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Cristina los reto a todos

Bordet “azorado” por los gritos de Cristina a los gobernadores

La Presidenta había invitado a los gobernadores peronistas a una comida de “camaradería” pero poco antes del final del encuentro el ambiente cambió y la mandataria comenzó con los reproches. Urribarri y Capitanich dieron la nota.

El almuerzo arrancó tranquilo -a puertas cerradas- en el comedor presidencial de la Casa Rosada. La presidenta Cristina Kirchner había invitado a los gobernadores peronistas a una comida de “camaradería” para agradecerles el apoyo en estos 12 años de gobierno kirchnerista y analizar el nuevo rol del peronismo a partir del 10 de diciembre como principal partido de la oposición. Pero a los postres, el ambiente se puso espeso y la cordialidad inicial quedó sepultada por el estallido de “La Jefa”.

A los gritos, y ante la mirada atónita de los comensales, comenzaron los pases de factura por parte de CFK. Primero, al jujeño Eduardo Fellner, a quien le reprochó a viva voz haber sido derrotado en su tierra por el radical y aliado de Cambiemos, Gerardo Morales.

Y luego, le tocó el turno al sanjuanino José Luis Gioja, que tenía la pretensión de conducir el bloque del PJ en Diputados a partir del 10 de diciembre y contaba, además, con el visto bueno de sus pares. Cristina le cortó en seco su aspiración. De hecho, según pudo saber El Cronista -que logró reconstruir detalles del encuentro- el supuesto consenso alcanzado por Cristina y los mandatarios provinciales para dos cargos clave, Ricardo Echegaray, en la Auditoría General de la Nación (AGN) y Héctor Recalde, frente a la bancada de diputados del FpV fue, en rigor, una “imposición” de CFK, que se mostró en la reunión “más Cristina que nunca” y no como una presidenta en retirada que se encuentra a apenas ocho días de dejar el poder.

“La reunión fue durísima”, dijo una fuente que tuvo acceso a los participantes.

Otros que dieron la nota durante el almuerzo fueron los gobernadores de Entre Ríos, Sergio Uribarri, y Jorge Capitanich, de Chaco, intentando calmar alguna que otra tibia reacción de sus pares ante los gritos de Cristina: “es la Jefa, es la Jefa…” susurraban por lo bajo para aplacar cualquier atisbo de rebelión o intento de contradecirla.

A decir verdad, no lo hubo. Ninguno de los presentes se atrevió siquiera a insinuarle a Cristina Kirchner que la derrota en el ballottage del 22 de noviembre tiene también su sello indiscutido. De eso, claro, no se habló. ¿O no fue la Presidenta acaso la que ordenó la interna bonaerense y cuando Aníbal Fernández le ganó en las PASO a Julián Domínguez ella lo respaldó, aún después de la denuncia en el programa de Jorge Lanata que vinculó al jefe de Gabinete con el narcotráfico y repercutió en su performance electoral al punto de perder la Provincia?.

Y también fue Cristina quien eligió a Carlos Zannini, el candidato a vice de Daniel Scioli, que claramente no ayudó al exmotonauta a sumar el voto de los independientes en la competencia con Mauricio Macri.

Los más azorados por la conducta presidencial en el tenso almuerzo de ayer fueron los mandatarios electos Sergio Casas (La Rioja), Hugo Passalacqua (Misiones), Gustavo Bordet (Entre Ríos) y Sergio Uñac (San Juan), sin experiencia en esto de lidiar con “los humores” de la Presidenta. Una cosa quedó clara: lejos de pensar en su retiro, CFK pretende seguir manteniendo, aunque sin cargo formal, la conducción del peronismo una vez que deje el poder el próximo 10 de diciembre.

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