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Democracia, corrupción y desarrollo en América Latina

Democracia, corrupción y desarrollo en América Latina

Carlos Ramírez Reina

política democracia y gobierno

Latinoamérica, en los últimos años, ha sido escenario de todo un conjunto de movilizaciones sociales que ha tenido como causa principal el descontento de la población a las promesas incumplidas y a los flagrantes casos de corrupción ocurridos desde los propios gobiernos centrales, originando la indignación y rechazo multitudinario de la población. Una característica muy común, observada en estos países, donde se han registrado estos levantamientos sociales, es que en la mayoría de los casos, estos presentaban sistemas democráticos muy débiles o estaban atravesando aun por un proceso de fortalecimiento y/o consolidación de sus democracias.

La intención de lo expresado es evidenciar, cómo la ausencia de un proyecto nacional que esté orientado a alcanzar el bienestar común y la falta de firmeza en la lucha contra la corrupción, pueden calar el orden y estabilidad de un país, deteriorando el concepto propio de democracia, sobre todo en aquellos países que presentan un sistema democrático débil y en donde las diferencias sociales son abismales, como es el caso de la mayoría de los países latinoamericanos.

El descontento generado por una mala gestión de gobierno o por decisiones que beneficiaban a ciertos sectores privilegiados, yendo en contra de los intereses de las grandes mayorías, ha tenido como resultado el rechazo popular inmediato, plasmándose en situaciones de movilización y descontrol social. De esta situación han sido protagonistas algunos países de Latinoamérica en donde se han producido grandes levantamientos sociales en contra de sus gobiernos, acusándolos de corruptos, mentirosos e incapaces, y teniendo como consecuencia final la inevitable expulsión de los gobernantes y sus cúpulas de poder. Este es el caso de países como Bolivia, Ecuador, Argentina, Perú, etc.

Otro hecho importante y observado en América Latina, es que el escándalo generado como producto de un acto de corrupción, está sujeto a lo que la población considere aceptable o no de su gobernante, es decir cuan identificados se sientan estos con él y con lo que hace. Ahora bien, esto no estaría mal, si algunos gobiernos corruptos, no utilizaran la necesidad de la población como pretexto para brindar regalos a los sectores populares, a través de la implementación de programas sociales, desfigurando el concepto propio de estos programas que deberían tener una existencia temporal y determinada, con el fin que los dejen hacer lo que a ellos y a sus cúpulas les interesa.

Esta situación es sumamente preocupante, ya que es una aceptación formal de la corrupción y que se traduce en frases populares, tales como: «Está robando, pero está haciendo», relacionando las cosas en los siguientes términos: «cuánto haces y cuánto puedes robar». Esto que podría ser inaceptable, desde todo punto de vista, está relacionado con comportamientos individualistas que se traducen en frases como: «cuánto me das o cuánto recibo y cuánto puedes hacer». Está visto que una práctica muy común de dictadores, corruptos y tiranos es precisamente comprar la conciencia de la población con regalos que salen de las arcas del Estado y que de ello hemos visto y seguimos viendo en América Latina.

De todo esto, podemos deducir lo siguiente: la corrupción, entendida como medio para obtener ciertas ventajas y beneficios de manera ilícita, afecta indudablemente la gobernabilidad, la estabilidad democrática y económica de los pueblos, pero lo más grave es que carcome el alma de un país y de las nuevas generaciones, produciendo una situación de desesperanza y desconfianza tanto en el futuro como en el sistema democrático. Esta situación que de por sí, ya es peligrosa, se encuentra en muchos casos acompañada de una crisis cultural, educativa y de información, lo que nos está llevando a una situación de individualismo extremo y que podría derivar en una anomia total.

Es responsabilidad actual de los gobernantes emprender una batalla frontal contra la miseria económica, pero también contra la miseria moral que viene carcomiendo la conciencia de sus habitantes. La estabilidad y el fortalecimiento del orden democrático requiere, entre otras cosas, de la participación activa de los ciudadanos en su conjunto, es por ello, que se hace necesario que esta se haga con conocimiento pleno de las responsabilidades individuales y en conjunto. Esto implica elevar los niveles de participación ciudadana y compromiso social de la población, pero con conocimiento pleno de sus derechos y responsabilidades ciudadanas, a fin que se ejerzan verdaderos mecanismos de control y vigilancia social.

La clase política y los gobernantes deben entender que su responsabilidad es para con el país y no sólo para con quienes los eligieron. La democracia no es únicamente elecciones y participación ciudadana en épocas electorales, sino participación y trabajo conjunto entre gobierno y todos los ciudadanos, a través de las diferentes organizaciones e instituciones civiles. Esta es la esencia de la democracia y la mejor receta para alcanzar su consolidación y un sostenido desarrollo regional.

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