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Devaluar o no devaluar, la polémica del día.

La devaluación por sí sola no resuelve ningún problema. Para salir adelante necesitamos una política fiscal y monetaria sería, reglas de juego claras que generen previsibilidad y sustentabilidad.

La Argentina tiene la particularidad de tener discusiones maniqueas, que nunca llegan a buen puerto. En este caso pasaremos a analizar la devaluación del tipo de cambio.

Devaluar o no devaluar, la polémica del día.

La devaluación del tipo de cambio, debería ser la consecuencia de una política monetaria y fiscal que lleve adelante el próximo presidente.

Devaluar no implica que el salario del trabajador pierda poder de compra. Sin embargo, en la Argentina, ante cada devaluación los precios corren antes que el tipo de cambio, y se produce una inflación que termina afectando al salario real.

Para que esto no suceda, es necesario trabajar con un plan monetario y fiscal, para que la devaluación no termine siendo el mamarracho de enero de 2014.

En la Argentina la política monetaria de los últimos años fue netamente expansiva, la tasa de interés y la tasa de devaluación se ubicaron por debajo de la tasa de inflación. Esto genera incentivos a no ahorrar en pesos y dólares, para comprar activos o dólar en el mercado informal. Lo que genera inflación y alta especulación.

Para salir de dichos incentivos, el futuro gobierno tendrá que unificar el tipo de cambio, combatir la inflación, hacer que la tasa de interés y la tasa de devaluación sean más altas que la inflación.

Si la tasa en pesos es más elevada que la inflación, puedo recrear un mercado de ahorro en pesos. Esto traerá como consecuencia, que los Argentinos recuperemos la posibilidad de ahorrar en nuestra moneda sin perder poder adquisitivo.

Si la tasa de devaluación es más alta que la inflación, nuestros productos medidos en dólares caerán de precio, y esto nos hará más competitivos en el mercado internacional.

Para poder ser eficientes con estas medidas, y sustentables en el tiempo, el gobierno debe trabajar en la política fiscal. Esto implica que los ingresos sean mayores que los gastos.

Con datos al mes de julio, el déficit fiscal anualizado asciende a $ 180.000 millones, y si le detraemos los aportes del Banco Central y Anses, dicho déficit asciende a $ 350.000 millones.

Este déficit no se puede bajar de un día para el otro, pero sería necesario trabajar en estos puntos.

  • – El próximo gobierno debería no incrementar este déficit en el primer año de gobierno, para romper con la inercia del déficit fiscal creciente.
  • .- Debería financiarlo con crédito externo, y no recurrir al financiamiento vía emisión monetaria.
  • .- Debería eliminar tributos regresivos, y ajustar partidas de gasto, que no afecten el gasto social.

Si la política fiscal está bajo un tratamiento de largo plazo, para recuperar el superávit fiscal; la inflación comienza a descender; la tasa de interés y de devaluación es positiva frente a la inflación; recuperamos el crédito externo, para financiar el déficit en forma genuina y capitalizar el Banco Central, en menos de dos años estamos hablando de una inflación de un digito, y un escenario de crecimiento económico.

En cambio, si con la asunción del próximo presidente, el mercado comienza una loca carrera por incrementar los precios, y el gobierno no logra doblegar a la inflación, ingresaremos en un escenario de peligro, ya que con inflación, la devaluación no servirá demasiado. Para ello necesitamos que el plan económico que ponga en marcha el próximo presidente tenga el mayor apoyo político de la dirigencia, y sea altamente plebiscitado por la sociedad.

El mercado de acciones y bonos ha subido demasiado antes de las elecciones, reza una vieja frase que dice “el mercado compra con el rumor y vende con la noticia”. El resultado electoral hará que algunos festejen, y otros estén frustrados. El mercado recibirá con subas al próximo presidente, no sabemos, si desde los precios actuales, no están descontadas todas las buenas noticias por venir. La tarea para los próximos años no será fácil, sin embargo, gane quien gane, deberá llevar a equilibrio fiscal las cuentas públicas, en un periodo no menor a 3 años, convivir con tasas de interés y devaluación, por encima de la inflación. Esto generará una Argentina más competitiva, y con más empleo. Animo, nada será fácil, pero tampoco imposible, mañana comienza lo mejor, adiós incertidumbre y a trabajar.

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