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Cuentos Cósmico Antenudos 50



Cuentos Cósmico Antenudos 50
136- Lesionado visual

Todos sabemos que el mejor restaurante de Palermo es “La Lechuza” (sito en Uriarte al 1980), Pero ahora debo tratar un tema desgarrador.

Está comprobado que la memoria muscular reside en el cerebro, por eso me creerán que…

-¿No vio el novillo, Don Antenudo?

-No, Don Carrillo, no lo vi yo.

Bue, si no me interrumpen, voy a contar lo que me pasó.

Yo, al igual que Hanglin, era un jugador de fino toque. Aparte de entrenar (velocidad, fuerza, resistencia y equilibrio de antenas) todo lo día, practicaba puntería. Puntería, dije. Al arco, centros y pases. Recepción, transporte, gambeta y paredes. Pero cabezazo, barrida y pelotazo no porque eso es para los borricos de madera terciada.

Si podía pasar a 5, prefería gambetear a 4 (en tiempo y forma para que fuera útil) y meter un pase rasante y en diagonal a un definidor con más aire. Los que, por habilidosos o poco duchos en el juego de ajedrez, gambeteaban a todos los que podían perdiéndola al cansarse y dejando desarmada la defensa ante un contra-ataque feroz como el lobo, hicieron escuela. Como esto es muy triste, me centraré en lo que prometí. El partido lo daban por el canal 83 (llovía torrencialmente) y un defensor camiseteó, zamarreó, casaqueó y pantaloncortitoneó a un delantero habilidosito a pocos metros del área grande. Este tipo de falta que nunca se cobra, fue marcada por el árbitro mientras el público cantaba:

“Que chabooón,

uy que maaal,

ese tiro es un penaaal”

El director técnico decidió que “Matute” ejecute el tiro libre directo. Hubo un primer plano del rostro de “Matu”. En sus ojos había esperanza, porque sabía que la resolución feliz no dependía de su pericia. Era una cuestión de azar y así lo entendían todos. Por eso, él tomó carrera y pateó con la tranquilidad de los inimputables (aunque muchos plateistas le imputaron a lo loco). La tiró al estacionamiento de otro estadio. Yo, seguí su ejecución con un impulso eléctrico, en el músculo indicado para colocarla allí donde los arqueros tejen escarpines. Como la dirección de la pelota fue inverosímil, mi pierna derecha intentó corregir su memoria de un modo brusco y ahí me desgarré. Nunca más, voy a ver troncos jugando por televisión.

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137- Basura Extraña

Junté mis mejores poesías, les bailé un malambo y las tiré al tacho. Pasé, al rato, y ya no estaban; Aparte había basura ajena. Bueno, apagué la luz y me fui a dormir. Acostado y en tinieblas (de las que abundan en mi vida) entré en pánico. Eran las 3 de la mañana, mi casa estaba perfectamente cerrada y yo me encontraba solo como siempre. Eso sí, en mi techo había una basura extraña. Y en mi tacho también.

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138- Fraude inmobiliario

Mis antenitas me obligan, junto a unos actores económicos interesados, a denunciar este atropello. Es muy triste lo que pasa. Y como la tristeza, según cuenta Daniel Martínez, puede producir la caída del pelo, daños en los pulmones y vaya a saber que dolores fieros en esa víscera doble que algunos llaman riñón, comenzaré el solfeo.

Hay una niña muy bonita, llamada “la vecinita de la multi-locación”, que está llenando su monederito como para patinarlo de norte a sur, en componenda con escribanos y grandes inmobiliarias. La tramoya es así:

Ella, compra tres casas linderas entre sí (“A” linda con “B”, “B” con “A y C”, y “C” con “B”) y procede a instalarse en la casa del medio (en “B”). Los tipos de la inmobiliaria contactan a inversionistas (hombres, por lo que se verá ahorita) y los llevan a ver los terrenos, que en principio valen 100.000 dólares. Es en ese momento, que entrará en acción la chica que incide en el valor de las propiedades.

Cuando llegan los máximos jerarcas para examinar la conveniencia de la colocación, se encuentran con ella sentada, con la silla al revés y una toalla mojada en su espaldita, en la puerta de calle. Transcribiré un diálogo que pude grabar, de chusma nomás.

“-Mire, Don Máximo Jerarca, hoy compró esa señorita que apoya la pera en el respaldo de la silla. Por eso no puedo mantenerle el precio, la propiedad se ha revaluado por lo menos hasta 20 cuadras a la redonda. ¿Le parece bien 2 millones de Euros al contado?

-Entiendo, tome 4 millones y…

-Disculpe, la otra casa vale 6 millones. Usted se asegura el contemplarla por diestra y siniestra y eso…

-Muy bien, aquí están los 8 millones.”

Al otro día, ella repite la operación (de la cual se lleva el 80%) en un barrio lejano.

El lugar que abandona sufre una caída en su valuación y el de la inmobiliaria compra lo vendido al precio base. Este proceder delictivo, permanece impune porque ningún millonario va a reconocer su carácter de víctima. La vergüenza y la posible pérdida de la reputación de vivillo, favorecen a los timadores.

Hoy, después de 20 años, ella ya es millonaria. Una inmobiliaria le ofreció una casita y la timadora dijo que iría a verla. Pero ya conoce el juego y le sobra la guita.



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