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Detengamos las corridas de toros

…hagamos corridas con todos los animales

Si hay algo que siempre me encantó y he admirado de España, aparte de una de las razones por las que siempre quise visitar México, son las corridas de toros. Creo que la tauromaquía es un arte que nunca debería perderse; se trata de una experiencia cultural que abarca el 50% de mi sangre.

Hay que admitirlo: hace falta más tauromaquía. Menos salsa y más tauromaquía. Menos huevones tomándose fotitos del viaje a la playa y más corridas de toros.

Yo solía hacerlo con Cyrus, mi perro. Sólo que ahí yo tomaba el papel del toro y él el de la víctima. Al principio era difícil pero cuando se puso viejo fue bastante mejor.

Por eso propongo que hagamos corridas con todos los animales.

Detengamos las corridas de toros

No confundir con esta corrida

Todos y cada uno de esos grupos o personas individuales que se oponen a esto tienen tan poca autoridad moral como la Unión Europea cuando quería eliminar la Ñ del abecedario, pretendiendo pasarle por encima a un país que no sólo ostenta dicha letra en nada menos que su nombre sino a la lengua que nos pertenece. No en balde, nadie quiere que por un puñado de bagres de la anglo-esfera toda la comunidad hispanoparlante tenga las palabra “ano” como sinónimo dentro de frases tan bellas y preguntas tan coloridas como ¿cuántos anos cumpliste hoy?

La tauromaquía es parte integral de la cultura española, mucho más importante de lo que para los esnobs ingleses es cazar zorros montados a caballo.

Pero más allá de lo anterior mencionado hay un detalle fulminante: yo no veo a nadie quejándose del bistec que almuerza todas las semanas, o de la chuleta de cerdo, o las liebres o el pollo que no le falta en la dieta; porque para que lo sepan, los tres animales de los que provienen los cuatro alimentos anteriores ya querrían ser toros, no por los músculos que le faltan ni los cuernos que no tienen, sino porque ambicionarían una muerte tan rápida, en especial de cara a esa tortura enfermiza de los mataderos que deja a las máquinas de Matrix como un cuento del Dr. Seuss. Por otro lado, los toros no pertenecen a esa desafortunada especie de mamíferos que son aniquilados en masa todos los días para que tú comas.

Esa es la píldora que hay que aplicarle a la gente ridícula, a la gente llana, a la gente que habla por hablar, a la gente que cree que tiene una respuesta para todo, a la gente pelotuda, tarada, huevona y cancerígena. A la gente que no puede mantener la boca cerrada, que se la pasa predicando bagatelas, la gente que cambia de opinión todos los días según el estado de ánimo que lo pille la información, la gente que no se acuerda que la semana pasada decía lo diametralmente opuesto con otro tema de igual ambivalencia moral.

Soluciones anchas a mentes estrechas: ¿querés que la tauromaquía se extinga? Buenísimo, pero sólo con una condición: ahora todos vamos a ser vegetarianos. Matar animales por deporte es exactamente tan reprochable como matar animales por hambre en vísperas del 2010, cuando nacimos con el lujo de pertenecer a una especie en la que no somos ni tigres ni tiburones sino humanos; nacimos formando sociedades donde se duerme en casas y edificios con luz eléctrica, rodeados de iPods, computadoras, nintendos, acondicionadores de pelo, farmacias y mercados llenos de frutas, granos y vegetales. El día de hoy una persona que no come carne no se muere de hambre, y no sólo no se muere de hambre sino que un vegetariano puede ser tan gordo como el que más.

Es todo o no es nada. O es eso, o te callas la boca. O es esa interrogante moral o te meto una patada en los dientes.

Vos, ¿qué elegís? ¿Vas a comer ensalada de pepinos el 31 de diciembre o vas a dejar a las corridas de toros en paz?

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