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Cuentos Argentinos y Antenudos 34


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116- El ciudadano marrón topo

“Dibujándoles un cero más a los billetes de 10, logró estafar a mucha gente”

(del libro “Un Pequeño Billetote”, de Rosí Levendebuzón)

-Señor Alcalde, hay unos baches enormes en la Avenida Maria del Corsario y la gente se empieza a poner violenta. Se asoman desde los pozos, como topos furiosos de mal carácter, y nos gritan cosas feas.

-Pero… es que ya gastamos la partida de Obras Viales. ¡Estamos en Pampa y la Vía!

-¿Se acuerda de los pianos que teníamos que comprar para el Conservatorio Municipal? ¿Qué le parece sí…?

-Podría ser, eh. Los rompemos parejito y con eso rellenamos los baches. Y no faltará quien considere esta acción como una obra de arte, Don Ministro.

-No, quiero decirle que me patiné la guita. Y a los del Conservatorio, les dije que para el año venidero les vamos a dar los pianos.

-Ah, entiendo. ¿Usted propone usar esa plata para comprar cemento y terminar con esos vecinos furiosos con cara de topo?

-Bueno, sí. Pero mejor sería…

-Tiene razón, mejor nos vamos a Europa. Y cuando se nos terminen los morlacos, volvemos con nuestros queridos ciudadanos. Nos está haciendo falta un poco de… vivir en el primer mundo. Este país no le está haciendo bien a nuestra imagen.

Cuentos Argentinos y Antenudos 34
117- La intuición del bandoneón

“Cuando surge una disputa

Yo me acuerdo de tu hermana

Que es tan linda como vos.

Y me olvido del escabio,

Del trabajo y de este horario

Que me apartan de tu amor.”

(del libro “Recordando a tu Hermana”, de Rosí Mihermanit)

Camila Fueyista, tocaba el bandoneón. Ni bien, ni mal; Lo suyo era la exacta mediocridad. Se había recibido con 5, estudiaba poco y despreciaba la música nacional. En el barrio… le decían Profesora.

En cambio, Pascual Garulo tocaba para el… público.

Todo el día practicaba para suplir su falta de escuela. Y sin embargo… a él, que honraba la música argentina, no le decían profesor, ni maestro, ni bandoneonista; Lo llamaban “Intuitivo”.

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118- Defendiendo la quinta ajena

“-Dígame, indio salvaje y bilingüe, ¿cómo se llamaba Tchaikowsky?

-Serguei… Serguei Tchaikowsky, pero yo no entrometer en actos de vida privada.”

(del libro “La Difusión Privada”, de Rosí Lebatintín)

-Nuestro Gobierno ha sido el mejor de los últimos…

-No se gaste en defender al Gobierno. La única defensa valedera de una ideología política… es aquella que pudieran ejercer sus detractores más encarnizados subidos a un tractor y con una media res sobre sus espaldas y otra media (pero de red) en el rostro.

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119- El patroncito remolón

“El fracaso, es el único logro al que podemos aspirar”

(del libro “Un Equipo Inteligente y Ambicioso”, de Rosí Lepoc Entrenat)

-Patroncitooo, mire que…

-No me venga otra vez con eso de que “si tengo estancia es por mi peón”, porque le juro que…

-Nooo, mi señor, no es eso. He venido para contarle que la vaca Pichona está vieja y enferma, a punto de espichar… ¿Llamo al veterinario púa, Don?

-¿Para eso me corta la siesta! Si está vieja y enferma matelá y déjese de macanas.

-Disculpe que vuelva, patrón. Pero su perro más querido se quebró una patita. ¿Llamo al…?

-¡Pero, che! ¡Que no se puede descansar en esta mansión! Mateló y déjeme dormir, ¿quiere?

-No quisiera molestarlo pero La Yegua se queja de los huesos, ¿llamo a la…?

-¡Ay, ay, ay… Peonetti! Tome la escopeta y encarguesé de curarla, que quiero seguir roncando.

-¿Mi amor? ¿Estás en la cocina…? ¡Peonettiii! ¿Qué hizo?

-¡Usted me dijo, patrón! Ah, le devuelvo su escopeta.

-Gracias. Y… avíseme a las 5, que tengo que ir del médico porque ando medio fulero.

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120- Rosi y la cultura superior

“-¿Un conservatorio de abogacía?

-Sí, porque la abogacía es un arte.”

(del libro “La Cantora Picapleitos”, de Mary Delitigant)

-Soy el mismísimo Secretario de Cultura y aquí me tiene en personísima, ¿qué necesita?

-Mire, vengo a buscar financiamiento para mi proyecto de índole musical. Hago música extranjera comercial… de esa que se escucha en los países del primer mundo. Admiro mucho a esos países que progresan y la música de acá, me da bastante asco. Yo, la prohibiría. Así, se podrían importar mejores cosas como para elevar un poquitín el nivel del pueblo… para depurar la raza ¿vio?

La verdad, soy millonario y no necesito que me ayuden. Y, como me contaron que ustedes financian sólo música nacional… no tengo mucha esperanza de recibir su…

-¡Ay, nooo! ¡Música nacional, por favor! ¡Usted, es justo lo que buscamos! Nos encanta ayudar a los ricos y a los que desprecian la cultura de este país. Nosotros, sabemos que acá no hay buenos músicos. ¡Hay que saber importarlos! De eso se trata, buen hombre… Millonario me dijo, ¿no?

-Pudiente, para los amigos.

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121- El hospital gráfico

“Siempre vivió en el campo y nunca pudo distinguir un retrete de una bañadera”

(del libro “Uy, me Olvidé y la Pileta”, de Rosí Lecivilich Sinpunterí)

-Mire, Don Alcalde, dice así:

”Estamos trabajando incansablemente por y para su felicidad, señor vecino. Hemos terminado este magnífico hospital, casi público, para usted. Y todo gracias a mí… el Alcalde en ejercicio más lindo y honesto de la Ciudad.”

¿Le gustó el cartel? Es de lata y mide 137 metros cuadrados. ¿Qué me dice?

-Pongaló, nomás.

-Pero… todavía no empezamos a construir el…

-Pongaló, le dije. Primero lo primero, ¿entiende?

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122- Rosi y la ballena pelotera

“En el Altiplano, los desodorantes en aerosol son transportados a lomo de vicuña y de guanaco. Pero nunca (y es sabido por todos), los coyas utilizan llamas para hacer estos viajes.”

(del libro “Pulverizando Vicuñas”, de Rosí Leyamit Encendié)

Lo del ecosistema es una papa. Después de haber estudiado abogacía hasta incinerarse las pestañas, uno lo cacha al vuelo.

Las reglas del mundo animal son claras y predecibles (porque cierta inseguridad jurídica desalentaría las inversiones). ¿Qué escarabajo pelotero razonable, se pondría a juntar estiércol si no tuviera la certeza de contar con un depósito adecuado y persistente en tiempo y espacio?

La cosa es así, los animales se dividen en 2 categorías primordiales; Víctimas y Victimarios. Por eso, cuando un lugar se llena de cucarachas aparecen los alacranes para morfárselas.

Y nadie puede alegar que no imaginó la presencia de los predadores naturales. Ya lo dijo la gran científica Rosarí Mecher Dubunsén:

”Esperemos que la ciudad no se nos llene de krill… porque vamos a estar de ballenas hasta el cuello.”

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123- La pieza del Rascacielo

“Era capaz de terminar más de 15 cuentos en media hora. Siempre y cuando les faltase sólo el punto del final”

(del libro “El Escritor Velocípedo”, de Rosí Lecipedit)

Le decían “Rascacielo”, porque era muy ambicioso y porque vivía en el último piso de un edificio de lujo. Rasca, se la pasaba inventando fórmulas para ganar más guita que sus vecinos. Y cada tanto, cuentan las viejas tomadoras de mate y aficionadas a la quiniela, se ejercitaba con alguna colorida estafa.

Su predilección, aquello que más gusto le daba, era estafar jubilados. Sin embargo, este hombre digno y de trabajo, nunca logró el reconocimiento de los suyos. Para Rasquita (su esposa), que no sabía valorar el esfuerzo de su abnegado marido, siempre fue un holgazán… un estúpido y (como le decía cariñosamente cuando estaba de buen humor) un inútil, que se la pasaba tirado en el catre panza arriba.