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Cuentos Argentinos y Antenudos 22



Cuentos Argentinos y Antenudos 22
67- El abogado del dragón

“Como abogado, dedicó parte de su vida a defender tropillas de compositores incomprendidos por sus contemporáneos. El tipo, gran conocedor de todas las leyes y de sus vericuetos, te justificaba cualquier enlace de acordes. Para él, sus clientes eran la armonía misma.”

(del libro “Sofistas del Capitalismo Legal”, de Rosí Lederech)

-Usted, que leyó el libro de la prolífica Rosí, ¿podría decirme a qué dedicó la parte restante de su vida, este hombre de leyes llevar?

–Sí, justamente, el cuento habla de lo que hacía este abogado mientras no defendía músicos extravagantes y acaudalados.

Juan Carlos Goncito, alias “Juanca”, empezaba a tomar de temprano como para entonarse y nunca lograba su cometido. Por las tardes, iba chupadazo a sus clases de canto. Y, cuando se hacía patente que no había practicado los ejercicios recetados por su profesora (la bella Doctora Roberto Romina Corsario), pedía unos minutos para despejarse en los jardines del conservatorio.

Ahí, con el cuento de que iba a fumar sustancias prohibidas, aprovechaba y le seguía dando a su inseparable petaquita de whisky berretón.

Cuando retornaba a la clase, La Corsario le hacía soplar una vela encendida para comprobar si había estado fumando como un buen alumno o si se había dedicado a su viejo vicio.

El resultado, siempre era una llamarada temible. Por eso, algunos le batían “Juan Dragoncito” y le pedían que hiciera su número fogoso para divertir a la muchachada asustando a las niñas más recatadas (esas que sólo se inyectaban alguna cosita día por medio).

Tanto se cebó el Juancito que, creyéndose un dragón de los de antes, salió a quemar a cuanto ser viviente se le cruzara. Está de más decir, que lo hizo sin comprender la criminalidad de sus actos.

Aunque, según el fiscal, tuvo una siniestra puntería al cruzarse justo con todos sus acreedores, enemigos y tipos que se habían mofado por su lagarto de Komodo de escupir fuego.

Lo que el fiscal no tuvo en cuenta, para exonerarlo sin necesidad de un juicio poco simpático, fue que también liquidó a un pobre perrito. Dijo, maliciosamente, sobre esta prueba de la defensa:

“-Lo del perro, fue posterior a su detención. Este cantor de cuarta, lo hizo para alterar el porcentaje de víctimas sospechosas y encima se la agarró con un perro de la comisaría.”

Según cuentan, el fiscal tenía un especial encono contra Juanca Goncito desde su más tierna infancia. Al parecer, nuestro amigo Juanca (el asesino), le había quitado un pañal casi nuevo aprovechando que éste, el niño que ya pintaba pa’ fiscal por lo prominente de su dedo acusador, escuchaba embobado un programa de radio poco recomendable.

Cuentos Argentinos y Antenudos 22
68- Distinción importada

-Necesitamos nuevos móviles, para nuestros funcionarios. Ya mismo, dé la orden de importar los mejores y más caros autos de lujo del mercado.

-¿Y si compramos unos de fabricación nacional, que son más baratos?

-¿Vos querés que viajemos en los mismos autos que usan los empleados vulgares y algún que otro pobre ahorrativo?

-¡Ay, no! ¡Ahora, entiendo la razón! ¡Cómo pude pensar algo tan terrible!

Enseguida mando la orden de importación, señor.

-¿Vio que todas las cosas tienen un por qué?

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69- La guitarra del zurdaje

En un país lejano, ubicado a la mayor distancia posible de las antípodas de este, un alcalde ricachón y propenso al neoliberalismo económico se ofreció a etiquetar algunos instrumentos en el Conservatorio Municipal, para tener mayor control sobre las existencias de dicha institución pública de enseñanza académica.

Según cuentan los buchones bien informados, entró disfrazado de hombre pobre y bondadoso. Y una vez dentro, descubrió que su envestidura no era del todo venerada. Por eso, se vengó de los que pudo (de los más débiles) al pegar las etiquetas durante la noche. La noche… ¡Ah, la noche…! Estaba poblada de nubes negras y de luces marrones. Y de ratas grises y de…

-¡Antenudo, le pagué para que redacte una crónica y usted se me pone poético!

-No volverá a suceder, Señorita Edith.

Bueno, como venía contando, este sátrapa (lo digo sin tomar partido) se vengó de los que estaban a su alcance.

Los guitarristas diferentes, se encontraron con la afrenta cuando recurrieron a la Sala de Instrumentos Ángel Lasala. En sus guitarras podía leerse, con letra temblorosa y con muchas faltas ortográficas que habré de subsanar por respeto a mis seguidores, la siguiente frase:

“Guitarra para Zurdos”

Y además, les había pegado una foto del Che Guevara y una nota que decía:

”Si no aman a su Excelentísimo Alcalde, el Conservatorio Municipal será vaciado. No voy a tolerar el libre albedrío. A mí, sólo me simpatiza el liberalismo económico y cuando tengo las de ganar. Así que prepárense para abonar la cuota de alguna academia privada.

(Yo tengo algunas, por si les interesa).

Atentamente,

El Gran Gestor del Pueblo.