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¿Deberíamos terraformar Venus primero? (Parte 2)

Temperatura, rotación y magnetosfera

Una vez que el problema del CO2 esté resuelto, las siguientes fases de la transformación de Venus probablemente involucrarían el hacer frente a los problemas de temperatura, la irregular rotación planetaria, y la falta de una magnetosfera.

Es seguro suponer que, en virtud de la eliminación del exceso de CO2, la temperatura comenzaría a volverse más aceptable. Pero todavía es probable que Venus experimente temperaturas mucho mayores que las que la vida puede soportar.

El meteorólogo Paul Crutzen, ganador del Premio Nobel de Química en 1995, sugirió hace unos años que sería posible liberar artificialmente cantidades masivas de dióxido de azufre a una altitud de 20 kilómetros con el fin de enfriar las temperaturas superficiales y compensar el creciente efecto invernadero. Sería similar al efecto de las erupciones volcánicas en la Tierra.

Otra posible solución propuesta por Birch sería poner espejos espaciales en el punto de Lagrange entre Venus y el Sol. Con el ángulo correcto, los espejos reflejarían el exceso de luz solar del planeta, aunque también podrían servir como generadores de energía solar.

Además, los reflectores podrían ser ubicados en la atmósfera o superficie de Venus. El experto en nanotecnología J. Storrs Hall ha ideado una máquina climática para la Tierra que podría esencialmente realizar esa tarea. No hay razón para creer que dicho sistema no podría funcionar en Venus. Y dada la proximidad del planeta al Sol, junto con su extremadamente lenta rotación, una solución tecnológica a largo plazo probablemente será obligatoria.

Y, de hecho, también podríamos querer reajustar la rotación de Venus para darle una velocidad más similar a la de la Tierra. Ahora bien, realmente sería una tarea épica, que necesita una enorme cantidad de energía. Es muy probable que la única manera de hacerlo sería introducir grandes cuerpos celestes para acelerar su rotación. Eso podría ser más simple que disponer un conjunto de espejos masivos para redirigir la luz solar hacia el lado nocturno del planeta.

Finalmente, está el problema de la magnetosfera, un impedimento para la aparición de la vida. Es posible que la rotación de Venus sea la culpable. Quizá los futuros tecnólogos ideen un plan para crear una magnetosfera virtual; una que pueda proteger al planeta de la radiación solar y las devastadoras tormentas solares.

Un experimento intelectual valioso

Está claro que la terraformación de Venus será difícil. Puede que nunca alcancemos el punto en que la vida sea capaz de prosperar, pero será interesante ver hasta qué punto podríamos hacerlo habitable para la ocupación humana, junto con vida sintética que podría vivir bajo condiciones muy duras.

Tal vez el primer paso en el proceso, además de tomar en serio la posibilidad e idear nuevas formas de “reparar” el planeta, sería crear simulaciones de todas las propuestas para determinar cuáles funcionarían mejor.

Por otro lado, esas simulaciones complementarían modelos similares de lo que podría pasarle a la Tierra dado un conjunto similar de circunstancias. La misión de hacer a Venus habitable para la vida, al parecer, podría asegurar que la Tierra pueda continuar siéndolo.

¿Deberíamos terraformar Venus primero? (Parte 2)

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