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Cuentos Cósmico Antenudos 9 Hipocampitas

La Gatita gigante



“El vicio nos consume y

El consumo nos envicia.

La muerte, bien nos mata

Y la tortuga… Mata – Mata.”

(de reflexiones de un borracho de esquina nocturna)

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Las potencias imperiales han reconocido, luego de un escándalo del recontra-espionaje, que estuvieron investigando a los felinos y su posible utilización como material bélico. Uno de los proyectos más famosos, que se conoció mundialmente por el escape de un gato gigante de 300 metros y no por la filtración de datos a la prensa, consistió en amaestrar mininos para que ejercieran la poliorcética en las ciudades más ricas hasta lograr su capitulación.

Una vez dividida en capítulos la ciudad, tendría que acatar las órdenes del Gran Gato y pagar un impuesto bastante saladito a los dueños de dicha mascota. Pero esto se conoció y terminó al primer intento fallido, ya que el gato gigante en vez de asustar a la población civil, quizá por motivos de conciencia, entró en componenda con los habitantes que supieron alimentarlo muy bien, al tiempo que le cepillaban las orejas, y se dedicó a ronronear en los bordes de la ciudad.

El Gato Enorme, por su ubicación extra-muros y su tamaño proporcional (por lo menos en planetas 300 veces más grandes que el nuestro) se cree un poco como una estatua… como un prócer… como la cara visible y el orgullo de esa población que lo siente como su principal atractivo turístico. Más que una cuestión de sentimientos, es un dato de la realidad; El minino representa el 80 % de los

ingresos por turismo y es por eso que los habitantes agradecen a los malvados imperios que intentaron castigarlos con dicho arsenal maullador y remolón.

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El cajón de vidrio

“-No, ay… ¡Veo todo nublado!

-Tranquilo… Es el vapor de la taza.”

(Del libro “La Gatita Toma el Té”)

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-Siempre quise entrevistarlo, es un honor para mí. Y, como hacen tantos que le preguntan sobre los motivos de sus composiciones… yo haré lo propio. Pero aportaré mi parecer antes de recibir su respuesta. Una de las canciones que más me impacta de su Opus, en la que plasmó de manera inequívoca las sensaciones contradictorias de nuestra civilización, es Pagame el Arreglo. Cuando usted dice eso de “Con el cajón de vidrio, me rompieron la puerta”, yo me estremezco… se

me eriza la piel. Creo que intenta referirse, y lo logra como nadie antes pudo, a la traición de una mujer que lo deja perplejo. Algo que es como la muerte de un bienhechor, al que usted sigue viendo a través del cajón de cristal pero que no está. No está muerto, pero tampoco está. Es una ausencia visible, que lo atormenta. Y creo que es en ese momento, cuando piensa en la metáfora de la

puerta. Y al decir “me rompieron”, también está dando a entender que fue traicionado por otra persona más, seguramente un varón, de su entorno y confianza. Decir “me rompieron la puerta”, significa que no es posible el retorno. Que el tiempo se fue, que usted está bastante viejo y que no tiene ganas ni de asomarse a las explicaciones que pudieran darle los que antes fueran parte de su

vida y que ahora lo acompañan de manera espectral y sin ánimo ni sentimiento.

¿Voy bien encaminado en mi…? Esteee… ¿Le pasa algo, quiere un poco de

agua?

Pasaron 30 segundos terribles y…

Él compositor, mientras recordaba la tarde en que su cuñado le rayó la puerta del coche con una pecera… sintió que se moría de vergüenza. Pensó que era indigno de su público, capacitado a todas luces y mucho mejor que él. Y por eso… al tiempo que fraguaba una confesión amarga, se puso de pié.

-¿Estaba en lo cierto con mi exposición, no es así?

-No, querido amigo. Yo quise decir algo mucho más profundo y complejo… Algo siniestro del alma humana, que usted no alcanzó a comprender. Es más, me retiro ofendido ante tanta estulticia. Permítame que le espute en la cara toda mi decepción, pero usted no es más que un crítico inepto como todos los que he conocido. Adiós, señor de la entrevista.

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Criminal imperfección



“Ahora que transformé la Avenida más importante, y como un homenaje a mi partido conservador de extrema derecha… habré de prohibir todos los giros hacia la izquierda.”

(del libro Frases de un Conservador Subliminal)

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-Pero claro, que existe el crimen perfecto. ¿Acaso no se acuerda del caso del jardinero multimillonario, Juan Carlos Goncito?

-Si, recuerdo. Pero, ese fue un accidente… Esteee, ¿y usted por qué me trae a cuento…?

-Ah, no… solo por sacar un tema de conversación. Y para corroborar.

-Mmm, empiezo a sospechar de algo… El rastrillo ensartado en la espalda, es normal en todo jardinero accidentado. Pero, los 8 balazos en la nuca…

-Está bien, confieso. Pero eso ya pasó hace 50 años y la causa prescribió. Además, usted no tiene pruebas de lo que dije.

-¿Cómo que no? Justamente le estaba haciendo una cámara oculta.

-Ah, pero usted debe saber que ese tipo de acciones ni siquiera tienen valor probatorio. Y ni hablar sobre la dudosa moralidad de recurrir al embuste y a la traición para obtener pruebas.

-Ah, pero usted se piensa que soy un periodista. No señor, soy un agente de la justicia. Y acá mismo le presento la cinta, la orden del juez y, ante el escribano que no me deja mentir sin necesidad, le otorgo las esposas para que se las vaya colocando.

-Ayyyyyyy, arruiné un delito esculpido con la mayor impunidad… sólo por querer que reconocieran mi inteligencia para el mal. Ah, y… ¿cómo fue que preparó todo esto?

¿Cómo supo que yo, después de 50 años, iba a contarle esto?

-Bueno, en primera instancia… debo reconocer que le venimos haciendo la cámara oculta todos los días hábiles desde aquel día hasta la fecha.

-Y yo que lo creía mi confidente… ¿Y en segunda instancia?

-El juez de aquel juicio, que se jubiló hace 40 años, estaba emperrado en que había sido usted. Le pareció muy raro que heredara todos los bienes del multimillonario jardinero. Pero, no tenía pruebas; Hasta ahora, que acaba de librarnos de este trabajo persecutorio.

-Ah, pero… Ya no tendrá el gusto de juzgarme ese…

-Síii, cómo que no. A pesar de sus 120 años, va a tomar de nuevo la toga para su juicio de despedida. Se lo hacemos en el estadio Atlético Susú. Y, con usted como condenado… se va a lucir. Es un regalo que queríamos hacerle a nuestro amigo.

-Entiendo, está bien. Por lo menos, sabrán de mi habilidad criminal.

-Ah, una última cosa… ¿Podría salir de una torta, como en las despedidas de

soltero?

-Bueno, si no hay más remedio.

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