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Conozca Quien Mato A Jose Gregorio Hernandez

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Fernando Bustamante un buen amigo de José Gregorio Hernández

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¿Quién fue Fernando Bustamante?

Seguramente muchos de ustedes no saben quién es este personaje; pero el accidente que terminó con la vida del Doctor José Gregorio Hernández, tiene dos caras y una misma tragedia: por un lado la muerte del Doctor José Gregorio Hernández y por el otro, lo acontecido al señor Fernando Bustamante conductor del vehículo, quien durante más de sesenta años sobrevivió a este lamentable acontecimiento.

Fernando Bustamante había nacido en Mérida el 30 de mayo de 1894, contaba con 25 años de edad para ese momento, de profesión mecánico dental, era casado y padre de un niño.

El Doctor José Gregorio Hernández no era un desconocido para Bustamante, todo lo contrario, eran buenos amigos. Ya que en varias ocasiones el Dr. Hernández había sido médico de su familia.

El diario caraqueño El Monitor, en su edición del 21 de abril de 1904 afirmaba que: “el lunes 18 de abril por la tarde transitó por las calles de Caracas por primera vez, un lujoso automóvil, el cual había sido traído por el señor Doctor Isaac Capriles”. Este hecho registra el primer automóvil que llegó a Caracas. “Lo manejaba un individuo extranjero, quien sin duda había venido para generalizar entre nosotros el uso del cómodo vehículo”, añadía el desaparecido rotativo. El vehículo en cuestión era un Cadillac B de 1904, pintado en marrón con detalles negros, como los otros 2.417 hechos en Detroit U.S.A., y su costo fue de 810 US$.


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Cadillac B de 1904


Cuando se produce el accidente en el cual perdió la vida de José Gregorio, habían transcurrido quince años del acontecimiento reseñado por El Monitor; por tal motivo se estima entonces que para 1919 había en la ciudad de Caracas un gran número de automóviles, autobuses y camiones.

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Autobus en Caracas 1915

El accidente del Doctor Hernández no había sido el primero que se había producido, se sabe que el 1º de julio de 1913 se registró el primer accidente automovilístico en Caracas, el lugar fue en la esquina el joven Marcos Parra, en su honor ésta esquina lleva su nombre.

El domingo 29 de Junio de 1919; día de los Santos Apóstoles San Pedro y San Pablo, y aniversario de graduación de médico del Doctor José Gregorio Hernández, a eso de las 2:20 de la tarde salía de las farmacia Amadores, luego de comprar una medicina para una anciana que estaba enferma cerca de allí, pero además hay otro dato que podríamos agregar a su presurosa salida de la botica: momentos antes, al entrar en la botica, el Dr. Hernández fue requerido para atender un niño herido, que se había caído de una ventana de un balconcito. Ese dato aparece en el libro titulado: “José Gregorio Hernández de Isnotú” del doctor Antonio Sanabria, donde dice lo siguiente: “En carta dirigida al señor Guillermo Schael, y publicada en el diario “El Universal”, el 27 de Octubre de 1964, la señora Rosalía Salazar de Rivas apunta que el día de su muerte, Hernández iba a. La familia del niño apellidado Fagúndez vivía de Cardones a Aurora. El padre de la señora Rivas, llamado Jacobo Salazar Sucre, al ver al niño herido se ofreció para buscar al doctor Hernández, en su camino el señor Salazar, vio entrar en la botica de Amadores al Dr. Hernández y estando allí, le informó el caso del niño herido”. Se presume que esa emergencia, sería la causa de la prisa que tenía el Dr. Hernández al salir de la farmacia.

Infografía del accidente, tomado de: El Universal

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Bustamante, quien conducía en ese momento un vehículo Hudson Essex de 1918 (semejante al de la foto adjunta), intentó rebasar el tranvía nº 27 de La Pastora.

Se pudo saber luego de las investigaciones del accidente, que el señor Bustamante ya tenía bastante tiempo conduciendo vehículos a motor, sin embargo tan sólo trece días antes, había obtenido su título de conducir, firmado y sellado por el secretario de Gobierno del Distrito Federal; Raúl Crespo Vivas, una vez cumplidos los requisitos exigidos por el Reglamento para el Servicio

de Automóviles.

Marca y datos técnicos del vehículo

Marca: Hudson Essex

Mod.1918 Velocidades: 3 + Reversa

Motor: 4Cil -2.94 Litros

Fuerza: 18,2 BHP

Tanque Combustible: 36 Litros

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Hudson Essex Mod.1918

(Vehículo similar al que atropelló al Doctor Hernández)

Bustamante, quien conducía en ese momento un vehículo Hudson Essex de 1918 (semejante al de la foto adjunta), intentó rebasar el tranvía nº 27 de La Pastora.

Se pudo saber luego de las investigaciones del accidente, que el señor Bustamante ya tenía bastante tiempo conduciendo vehículos a motor, sin embargo tan sólo trece días antes, había obtenido su título de conducir, firmado y sellado por el secretario de Gobierno del Distrito Federal; Raúl Crespo Vivas, una vez cumplidos los requisitos exigidos por el Reglamento para el Servicio de Automóviles.

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Titulo Original de conducir del Sr. Fernando Bustamante

Es importante hacer notar la actitud del señor Raúl Crespo Vivas, secretario del Despacho de la Gobernación y las primeras autoridades de la policía, ambas se dieron a la inmediata averiguación de lo sucedido.

El tercer día contaría su versión de los hechos, el señor Bustamante ante el Tribunal de Instrucción del Departamento Libertador del Distrito Federal, presidido por el Juez Alejandro Sanderson, testimonio que forma parte del Expediente Nº 32, que dice así:

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Portada original del Expediente Nº 32

“El día veinte y nueve del mes en curso, como a las dos de la tarde, iba yo manejando mi automóvil, subiendo de la esquina del Guanábano a la de Amadores, por delante de mi marchaba un carro de los tranvías eléctricos, y como viniera en sentido contrario un muchacho manejando una carretilla, le di paso y seguí marchando tras el tranvía; tomando enseguida la izquierda, aplicando la segunda velocidad, empecé a tocar la corneta, por temor de que por el lado de la calle se apeara alguno del tranvía; al llegar a la esquina de Amadores, y antes de entrar en la bocacalle, el tranvía quitó la corriente y yo entonces pisé el acelerador para darle un poco de velocidad al carro y embragar la tercera velocidad.

En el momento que iba a operar este cambio, vi encima del automóvil una persona que, al pretender esquivar el automóvil y junto con su acción de hacerse hacia atrás y como caminara algún tiempo pretendiendo guardar el equilibrio, hasta que al fin, cayó de espaldas. Yo detuve el auto y volví a ver si se había parado, pero lo vi en el suelo y reconocí al Dr. José Gregorio Hernández, y como éramos amigos y tenía empeñada mi gratitud para con él, por servicios profesionales que gratuitamente me había prestado con toda solicitud e interés, me lance del auto y le recogí, ayudado por una persona desconocida para mí, y le conduje dentro del auto, sentándose a su lado la persona que me ayudó a recogerlo; y entonces en mi interés de prestarle los auxilios necesarios, lo conduje, tan ligeramente como pude, al Hospital Vargas, y llamé al policía de guardia en el hospital, explicándole prontamente lo que pasaba, entonces acudió un interno y entre todos le condujimos a la cama de los enfermos, y, como en ese momento no se encontraba ningún médico en el hospital, fuimos en el mismo auto por el Dr. Razetti, encontrándole en su casa, le condujimos inmediatamente al hospital, y al llegar, un sacerdote que venía saliendo nos informó que el Dr. Hernández había muerto…”

El sacerdote que le había dado la noticia de la muerte al señor Bustamante, era el presbítero Tomás García Pompa, Capellán del hospital, y el que le había acabado de administrar en ese momento el Sacramento de Extremaunción.

El impacto con el automóvil lo lanzó hacia la derecha de la calle y al caer se fracturó la base del cráneo, con el borde de la acera. El ciudadano que ayudó al señor Bustamante a recoger a José Gregorio Hernández y colocarlo junto a él en mismo automóvil para conducirlo hasta el Hospital Vargas, llevaba consigo un libro de oraciones, en el trayecto le rezó a José Gregorio las preces de la recomendación del alma de San José.

Oración a San José para obtener la Gracia de una Buena muerte

“Oh San José que sois el modelo, el protector y el consolador de los moribundos, yo os pido vuestra protección para el último instante de mi vida, para ese momento terrible en que no sé si tendré fuerzas para llamaros en mi ayuda. Haced que muera con la muerte de los justos.

Mas para hacerme digno de una gracia tan grande, obtenedme que viva como voz, en la presencia de Jesús y de María, y que no ofenda sus miradas con el espectáculo de mis pecados. Que empiece desde este momento a morir para mis pasiones, deseos terrestres y todo lo que no es Dios, a fin de vivir únicamente para Aquel que murió por mí.

¡Jesús, María y José! con la esperanza de vuestro socorro y bajo vuestro auspicio tomo esta resolución, sedme propicio ahora y en la hora de mi muerte y haced que expire pronunciando vuestros dulces nombres.

¡Jesús, María y José! Yo os doy mi corazón, mi espíritu y mi vida.

¡Jesús, María y José! Sed mis defensores durante mi agonía.

¡Jesús, María y José! Que dulcemente expire en vuestra compañía.

Amen

El padre Eduardo de Gema en su libro “El siervo de Dios Doctor José Gregorio Hernández” nos dice que éste caballero que ayudó a Bustamante en el carro, era un empleado de los servicios del alumbrado eléctrico y además dice que era de profesión carpintero, pero lo extraño para mi podría ser la oportuna intervención de la Providencia, de modo que éste individuo llevara consigo este librito. Nos agrega el padre Gema: “…Venezuela estaba allí, entre aquel hombre moribundo, gloria de la Nación y de la Iglesia, y aquel pobrecito obrero, que leía en su libro ajado por el uso, las oraciones últimas al hombre más grande de su Patria.”

Este hombre que oró en sus últimos momentos con el Dr. Hernández en agonía, se llamaba: Juan Antonio Ochoa Fernández y su declaración en el tribunal fue esta:

“En la misma fecha compareció previa citación, una persona que juró decir verdad y dijo llamarse, Juan Antonio Ochoa Fernández de veinte y un años de edad, soltero, industrial y vecino de esta ciudad en la parroquia la Pastora, entre las esquinas de Natividad y San Pascual Nº 165. Instruido del hecho que se inquiere y de las disposiciones legales sobre testigos, manifestó que no tiene impedimento alguno para declarar en este asunto. Excitado a que diga lo que sepa sobre el hecho que se averigua, expuso:

El día veinte y nueve del mes en curso, como a las dos de la tarde, iba yo en el tranvía de la esquina del Guanábano a la de los Amadores, sentado en los asientos de adelante y pocos metros antes de llegar a esta esquina, vi al doctor José Gregorio Hernández que bajaba la acera en el ángulo de la esquina de los Amadores donde queda la botica y atravesaba la calle, en momentos en que un automóvil que venía de la esquina del Guanábano, pasaba al tranvía y le daba un golpe al doctor Hernández, quien fue a dar contra el borde de la acera de la derecha; el tranvía se paró inmediatamente, lo que hizo ya llegando a la esquina de los Amadores; yo corrí y ayudé al chofer, a quien no conozco, a subir al doctor Hernández al automóvil, el cual se encontraba parado como a tres metros de distancia, y en seguida nos dirigimos al Hospital Vargas…”

Se contaron para las investigaciones del caso en el Tribunal de Instrucción, una lista de -once testigos- que dieron declaraciones, ellos fueron: Mariano Eduardo Pérez (el conductor del tranvía), Alfonso Timaury (el colector), Vitelio Utrera (boticario), Diego Casaña Salom, el Coronel Eduardo Baptista, Luis Felipe Badaraco, Luis Monroy Abreu, Francisco Gascue y Juan Antonio Ochoa Fernández, (pasajeros del tranvía), Vicente Romana Palacios (transeúnte) y la vecina señorita Angelina Páez, quien estaba en la ventana de su casa cuando ocurrieron los hechos.

El día 30 de junio comenzaron los interrogatorios. Angelina Páez, la bisnieta del General Páez y sobrina del Doctor Luis Razetti, declaró al tribunal desde su casa, el día 03 de julio, pues se negaba a salir a la calle, aún impresionada por el accidente. Su declaración comienza así:

“El chauffer antes de llegar a la esquina de Los Amadores no tocó la corneta e iba con mucha velocidad” ésta versión, contradijo lo dicho por el mismo Bustamante en su primera declaración del día 02 de julio.

En esa oportunidad el señor Bustamante aseguró que tocó corneta y así como aclaró que en cinco años que tenía conduciendo vehículos en la ciudad y carreteras –a pesar de que hacía sólo trece días atrás había recibido el título de manejo– “… no he tenido nunca ningún inconveniente, ni he sido nunca citado a la Inspectoría para observaciones sobre el reglamento”. Se refería al Reglamento del Tráfico en las Carreteras en la Republica, del primero de junio de 1915, que entre otros puntos, establecía un máximo de 30 kilómetros por hora.

Luego de escuchar la declaración de la señorita Páez, el juez Sanderson decidió la detención de Bustamante. Al día siguiente, el día 04 de julio, fue interrogado nuevamente por el tribunal. Preguntando “¿Sabe usted quiénes son los autores, cómplices o encubridores de la muerte del doctor José Gregorio Hernández acaecida el 29 de junio último?:

“El destino, pues el relato de lo sucedido consta en la declaración que rendí en este mismo tribunal…”.

El día 16 de julio, concluyen los interrogatorios a los testigos y se realiza ese mismo día la topografía del accidente o croquis, como se le conoce actualmente, el Tribunal de Instrucción pasó el expediente al Juzgado del Crimen del Distrito Federal, a cargo del Juez Luis Sagarzazu, quien de inmediato notificó al representante del Ministerio Público, Ramón Gómez Valero. Así mismo, a solicitud del acusado, el tribunal citó al doctor Pedro Manuel Arcaya, quien aceptó defender a Bustamante.

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Croquis Original del accidente del expediente

Es curioso que los diarios de la época tales como: El Universal, y El Nuevo Diario (Paz y Trabajo) en las ediciones del día de la tragedia, no hacen mención alguna del señor Bustamante, aún se desconoce el motivo de su omisión. Dicen algunos que el motivo del silencio fue porque el señor Bustamante era amigo de Alí Gómez, hijo del Juan Vicente Gómez y tal vez por ello se tuvo la deferencia, de esperar las investigaciones. También podemos agregar que con el cariño que las personas le tenían al Dr. Hernández podrían surgir represalias en contra de la integridad física del señor Bustamante, lo que ameritaba tal vez cierta discreción.

En el folio 23 del expediente existe copia de una interesante carta, que encierra una gran enseñanza, por la gran caridad y sentimientos que ella contiene; esta carta, escrita por el Dr. Benjamín Benigno Hernández y Cesar Hernández, hermanos del difunto Dr. José Gregorio Hernández, está dirigida al Juez de Primera Instancia en lo Criminal el Dr. Sagarzazu y de ella copio:

“…Queremos hacer constar que la familia Hernández no ha pedido ni pide que se castigue a Bustamante y así ninguno de nosotros se ha constituido en acusador en el proceso, porque estamos convencidos de que el infausto suceso en que pereció el Dr. José Gregorio Hernández fue debido a un accidente imprevisto, sin intención delictuosa alguna del expresado Bustamante, ni culpa suya.

Dios en sus altos designios dispuso sin duda que el Dr. Hernández falleciera del trágico e inesperado modo en que sucedió su muerte y nosotros nos conformamos con su soberana voluntad.”

El 04 de Agosto el Fiscal del Ministerio Público efectuó el acto de cargo, imputando a Bustamante por homicidio por imprudencia, lo que hoy se conoce como homicidio culposo.

El doctor Pedro Manuel Arcaya, vinculado al gomecismo, redactor de leyes, ministro y senador para el momento del juicio, solicitó al Juez la autorización para repreguntar a los once testigos. Con habilidad logró que diez de ellos se contradijeran, entre ellos la señorita Páez, quien manifestó que fue posible que ella no escuchara la corneta.

El abogado también citó a testigos como Manuel Pérez, quienes dieron como cierto que el doctor Hernández andaba a pie, de prisa y con la mirada baja, al fiscal Ramón Gómez Valero no le quedó otra opción que pedir la absolución del imputado el 17 de noviembre de 1919.

Cuatro días después, el juez Luis Sagarzazu dictó la absolución, pero Bustamante no obtendría la libertad hasta el 11 de febrero de 1920, (su prisión llevo 8 meses y 9 días) luego que la Corte Suprema presidida por el doctor Juan Colmenares, ratificará la sentencia del Juzgado del Crimen.

En 1977, a los 84 años d edad. Bustamante habló por vez primera del accidente en una entrevista que realizara el periodista Jesús Méndez Castellano, del diario El Nacional. En ella dice:

“Con lágrimas en los ojos, el otro protagonista de la historia, contó sobre la muerte del “Venerable” José Gregorio Hernández. En medio de su relato comentó que estaba decidido que su hijo, que estaba por nacer, iba a ser ahijado del Doctor Hernández, en gratitud a las tantas veces que el médico atendió a los miembros de su familia de forma gratuita. A los pocos meses de la tragedia nació el niño, pero falleció poco después. Bustamante agregó que él fue la primera persona que le dio la santidad al médico de los pobres, cuando en medio del juicio, aseguró lamentar la muerte del “sabio y santo doctor”; por eso cuando enfermaba pedía a José Gregorio que le sanara de sus dolencias.

En el mes de diciembre del 2013; tuvimos el gusto de conocer a la familia Bustamante, mi esposa, el padre Roger Mendoza y mi persona; para ello nos dirigimos a su casa que queda en San José, una zona céntrica de la ciudad de Caracas, previa invitación que nos hiciera una de sus nietas. Allí tuvimos la oportunidad de dialogar y compartir esa tarde con varios miembros de la familia y entre ellos, dos de sus hijas, quienes son personas muy afables y simpáticas. Una de sus hijas nos contó, como su padre jamás pudo superar esa situación que lo marcó e hizo sufrir toda su vida; nos dijo además que cada año, cuando se conmemoraba el natalicio o la muerte del Dr. Hernández el señor Bustamante se encerraba en su cuarto, en luto, no queriendo ver a nadie en esos días.

Me gustaría citar de la Exhortación Apostólica “La Alegría del Evangelio” del Papa Francisco lo siguiente:

Comprendo a las personas que tienden a la tristeza por sufrir graves dificultades, pero poco a poco hay que permitir que la alegría de la fe comience a despertarse, aun en medio de las peores angustias.

El buen amigo del Dr. Hernánez falleció el primero de noviembre de 1981, también un domingo y día de Todos los Santos, fue noticia, pues había muerto el chofer que conducía el carro del accidente donde perdió la vida el “Venerable” Doctor José Gregorio Hernández.

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