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De campeón con River, a trabajar en una Farmacia

Ricardo Altamirano, de campeón con River de la Libertadores 1996 a trabajar en una farmacia

A los 49 años, el Negro está alejado de la pelota y vive en Laguna Paiva, Santa Fe; el miércoles próximo irá al Monumental a ver la final contra Tigres; “En las fiestas de farmacéuticos, la mitad no me conoce“, le contó a canchallena.com

De campeón con River, a trabajar en una Farmacia

Burgos, Hernán Díaz, Celso Ayala, Rivarola y Altamirano; Escudero, Almeyda, Cedrés; Ortega; Francescoli y Crespo. Seguramente, muchos hinchas de River pueden recitar esa formación y más en estos días. La memoria se remonta rápidamente a la noche del 26 de junio de 1996 cuando los millonarios ganaron por última vez la Copa Libertadores y esos once salieron a la cancha. Fue hace 19 años y, por estas horas, a los más fanáticos la ansiedad les corre como nunca por el cuerpo a las puertas de la definición ante Tigres, en México, que comenzará esta noche, a las 22.

Crespo todavía se eleva en lo más alto del Monumental y establece el 2-0 ante América de Cali para que se desate la gran fiesta. Si se pone la lupa sobre cada uno de esos nombres que jugaron aquel día, es sencillo responder sobre el futuro de muchos. La mayoría son entrenadores en actividad o colaboran en cuerpos técnicos. Ricardo Altamirano fue titular aquella noche inolvidable y hoy es más difícil encontrar rastros de él.

Me retiré joven, a los 32 años, podría haber jugado un par de años más. Pero tenía ganas de pasar más tiempo con mis hijos, mi familia

¿Qué fue de la vida del Negro? “Tuve departamentos, campos. También, trabajé en las inferiores de Unión (llegó a dirigir la Primera en dupla con Ariel Catinot en 2009). Pero ahora no estoy en el fútbol”, responde el Negro. ¿A qué se dedica? “Tengo una farmacia en mi pueblo, en Laguna Paiva, estoy a cargo. Hoy, es difícil involucrarse en el fútbol, porque el jugador dejó de ser importante y todo lo manejan los representantes, que llevan a sus técnicos y futbolistas”.

El tiempo pasó, pero Altamirano puede ufanarse de haber sido uno de los elegidos que jugó la última vez que River ganó la Libertadores y participó de las últimas coronaciones de la selección mayor en la Copa América 1993 y la de 1991. En todas esas finales, fue titular. “Hoy, algunos ya no me conocen cuando camino por la calle, no saben quién fui en el fútbol”, le cuenta el Negro a canchallena.com, a los 49 años. Debutó con la camiseta de Unión, pasó a Independiente y, luego, a River. Terminó su carrera en el Tatengue, el club que lo vio nacer, en 1998. “Me retiré joven, a los 32 años, podría haber jugado un par de años más. En la época actual, lo habría hecho sin problemas. Pero tenía ganas de pasar más tiempo con mis hijos, mi familia”, recuerda.

Como ex jugador, tenés que invertir el dinero. Por suerte, me va bien, me permite vivir cómodo

En Laguna Paiva, situada a 40 kilómetros de Santa Fe, hay 12 mil habitantes y cinco farmacias, una de ellas es la de Altamirano. “Es como una ironía. En el fútbol, me cansé de pegar y ahora vendo remedios”, se ríe. Su farmacia funciona hace cinco años. Todo surgió, porque una pareja del Negro era farmacéutica y, así, logró interiorizarse sobre el tema. “Al principio, me costaba. Ahora, entiendo bastante. Incluso, ya no voy todos los días”, cuenta.

Muchas veces, el ex defensor acude a congresos con farmacéuticos: “Es parte del negocio, te toca conocer mucha gente. En esos encuentros, la mitad no sabe quién fui, que jugué al fútbol. Los que sí me reconocen se preguntan ‘qué hace este tipo acá’, a mí me gusta”, explica y da más detalles: “Como ex jugador, tenés que invertir el dinero. Por suerte, me va bien, me permite vivir cómodo”. Altamirano tiene dos hijos: Juan, de 16 años, quien juega al fútbol y es delantero (“No sé a quién salió”, se divierte su padre), y Matías, de 22, quien trabaja en una empresa de la construcción. Ambos son hinchas de River.

De ayer a hoy, el Negro Altamirano.

– ¿Los vas a llevar al Monumental a ver la final del miércoles contra Tigres?

– Hablé con Enzo (Francescoli) y me dijo que algo iba a hacer. Todos esperamos con ansias lo que se viene. A Enzo le pedí disculpas, no sabés hace cuánto que no lo llamaba, ja…

– ¿Cómo ves la final?

– Llegaron los dos equipos más fuertes de la Copa. Lo veo bien a River, pero es una serie dura. El equipo tendrá que salir a atacar. Pensaba que los mexicanos perdían la semifinal contra Inter. Dieron una muestra carácter.

– Fuiste titular la última vez que River ganó la Libertadores en 1996, ¿qué recuerdos te quedan?

– Los mejores. Ese día me acuerdo que apenas terminó el partido me fui corriendo de la cancha a la utilería para festejar con los utileros, que se lo merecían por lo buena gente que son. La camiseta de esa noche la tiene mi hermano (Carlos). Había grandes jugadores, especialmente Enzo (Francescoli), que era muy humilde. Ramón Díaz era un técnico joven, pero nos dio tranquilidad en la convivencia y tuvo su influencia. Es mentira cuando dicen que él no dio la charla técnica el día de la final contra América de Cali.

– ¿Cambió mucho aquel Ramón respecto del actual?

– No sé, porque no lo vi más. Pero siempre fue muy inteligente. Es injusto no reconocerle los méritos de aquella primera etapa. Antes de él, estaba Babington y no le ganábamos a nadie, fueron cuatro meses muy malos. Babington no podía ni salir del banco de suplentes.

Llegaron los dos equipos más fuertes de la Copa. Lo veo bien a River, pero es una serie dura. El equipo tendrá que salir a atacar

– Veo que seguís mirando mucho fútbol….

– Sí, me encanta. Pero cambió mucho con respecto a mi época, porque antes lo más importante era el jugador. Lo que me asombra es el dinero que gana un futbolista actualmente y que todo pasa por los representantes. Te traen once jugadores y te dejan el paquete con tal de hacer su negocio.

– También estuviste en los dos últimos títulos que ganó la selección, las Copa América 1991 y 1993, pero te faltó ir al Mundial de Estados Unidos 1994, ¿sigue siendo una espina?

– No, para nada. Jugué en la derrota 5 a 0 contra Colombia. Ese día, cuando salí del vestuario, lo vi a Basile a la cara y me di cuenta que no jugaba más en la selección. El Coco nos decía que para seguir teníamos que jugar bien. Ya es tarde para arrepentirse.

– ¿Desde qué lugar te gustaría volver al fútbol?

– Lo que me toque hacer, lo que se dé.

– ¿Cómo sería el Negro Altamirano como técnico?

– Un DT tranquilo. Elijo el 4-3-3, sin inventos raros. En mi época de jugador, me marcó Passarella como entrenador, porque era directo y sincero. Si te tenías que ir de River, te lo decía, y esa es la mejor manera. Por suerte, hoy se les dio el lugar a los técnicos jóvenes y les está yendo bastante bien. Había y hay un grupo de viejos que tiene que dejar. Fijate cómo le fue a Bianchi en el último ciclo en Boca. Es tiempo de los jóvenes, como todo en la vida.

Su carrera. Ricardo Altamirano nació el 12 de diciembre de 1965, en Laguna Paiva, Santa Fe. Actualmente, tiene 49 años. Empezó su carrera en Unión y, en 1989, pasó a Independiente. En 1992, llegó a River y, allí, logró varios títulos, con tres técnicos distintos, Daniel Passarella, Américo Gallego y Ramón Díaz: torneo Apertura 1993, Apertura 1994, Copa Libertadores 1996, Apertura 1996 y Clausura 1997. En 1997, volvió a Unión, donde se retiró un año más tarde a los 32 años. En la selección, ganó las Copas América 1991 y 1993 y fue titular en los partidos en los que la Argentina se consagró. También, disputó la de 1995. Además, ganó la Copa Rey Fahad 1992, la primera Copa Confederaciones.

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