memorias en 1974, con el título Confieso que he vivido.

Dos cartas de Pablo Neruda a Matilde Urrutía
Dos cartas de Pablo Neruda a Matilde Urrutía

Dos cartas de Pablo Neruda a Matilde Urrutía

“Señora mía muy amada, gran padecimiento tuve al escribirte estos mal llamados sonetos y harto me dolieron y costaron, pero la alegría de ofrecértelos es mayor que una pradera.

Al proponérmelo bien sabía que al costado de cada uno, por afición electiva y elegancia, los poetas de todo tiempo dispusieron rimas que sonaron como platería, cristal o cañonazo.

Yo, con mucha humildad hice estos sonetos de madera, les di el sonido de esta opaca y pura substancia y así deben llegar a tus oídos.

Tu y yo caminando por bosques y arenales, por lagos perdidos, por cenicientas latitudes, recogimos fragmentos de palo puro, de maderos sometidos al vaivén del agua y la intemperie.

De tales suavizadísimos vestigios construí con hacha, cuchillo, cortaplumas, estas madererías de amor y edifiqué pequeñas casas de catorce tablas para que en ellas vivan tus ojos que adoro y canto.

Así establecidas mis razones de amor te entrego esta centuria: sonetos de madera que sólo se levantaron porque tú les diste la vida.”

Dos cartas de Pablo Neruda a Matilde Urrutía
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Dos cartas de Pablo Neruda a Matilde Urrutía

“Hoy es el sábado 28 y he amanecido sin tus pies.

Fue así.

Me desperté y toqué al fin de la cama una cosa durita que resultó ser la almohada, pero después de muchas ilusiones mías.

El hijo de nuestra tía se portó indiferente, me esperaba un auto (del impresor) y marché raudo.

Tu hijo será gordo y maravilloso, tendrá 180 páginas.

Y tendrá dibujitos en la frente y trasero.

Bueno, parece que mi tía no quiere que vuelva a Italia y debes preparar tu viaje, pero con calma, como cuando comemos.

Hasta ahora es así. No sé si en el día se cambiarán las cosas. Esta mañana me llevaron a un sitio con una tina blanca, no comprendí al principio, pero me metí, con miedo de disolverme.

Había una gran toalla, qué pérdida de trapo, en S. Angelo se hubiera cortado en 12 y hubiera servido hasta junio 1953.

Cuando me levanté y abrí a la camarera vi que me faltaba una parte de pyjama que según me dicen se llama pantalón.

Es así: [dibujo de un pantalón.]

Patoja mía estoy contento, soy como un soldado con su retaguardia segura.

No me importa el fuego.

No sé si estoy aun con mar o agua de Patoja, todo mi cuerpo está saturado de tí.

Eres parte de mí, como la pirinola de su cane, sólo que tengo pirinolas tuyas hasta en el alma.

Recién me llaman, esta tarde te escribiré de nuevo, acumularé todo el día besos para todo tu cuerpo que es interminable para mí, aunque la vida me la pasaré besándolo no lo terminaré de besar.

Desperté a las 6 ½ y a las 8 estaba vestido, son las 9 salgo a los tickets. Hay algo más importante que tu y que yo, somos tu y yo.

Juntos somos lo que la pobre gente no alcanza jamás, el cielo en la tierra.

Te aprieto a mi corazón, amor mío, con cuerpo, alma y amor.

Tuyo Tu capitán.”

Dos cartas de Pablo Neruda a Matilde Urrutía

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