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¿Deberíamos terraformar Venus primero? (Parte 1)

Como una futura “especie terraformadora”, damos por hecho que Marte será nuestro primer megaproyecto. Pero si bien terraformar el Planeta Rojo en algo más acogedor para la vida parece el primer paso más lógico, pero no lo más fácil, en la colonización del Sistema Solar, en realidad podría tener más sentido enfrentar primero a nuestro planeta hermano. Dado que algunos científicos advierten sobre un efecto invernadero desbocado en la Tierra, puede ser prudente para nosotros terraformar Venus primero, un planeta que ya está sometido a un apocalipsis inducido por el dióxido de carbono. Y al hacer esto podríamos aprender cómo prevenir o revertir una catástrofe similar en la Tierra.

Efecto invernadero fuera de control

Uno de los escenarios más espantosos presentados por los científicos climáticos es el problema de un efecto invernadero fuera de control.

Si las emisiones de carbono continúan incrementándose al ritmo actual, advierten, podríamos alcanzar un momento crítico después del cual se creará un ciclo de retroalimentación positiva entre la superficie de la Tierra y la atmósfera cada vez más densa y opaca. Hipotéticamente, el efecto fomentaría un aumento rápido y progresivo de la temperatura que finalmente resultaría en la exterminación de toda vida en el planeta y la evaporación de los océanos.

Nadie sabe con seguridad si éste será el clímax final del calentamiento global causado por el hombre, pero es una posibilidad que claramente necesita ser tomada en serio. Es un verdadero riesgo existencial.

Y, lo que es preocupante, hay un precedente de esto justo aquí, en el Sistema Solar. Los científicos están bastante seguros que Venus pasó por un efecto invernadero desbocado cuando era joven y aún tenía océanos. En esos primeros días, y cuando el Sol se volvió más brillante, los océanos de Venus comenzaron a hervir y evaporarse a la atmósfera, donde finalmente escapó al espacio. Actualmente, y como consecuencia, Venus tiene una cantidad masiva de dióxido de carbono en su atmósfera, resultado de un mal reciclaje de carbono (que es facilitado por la presencia de agua líquida).

Un verdadero infierno

Como resultado, Venus se ha convertido esencialmente en un infierno. Posee una temperatura promedio de 467°C; una temperatura que es lo bastante caliente para fundir el plomo. Y su gruesa capa de dióxido de carbono (CO2) crea una presión 90 veces mayor que la que experimentamos en la Tierra.

Decir que Venus tiene mucho CO2 en su atmósfera sería subestimar esa cantidad. Más del 96% de su atmósfera está formada por CO2, que se observa a través de su gruesa capa de nubes que flotan a 50-70 km sobre la superficie. Sobre esa capa, tiene nubes y niebla constituidas por ácido sulfúrico concentrado y dióxido de azufre gaseoso (derivado del ácido sulfúrico).

Para empeorar las cosas, Venus recibe dos veces la cantidad de luz solar que recibe la Tierra, y la duración de su día es equivalente a 224 días terrestres (por lo que su día es más largo que su año). Ah, y no tiene una magnetosfera para protegerse contra la radiación solar.

Después de considerar todo esto, es casi seguro sugerir que la terraformación de Venus representaría una serie de problemas mucho mayores que los que nos esperarían en Marte. Pero no es necesariamente una razón válida para terraformar primero a Marte. Como ya se ha señalado, los conocimientos que obtendríamos de un proyecto de terraformación de Venus podrían servirnos para afrontar nuestros problemas de cambio climático aquí en la Tierra. Incluso es justo decir que el simple ejercicio de pensar sobre esto podría ayudarnos a tratar con nuestra actual crisis climática.

Pero Venus plantea además otras ventajas. Está más cerca que Marte, haciendo más fácil y rápido viajar hacia y desde el planeta. Y como la Tierra, se encuentra dentro de la zona habitable del Sistema Solar. También sabemos que puede mantener una atmósfera (obviamente), y tiene casi la misma masa y tamaño que la Tierra. Marte, por otro lado, es considerablemente más pequeño, y representaría serios problemas de salud para las personas (reducción de masa muscular y densidad ósea) debido a su baja gravedad.

Eliminación del CO2

Si decidiéramos terraformar Venus, o cualquier planeta para el caso, necesitamos aceptar el hecho de que un proyecto de tal magnitud tardaría una cantidad importante de tiempo. Sería un proyecto generacional a largo plazo que debería planificarse en una serie de fases. Afortunadamente, algunos visionarios han adelantado el trabajo de pensar cómo podríamos hacerlo.

El primer paso, es bastante obvio decirlo, es que necesitaremos eliminar el exceso de CO2.

Hace 50 años, Carl Sagan sugirió que deberíamos usar algas genéticamente modificadas en la atmósfera para convertir el CO2 en algo más benigno o útil. No es la mejor idea del mundo, pero Sagan fue la primera persona en sugerir seriamente la terraformación de Venus.

Más recientemente, El ingeniero de la NASA James Oberg propuso que todo el CO2 podría ser expulsado al espacio. Como lo escribió en su libro “New Earths” de 1981:

Si queremos remover el 98% de la masa de la atmósfera venusiana en un periodo razonable, digamos, 100 años, debemos extraer una masa de 10 trillones de toneladas, o 300.000 toneladas por segundo. Compare esto con el flujo a lo largo del río Amazonas… 10.000 toneladas por segundo. Las mayores máquinas construidas que trabajan con flujos de agua… manejan 400 toneladas por segundo.

O veámoslo desde el punto de vista energético: retirar la masa de gas a una altura de 100 km, y luego acelerarla en 20 km/s requiere aproximadamente 1025 erg durante un periodo de 100 años. Esto es equivalente a la luz solar que recibe en el mismo periodo una región de 10.000 km2 asumiendo un 100% de eficiencia… Si lo disminuimos en un factor de 10, como sería en realidad, las ‘cucharas de aire’ deberán tener un área de… tres veces el área total de Venus.

En la década de 1990, Paul Birch propuso un plan en que Venus sería inundado con más de 4×1019 kg de hidrógeno. Éste causaría una reacción con el CO2, lo que a su vez produce grafito y agua, mucha agua. Sus estimaciones predijeron que aproximadamente el 80% del área de la superficie de Venus eventualmente sería cubierta por el agua (comparado con el 70% de la Tierra).

Otros planes describen la captura de carbonatos, licuefacción directa y secuestro, nanotecnología avanzada, un proceso a megaescala con cal viva, o una combinación de algunos de esos planes.

¿Deberíamos terraformar Venus primero? (Parte 1)

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