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Creencias y Religiones, una necesidad casi primaria

La mayoría de los humanos tenemos una vida mediocre, muchos de nosotros tendremos hijos y nietos y seremos recordados por ellos, pero seamos realistas, ahí se acabó. No es de sorprendernos que recurramos a la idealización del amor, a un Dios, al destino o al karma para darle sentido a nuestra breve, minúscula e insignificante existencia, la cual es un mero parpadear de ojos en la infinidad del tiempo y espacio.

También recurrimos al destino, para justificar lo que nos pasa, victimizarnos sobre aquello que hicimos mal o dejamos de hacer y por cuestiones de mecanismo de supervivencia, necesitamos creer que después de “X” cosas que nos suceden, por destino o karma, la vida, Dios o el Universo nos compensará. Pero… ¿Realmente es así?

Es cierto que todo en la naturaleza es perfecto y armonioso, nosotros como producto de la naturaleza también lo somos. Y a su vez, somos el único producto de la naturaleza consciente de su existencia finita.

Yo me pregunto… si fuésemos físicamente inmortales, ¿A alguien le preocuparía el destino, el alma, Dios…? ¿Alguien buscaría respuestas espirituales a planteos existenciales? Seguramente tendríamos curiosidad sobre asuntos tales como de dónde viene el mundo y como fuimos creados, (todo perfectamente explicado por la ciencia a esta altura del partido…) ¿Pero necesitaríamos apelar a mitos, creencias y montar religiones para salvarnos?

No nos engañemos más, todas las religiones y creencias tienen un factor en común: salvar el alma humana después de la muerte, lo cual podría decirse que es una necesidad (incluso comprensible). A nadie la gusta la idea de morirse un buen día y que todo quede “en la nada”, queremos creer que hay vida después de la muerte o bien que nuestra alma irá al cielo, infierno o purgatorio.

El funcionamiento de nuestro mismo cerebro, mero órgano humano de 1,5 kg. de peso excede nuestra misma comprensión, no hay persona en el planeta que pueda tener noción de conceptos absolutos tales como infinito, nada o perfección. No nos queda más que intentar atribuirle a un ser o entidad divina, superior a nosotros, que también excede nuestra limitada comprensión todo aquello que pasa en el mundo y a sus ínfimos habitantes, tal entidad que nos hemos empeñado en personificarlo a nuestra imagen y semejanza.

Un sabio músico, poeta y casi profeta una vez dijo “cuando la lámpara se apaga, se apaga…”, creo que deberíamos enfocarnos en hacer valer nuestra vida sin esperar nada más de ella de lo que ya nos puede ofrecer, estar vivos es realmente una lotería y el mero hecho de existir puede resultar placentero, tal como la habilidad de saber apreciar los pequeños pero a la vez fascinantes acontecimientos a nuestro alrededor.

No es mi intención ofender a nadie, cada quien es libre de profetar la religión o creencia que más se adecúe a cada quien, y salud a eso!

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