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Cuentos Cósmico Antenudo 5 Hipocampitas

Yegüitas antipersonales

La instalación de Minas Antipersonales para terminar con la delincuencia, fue

evaluada por el Parlamento… quien dio el visto bueno para dicha instalación.

El Alcalde del lugar y su séquito de los alrededores, asistieron a la inauguración y

cortaron la cinta con entusiasmo.

Ellos mismos, cayeron bajo los efectos de las Minas; Y así, empezó a bajar la

delincuencia”

(Del libro “Eran de Bajo Impacto”, de Lamín Explotad)

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-Hola, ¿Usted pidió un Taxi Boy para histéricas?

-Ay, bueno… no sé… podría ser.

-Bueno, vamos son 500 mangos.

-Aquí tiene, buen hombre.

-Ahora si, va a ver lo que es un atleta del amor.

-Momento, espere… ¡No se confunda!

Auspició:

Taxi Boy para Histéricas…

Pagale y decile “No te Confundas”.

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El martillo de porcelana



“El pequeño caracol la miraba y ella, tan modosita, empezó a contemplar sus

antenitas. El tigre feroz la miraba y ella, tan modosita, salió como rata por tirante

en busca de un retrete.”

(del libro “La Niña Contemplativa y Ágil”, de Rosí Lemedrós)

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Entrar al baño, parece una acción simple y de escasa relevancia. Sin embargo, es

decisiva. Hay gente, que se acomoda en los lugares excusados con indolencia,

frialdad y con cierta elevación afectada del órgano olfativo (o sea, la nariz).

Esta gente, no es consciente de que se juega la vida en cada ingreso a los lugares

retratados (por los catálogos de grifería y afines). Pasa con tranquilidad, mientras

la guadaña de La Parca se va asentando dulcemente sobre sus cogotitos.

-Pero… me está asustando, ¿qué podría sucederme? Una niña como yo… de

mirada oscura, pelo renegrido, esbelta y que además domina las artes… ¡Yo no

puedo sufrir un accidente vulgar, soy un espécimen de selección, Bichito!

-Creamé, el baño es ciego, no discrimina por cuestiones estéticas y aplica su

justicia fatal a todos. Por más que sepa ejecutar el Rondó alla Turca de Mozart,

usted no está a salvo. Podría resbalar en los azulejos, golpear la nuca contra la

pileta o mejor contra el inodoro y ser rematada en el suelo por algún compañero

condescendiente. Eso sí, la remataría una vez atontada y procurando no infringirle

un dolor superfluo.

-¿Se está ofreciendo? Digo… porque sabe demasiado sobre…

-Sí, Edith. Me sería imposible verla sufrir en el piso, al lado de un retrete, y

permanecer inmóvil. ¿Acaso no se sacrifica a los equinos quebrados?

-Gracias, se ve que usted quiere a su editora.

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Iluminación del reloj



“Como dice el refrán: Lo que fehaciente, linda quiere sentir.”

(del refranero de un cuidador de edificios de la calle Valle)

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Según unos estudios sobre el reloj biológico, los alumnos adolescentes tienen

mejor rendimiento entre las 11:00 y las 15:00 horas.

Sabiendo esto, falta decidir:

Para mejorar la educación, ¿habría que hacerlos ir a la escuela en ese horario?

¿O sería mejor que vayan a cursar las clases de mañana y que tengan el

momento de mayor lucidez fuera del ámbito escolar?

¿Para captar explicaciones en una clase, hace falta estar en el mayor momento de

lucidez?

Quizá fuera conveniente que el momento de mayor potencia mental encontrara a

los niños en actividades elegidas por ellos mismos; Y en ese momento,

probablemente, como pasa con los zapallos que solos se acomodan en los

carros, podrían elaborar los conocimientos adquiridos con una profundidad pocas

veces registrada por algún adulto.

Si esta elaboración de lo aprendido, es una función más compleja que la recepción

y el entendimiento a primera vista… es mejor usar los momentos más lúcidos

fuera de la escuela (para mejorar la educación).

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