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Cuentos Argentinos y Antenudos 37



Cuentos Argentinos y Antenudos 37
133- Pobrecita minifoca

Me compré una foca terrestre, cruza con loro, de unos 30 centímetros de eslora. Estoy muy conforme con este animalito y, dado que soy un guitarrista mediocre, me viene como dulce al Quartirolo que me aplauda (con sus patas palmeadas) y me ovacione con su vocecita reseca.

La Minifoca semi-prensora, siempre está a mi favor. Cuando todos me abuchean y me esputan vilipendios, ella palmea y me dice:

“¡Dale, Bicho Antenudo, vos podés!

Antes de continuar con lo de la simpática foquita (a la que llamé Quita), diré que “El Lector”, de Daniel Cheruna, fue el mejor programa cultural de Radio Ciudad.

Dicho esto, contaré un suceso extraordinario…

Bueno, el suceso extraordinario se los debo. Contaré apenas una anécdota sobre la Quita, que espero sea del interés general. Una vez, tocando la famosísima Invención a 3 voces en RE mayor “Maira Cápac” pifié la cadencia simple final (dominante-tónica) y Quita no me aplaudió.

Incluso me hizo notar el error armónico. Este diálogo tuvo lugar:

“-Quita, ¿desde cuándo cuestionás mis ejecuciones musicales?

-Perdoname, Bicho Antenudo, lo que pasa es que por las tardes me aburro y, para matar el tiempo, estuve leyendo unos tratados de armonía y contrapunto.

Pero si querés te puedo aplaudir igual, aunque le chingues a las…

-No, Quita, no hace falta. Me hubieras dicho eso de que te aburrías…

Mirá, te voy a regalar algo para que te entretengas.”

Ya hace 15 años que la minifoca me aplaude y ovaciona incondicionalmente. Desde que le aconsejé abandonar los libros y le regalé un aparato televisor, aunque me equivoque a lo loco ella hace palmas y me dice:

“¡Dale, Bicho Antenudo, vos podés!”

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134- Bilocación natal

Uno nace extranjero; Desde la infancia toma la cultura del imperio de turno. A partir de los 5 años de vida (sólo con la ayuda de los padres, del entorno más próximo y con un poco de viento a favor) comienza a descubrir su verdadera nacionalidad. Algunos la rechazan, creyéndose perjudicados, para luego vivir con pretensiones impropias añorando cielos de mayor prosperidad. Otros, alzan su bandera y se reconocen sudamericanos.

Yo, no tengo problemas porque soy de Vansita (al sur del Partido de Pipón, en Júpiter).

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135- El lidercito

-Yo quiero mejorar la calidad de vida del pueblo, de todos y cada uno de nosotros. Con mi sacrificio voy a guiar a la República por la senda del progreso. Mi único horizonte es el bien común y no ahorraré esfuerzos en alcanzarlo. Tengo la receta para todos los males, querido amigo.

-Gracias, fue una entrevista hermosa como la Pantera Rosa. Hasta luego, me voy contento como un sargento.

-Che, ahora que se fue este muerto del canal 48, contame lo que vas a hacer cuando te elijan.

Tengo mucha plata, adentro de una lata, y me gustaría colocarla teniendo información de primera mano.

-A vos, que me conocés de purrete, te lo tengo que decir. Cuando consiga el poder, voy a serruchar a mi país en 51 partes para organizar mejor la venta. Ya hablé con los potenciales compradores. Con toda la guita que junte, trataré que me acepten en una nación poderosa donde podré vivir con gran lujo y tranquilidad hasta que entregue la osamenta.

-Ya me parecía… ¿Entonces, abro una cuenta en el extranjero?

-¡Pero claro, che!

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136- Vaso rebalsadito

La fuerza siniestra que hace subir al agua hasta el borde, es la ambición desmedida. Por eso, nunca va a rebalsar.

Conseguirán un vaso cada vez más grande para proteger las riquezas bajo su dominio y así impedir un accidental beneficio a sus dominados.

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137- Los ocupaditos

-¿Y si le cambiamos el nombre a una calle, a una plaza o los números a los colectivos…

-No, mejor declaremos algo de Interés Cultural o nombremos Ciudadanos Ilustres…

-Acá, lo que hace falta es repatriar, en contra de su voluntad, a algún difunto famoso. El lunes lo tratamos, che.

-No se puede el lunes. Porque adelantamos la muerte de un prócer y ahora es feriado.

-Entonces, el miércoles. Porque el martes hacemos un acto de desagravio y…

-El jueves, dirás. El miércoles juega la selección de paleta sanguchera.

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138- Parquímetro semoviente

Me fletaron del laburo cuando se lo planté a un tipo de la Gobernación. En esa época yo tenía 14 años y trabajaba, en negro, para el Estado. Por las tardes hacía changas, rompía vidrieras y esparcía clavitos en algunas calles para aumentar las ventas de unos comercios amigos (cuyos rubros no difundiré).

Mi trabajo, el de mover hábilmente unos parquímetros, era un poquitín peligroso, pero me divertía. Un día, distraído por seguir a una dama de vocecita roncadora como la de una burriqueta, cometí el error fatal. Ella, dejó caer su cigarrillo (consumido en un 86 por ciento) y yo, abandonando mi herramienta de trabajo, lo levanté del suelo y se lo devolví galante. Consuelo, porque así se llamaba, pudo ver la escena de mi desgracia luego de agradecer mi atención. El parquímetro alterado, con el cual me ganaba la vida honradamente, quedó frente a un auto de un lujo (eso que corrompe) nunca antes visto. Al menos por Consuelo, que salía poco y veía menos que un cuis en un pozo. Mi amigo, ya había hecho lo suyo. Me escupió una boleta en la que figuraban 10 horas de estacionamiento impago. Procedí como de costumbre y coloqué el aviso de secuestro del autito. Llamé a la grúa, que nunca tardaba más de 5 minutos, y empecé a sacar cuentas y a imaginar en que gastaría el porcentaje que me tocaba. Llegué a sentirme dichoso y una trágica voz griega me frenó en seco.

-¿Qué hacés, Antenudo? ¡Te contraté para desplumar a la gilada y me lo enchufaste a mí! ¿No entendés que soy intocable? Ahora vas a manyar lo que es el sufrimiento…

Bue, ese día perdí. Unos cuarenta señores de traje negro me surtieron a lo loco. Mi desgracia no fue tan tremenda. Hasta que, desde el suelo, vi como Consuelo (fascinada por el coche del máximo jerarca) se acomodaba en el asiento trasero. Ahí nomás, me atropelló la grúa. Hoy, vendo sólo autos nacionales en mi lujosa concesionaria.

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139- Toponimia argentina

Tantas veces dobló por la esquina de J. J. Domínguez y A. Fleury que hoy su sombra continúa ese recorrido, casi con la misma impronta. Ocurre lo mismo con las modas.

-Doctora Florencia Nuro, ¿usted cree que la práctica de injertarse espinas venenosas en el marote, cual puerco espín, va a persistir?

-Mire, Bichito Antenudito (disculpe que lo trate de usted), la cosa es así:

Hay dos casos paradigmáticos para la suerte de una moda.

En uno, se produce una evolución benéfica que trae nuevos aires que impactan, aunque muchos lo nieguen, en la ciencia, la tecnología y en los cantitos de algunas hinchadas de pelota paleta.

En otro, más siniestro, tambalea la tradición nacional (por ejemplo: la de la Gran República Argentina) instaurando preocupaciones extranjeras por un progreso extranjero. En la primera etapa se ridiculiza a los viejos y a la enseñanza académica. Luego, con la cabecera de playa preparada, se publicita una fórmula para conseguir el éxito. A partir de ese momento el plan es ejecutado por las mismas víctimas.

-Obviamente, el primer caso es el que prospera porque…

-No, Antenudito, se equivoca. Usted, no podría encontrar el parecido entre “Zamba para no Morir” y “Volveré siempre a San Juan” ni en 85 años (por más linterna que usare).

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140- El profugadito

Yo me profugo, tú te profugas con él, nosotros no nos profugamos con vosotros y ellos se encuentran en estado de profuguéz. Conjugar verbos inexistentes es algo muy pintoresco. Algunas profesiones tienen intrínsecamente una propensión a conjugar estos verbos mitológicos. Guillermo Nimo nos ha mostrado su excepcional sentido del humor al hacer una publicidad junto al pescadito Nemo (su cuasi homónimo). Pero en el caso de los verbos extraños y los neologismos, no talla el humor. Algo oscuro tomó las riendas del idioma y de las personas más instruidas.

Como, después de una investigación muy compleja, llegué a la conclusión de que no sé por qué la gente (que ha tenido la suerte de recibir una educación) deforma el lenguaje, voy a dejar el tema que me ocupaba y escribiré sobre fútbol.

En los remates desde el borde del área grande, se ha registrado un error que se repite con la anuencia de las hinchadas. La imagen, ilógica pero convincente, es más o menos así:

El defensor “A” se interpone entre el atacante “B” y el sector del arco más vulnerable “C”-es sabido que el valor de una jugada se relaciona estrictamente con el sector del campo, el tiempo, la habilidad de los jugadores y su disposición (incluida la forma en que ésta fue tomada), la ubicación de la pelota y 15 factores más que no nombraré-. En ese momento, parecido a un eclipse, el atacante (B) decide patear sabiendo que la pelota va a rebotar en el defensor (A). ¡Y la pelota rebota nomás! El atacante, ¿tendrá la esperanza de atravesar la materia?

Para solucionar éste problema se ideó una novedosa práctica. Una pared con rueditas, que hace las veces de defensor, pasa por delante de un goleador listo para tirar al arco. Si él logra discernir el espacio vacío del cubierto, por lo menos en el 10% de los casos, se le da un diploma.