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Cuentos Cósmico Antenudos 58



Cuentos Cósmico Antenudos 58
160-Pobre Fénix Antenudo

-El del edificio de enfrente, me apunta todo el día con su rifle con mira telescópica.

-¡Qué quiere que le diga, está loco!

-Es lo que digo yo. ¿Por qué no le toca el timbre a Don Franco y le dice que deponga su actitud?

-No, Antenudo, digo que usted está loco. El tipo de enfrente debe estar ocupado en cosas más importantes. Pero, quizá no esté del todo pirado, eh. A ver… Tápese el oculus siniestro y diga qué ve.

-Ahí está, Don Franco, apuntándome. Doctora, haga algo…

-Ahora, guiñe el órgano de la visión derecho y…

-Ah, no lo veo al tirador. Entonces…

-Sí, Bichito Antenudito, lo suyo es psicológico. Usted padece alucinaciones, pero sólo en el ojo izquierdo. Está medio loco, nomás.

-Gracias, Licenciada Rosario. Tome sus 80 pesos…

-PUM-PUM-PING-PONG.

-¡Será posible, otro error de diagnóstico! Bue, para otra vez, tendré en cuenta a la miopía parcial. Es una lástima que haya muerto así, de dos balazos y sobre su mesita de tenis. Le habría aconsejado que se mantuviera lejos de las ventanas, como dice Arlt en “La Venganza del Mono”. O que, con los 80 pesos, hubiera blindado el vidrio. Bue… Tomaré como paciente al loquito de la escopeta. ¡Uy, todavía mueve sus antenitas!

-Lic. Rosi, no es una escopet. Es un rifl.

-Siempre igual, usted. Moribundo y corrigiendo a los demás. Y encima con abreviaturas, che.

-Llame a la ambulancia que tengo un chaleco anti-balas.

-Resultó precavido el loco. Y… ¿también llamo al reparador de mesitas de PING-PONG?

Cuentos Cósmico Antenudos 58
161-Secuencia plumífera

-¿Usted, es española?

-Deee Córdoba la suuultana, comisario.

-¡Graciosa, la señorita! Por qué no me cuenta lo que sucedió ese día…

-Bueno, le contaré. Como hago danzas clásicas, tengo una figura muy llamativa. Y ese día nefasto, me puse una pollera que dejaba mis tobillos a la vista. Fue entonces, que un degenerado me espetó:

“¡Andá a correr a San Isidro, pedazo ‘e yegua!”

Yo me enfurecí y…

-Cuente lo del crimen, su vida social no me importa, señorita.

-Está bien, usted se lo pierde. Ese día oscuro, presenté mis poesías en una reunión de petiteros. Todo se desarrolló con calma, pero sobre el final leí “La Muerte del Avechucho” y el clima se enrareció.

En La Muerte del Avechucho, presento a un plumífero como personaje central y lo adorno con adjetivos, para luego hacerlo fenecer al sólo efecto de obtener una moraleja. Ahí, fue que uno de los espectadores, de mi relato y de mi belleza impar (lo digo con humildad), me tildó de asesina, diciendo:

“Asesina, usted no puede matar aves imaginarias sólo para establecer un pensamiento edificante. Está dañando al espíritu sensible que creyó en la existencia de su invención.

Esperábamos cierta misericordia, de una niña tan bella y elegante. Con esos ojitos hermosos y un andar celestial que…”

-Me parece, que empezó a macanear otra vez. Escuchemé, Doña Ojitos Hermosos, el petitero la acusó con fundamento. Le doy 30 años de cárcel por liquidar a un avechucho ficticio. Y le regalo una de mis poesías, pa’ que aprenda lo que es el arte dentro del marco de la ley.

“Enferma estaba mi pobre avechucha

y agonizaban sus ojitos verde cielo

pero un rayo de luz, en la alta noche, la hizo danzar.

Hoy es admirada y canta alegre

y hasta el gato feroz la respeta…

Por eso me pregunto, en esta soledad de muerte, ¿quién gopea a peta?

El Comesario.

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162- Hexacorde final

Sos la sombra de ese pozo

donde mi alma fue a alquilarse

un pedazo de silencio

para no escucharte más.

(Fragmento del famoso tango milonga “La Malvada Rosi”, con música de Orlando Contra y letra de Luciana Sofón).

Según dicen las viejas omniscientes, el bolero “Siete Notas de Amor”, de Santiago Chago Alvarado, fue un reflejo histórico necesario del himno Ut Queant Laxis, cuya música habría sido imaginada por el monje del siglo XI, Guido D’ Arezzo. Este himno se usó para ayudar a los cantantes a recordar la estructura de tonos y semitonos de la escala de seis grados (UT, RE, MI, FA, SOL, LA). La primera silaba de cada frase vino a dar nombre a las notas.

El texto, del año 800, era así:

UT Queant laxis

REsonare fibris

MIra gestorum

FAmuli tuorum,

SOLve polluti

LAbii reatum, Sancte Joannes.

Ya en estos tiempos, el bolero 7 Notas de Amor hizo empezar cada frase con las silabas DO, RE, MI, FA, SOL, LA y SI. Sospechamos que no con un fin pedagógico, ya que todos conocen el nombre de los sonidos musicales, pero sí con la intención de recordar que el sistema de Hexacordos ha muerto.

Ahora, las notas son 7 y, dentro de lo posible, de amor.