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Conoce a Oliverio Girondo, un loco hermoso (1891-1967)

Conoce a Oliverio Girondo, un loco hermoso (1891-1967)
Oliverio Girondo odiaba todo lo pequeño, en un ambiente que definía como de sutiles confabulaciones y minúsculas voluptuosidades. Su enorme impulso a la renovación jamás fue dogmático. Y, como el profético William Blake, pensaba en que todo lo que permanece se corrompe. Así definió a grandes trazos Ulyses Petit de Murat a su entrañable amigo, de quien no olvidaba sus espectaculares vociferaciones ni su permanente espíritu iconoclasta.

Conoce a Oliverio Girondo, un loco hermoso (1891-1967)
Sin lugar a dudas Oliverio Girondo no sólo ha sido uno de los más grandes poetas argentinos de todos los tiempos sino que también su aire juguetón y cosmopolita, su activa participación en el grupo Florida y desde allí en los esplendores de la vanguardia argentina, su matrimonio estelar con Norah Lange, constituyen hoy en día uno de los grandes mitos de la literatura argentina del siglo XX. El hombre que rompía sus papeles, como gustaba definirlo, Raúl Gustavo Aguirre, no fue un escritor; fue un poeta toda su vida. Romper papeles -decía Aguirre, siguiendo al pie de la letra una confesión que Girondo le hiciera a Julio Noé- significa romper con el papel de escritor, negarse como tal en el momento mismo de su afirmación, “crear una nueva instancia donde el escritor no existe ya por los papeles que escribe sino por aquellos que rompe, donde el autor es menos lo que habla que el silencio que afirma en la destrucción de lo que ha escrito”.

Conoce a Oliverio Girondo, un loco hermoso (1891-1967)
Perteneciente a una familia argentina de origen vasco y rancio abolengo (emparentada con los Uriburu, los Aramburu y los Arenales), Girondo forma parte de esa raza fecunda de intelectuales liberales argentinos que se formaron en Europa. “Soy hijo de toda la literatura francesa de este momento”, reconoce en una entrevista de Francisco Urondo para la revista Leoplán en 1962. Pero, a diferencia de otro martinfierrista prodigioso como Jorge Luis Borges, Oliverio Girondo sólo fue poeta. Además, a lo largo de casi cuarenta años de producción (desde los años veinte hasta los inicios de los sesenta) publicó muy poco. Poco más de ciento cincuenta poemas reunidos en seis libros que van desde su tan celebrado Veinte poemas para ser leídos en el tranvía, de 1922 -el mismo año en que se publicó Trilce, de César Vallejos- hasta La masmédula, de 1956. El propio Girondo y el testimonio de sus amigos dan cuenta de que, en función de su afán perfeccionista y de su exquisito rigor, el poeta rompió muchos papeles y mandó al cajón de la basura otros. Y en este sentido, los cambios operados entre su primer y último libro hablan a las claras de un proceso permanente de ruptura y de búsqueda en el interior de la lengua.

Viajero incansable

Cuando en 1923 integra la redacción de la revista Proa, Oliverio acababa de regresar de Europa con sus Veinte poemas… en el bolsillo. Desde pequeño había realizado frecuentes viajes a Europa con sus padres y estudió en el colegio Epsom de Londres y luego en la escuela Albert Le Grand, de Arqueil. Refiere Ramón Gómez de la Serna que desde allí lo expulsaron después de tirarle en la cara un tintero a su profesor de geografía que pocos minutos antes se había referido frente a sus alumnos a los antropófagos que vivían en Buenos Aires, capital del Brasil. Al terminar la escuela secundaria, Girondo le promete a sus padres recibirse de abogado (carrera que jamás ejerció) si éstos a su vez le garantizan un viaje a Europa cada año. De esta manera conocerá Francia, Italia y España e, interesado seriamente por la paleontología y la etnografía, viaja por Egipto y luego por todas las repúblicas americanas del Pacífico.

De uno de sus viajes por Europa, en 1926, Girondo regresa con una importante y oscura barba de gaucho y en Buenos Aires, en un almuerzo que dan los martinfierristas en honor de Ricardo Güiraldes, lo espera una mujer, Norah Lange. Cuentan que cuando intentó sacarse la barba, el peluquero se resistió, y entonces Oliverio nunca más repitió el intento. Por esos años, Norah había regresado de Noruega y publicaba su libro 45 días y 30 marineros. Ambos hacen una fiesta donde Girondo le fabrica un traje de sirena pero con las escamas al revés. Desde entonces Norah, su “angelnorahcustodio”, y la barba serán los incesantes compañeros del poeta.

Más allá de ese estilo de niño bien un poco provocador, Girondo irá alejándose del esnobismo y de las luces de artificio que caracterizaron a cierto sector de la vanguardia, para convertise en un personaje prescindente, antisolemne, antiacadémico. Maestro de las jóvenes generaciones de poetas, su estilo se emparenta con el de Macedonio Fernández, a quien lo une un gran amor por los disparates lógicos.

La poesía como forma de conocimiento

Se pueden leer en la poesía de Girondo tres momentos fundamentales. Como verdadera ópera prima, los Veinte poemas… inauguran una poesía vital, llena de un entusiasmo celebratorio que parece responder al imperativo de la vanguardia de unir arte y vida. Muchos de sus poemas podrían funcionar como un manifiesto futurista, a partir de su desprecio por los valores consagrados y de su irreverencia religiosa. Pero hay algo más: a partir de esta poética de lo provisorio y de un uso ajustado del montaje cubista, se desmantela la linealidad cronológica de los cuadernos de viaje a favor de una lírica urbana que ubica la ciudad como centro.

Conoce a Oliverio Girondo, un loco hermoso (1891-1967)

El cosmopolitismo, la carnavalización de la que habla Jorge Schwartz en sus estudios críticos, permiten que el turista burlón salte de Bretaña a Brest, de Venecia a Buenos Aires o Sevilla y pueda maravillarse por las chicas de Flores, que “tienen los ojos dulces, como las almendras azucaradas de la Confitería del Molino y usan moños de seda que les liban las nalgas con un aleteo de mariposa”. La centralidad del elemento visual (muy importante tanto en las preocupaciones teóricas de Girondo como en la integración del dibujo en los procesos de composición) se combina con una poética de lo provisorio donde parece cumplirse el mandato del epígrafe del libro: “Ningún prejuicio más ridículo que el prejuicio de lo sublime”. De esta manera, la humanización de los objetos y la novísima centralidad que se le otorga a lo urbano, ya sean sus calles, los medios de transporte, los espacios públicos, los cafés y las milongas, permiten articular una estética profundamente antirromántica e innovadora.

Espantapájaros, de 1933, marca, en opinión de Enrique Molina, un segundo momento en la poesía de Girondo, que comienza ahora a situarse entre la tierra y el sueño, y donde los protagonistas ya no serán más las cosas sino los mecanismos psíquicos, los instintos. El absurdo surge aquí del sinsentido de una realidad impenetrable, donde el sujeto se astilla en miles de fragmentos: “Yo no tengo una personalidad; soy un coctel, un conglomerado, una manifestación de personalidades”.

Sin embargo, es En la masmédula, de 1956, donde la experiencia con el lenguaje alcanza momentos inigualables en la poesía latinoamericana, sólo comparables a los de Trilce, de César Vallejo. Girondo se instala aquí en un universo verbal absolutamente propio y deja un legado único, exquisito, en la poesía en lengua castellana. Con el correr de los años, con el riguroso trabajo sobre la lengua, llega el cansancio, pero también la lucidez que produce el acercamiento de la muerte, como en “Noche Tótem”: “Los idos pasos otros de la incorpórea ubicua también otra escarbando lo incierto/ que puede ser la muerte con su demente célibe muleta/ y es la noche/ y deserta”.

ahora para concerlo mejor les dejo unos de mis poemas preferidos de Oliverio:

El puro no

El no

el no inóvulo

el no nonato

el noo

el no poslodocosmos de impuros ceros noes que noan noan noan

y nooan

y plurimono noan al morbo amorfo noo

no démono

no deo

sin son sin sexo ni órbita

el yerto inóseo noo en unisolo amódulo

sin poros ya sin nódulo

ni yo ni fosa ni hoyo

el macro no ni polvo

el no más nada todo

el puro no

sin no

Conoce a Oliverio Girondo, un loco hermoso (1891-1967)

Escrúpulo

Me parece que vivo

que estoy entre los ruidos

que miro las paredes,

que estas manos son mías,

pero quizás me engañe

y paredes y manos

sólo sean recuerdos

de una vida pasada.

He dicho “me parece”

yo no aseguro nada.

argentina


Mi lu

mi lubidulia

mi golocidalove

mi lu tan luz tan tu que me enlucielabisma

y descentratelura

y venusafrodea

y me nirvana el suyo la crucis los desalmes

con sus melimeleos

sus erpsiquisedas sus decúbitos lianas y dermiferios limbos y gormullos

mi lu

mi luar

mi mito

demonoave dea rosa

mi pez hada

mi luvisita nimia

mi lubísnea

mi lu más lar

más lampo

mi pulpa lu de vértigo de galaxias de semen de misterio

mi lubella lusola

mi total lu plevida

mi toda lu

lumía

buenos aires

No se me importa un pito que las mujeres…

No se me importa un pito que las mujeres

tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;

un cutis de durazno o de papel de lija.

Le doy una importancia igual a cero,

al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco

o con un aliento insecticida.

Soy perfectamente capaz de sorportarles

una nariz que sacaría el primer premio

en una exposición de zanahorias;

¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono,

bajo ningún pretexto, que no sepan volar.

Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!

Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase,

tan locamente, de María Luisa.

¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?

¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo

y sus miradas de pronóstico reservado?

¡María Luisa era una verdadera pluma!

Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina,

volaba del comedor a la despensa.

Volando me preparaba el baño, la camisa.

Volando realizaba sus compras, sus quehaceres…

¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando,

de algún paseo por los alrededores!

Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado.

“¡María Luisa! ¡María Luisa!”… y a los pocos segundos,

ya me abrazaba con sus piernas de pluma,

para llevarme, volando, a cualquier parte.

Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia

que nos aproximaba al paraíso;

durante horas enteras nos anidábamos en una nube,

como dos ángeles, y de repente,

en tirabuzón, en hoja muerta,

el aterrizaje forzoso de un espasmo.

¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera…,

aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas!

¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes…

la de pasarse las noches de un solo vuelo!

Después de conocer una mujer etérea,

¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?

¿Verdad que no hay diferencia sustancial

entre vivir con una vaca o con una mujer

que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?

Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender

la seducción de una mujer pedestre,

y por más empeño que ponga en concebirlo,

no me es posible ni tan siquiera imaginar

que pueda hacerse el amor más que volando.

girondo

No soy quien escucha…

No soy quien escucha

ese trote llovido que atraviesa mis venas.

No soy quien se pasa la lengua entre los labios,

al sentir que la boca se me llena de arena.

No soy quien espera,

enredado en mis nervios,

que las horas me acerquen el alivio del sueño,

ni el que está con mis manos, de yeso enloquecido,

mirando, entre mis huesos, las áridas paredes.

No soy yo quien escribe estas palabras huérfanas.

loco

Pleamar

Nada ansío de nada,

mientras dura el instante de eternidad que es todo,

cuando no quiero nada.

Conoce a Oliverio Girondo, un loco hermoso (1891-1967)

Visita

No estoy.

No la conozco.

No quiero conocerla.

Me repugna lo hueco,

la afición al misterio,

el culto a la ceniza,

a cuanto se disgrega.

Jamás he mantenido contacto con lo inerte.

Si de algo he renegado es de la indiferencia.

No aspiro a transmutarme,

ni me tienta el reposo.

Todavía me intrigan el absurdo, la gracia.

No estoy para lo inmóvil,

para lo inhabitado.

Cuando venga a buscarme,

díganle:

“se ha mudado”.

argentino

Puedes juntar las manos

La gente dice:

Polvo,

Sideral,

Funerario,

y se queda tranquila,

contenta,

satisfecha.

Pero escucha ese grillo,

esa brizna de noche,

de vida enloquecida.

Ahora es cuando canta

Ahora

y no mañana

Precisamente ahora.

Aquí.

A nuestro lado…

como si no pudiera cantar en otra parte.

¿Comprendes?

Yo tampoco.

Yo no comprendo nada.

No tan sólo tus manos son un puro milagro.

Un traspiés,

un olvido,

y acaso fueras mosca,

lechuga,

cocodrilo.

Y después…

esa estrella.

No preguntes.

¡Misterio!

El silencio.

Tu pelo.

Y el fervor,

la aquiescencia

del universo entero,

para lograr tus poros,

esa ortiga,

esa piedra.

Puedes juntar las manos.

Amputarte las trenzas.

Yo daré mientras tanto tres vueltas de carnero.

oliverio girondo

Solo

Solo,

con mi esqueleto,

mi sombra,

mis arterias,

como un sapo en su cueva,

asomado al verano,

entre miles de insectos

que saltan,

retroceden,

se atropellan,

fallecen;

en una delirante actividad sin rumbo,

inútil,

arbitraria,

febril,

idéntica a la fiebre

que sufren las ciudades.

Solo,

con la ventana

abierta a las estrellas,

entre árboles y muebles que ignoran mi existencia,

sin deseos de irme,

ni ganas de quedarme

a vivir otras noches,

aquí,

o en otra parte,

con el mismo esqueleto,

y las mismas arterias,

como un sapo en su cueva

circundado de insectos.

poemas


Poema 12

Se miran, se presienten, se desean,

se acarician, se besan, se desnudan,

se respiran, se acuestan, se olfatean,

se penetran, se chupan, se demudan,

se adormecen, se despiertan, se iluminan,

se codician, se palpan, se fascinan,

se mastican, se gustan, se babean,

se confunden, se acoplan, se disgregan,

se aletargan, fallecen, se reintegran,

se distienden, se enarcan, se menean,

se retuercen, se estiran, se caldean,

se estrangulan, se aprietan se estremecen,

se tantean, se juntan, desfallecen,

se repelen, se enervan, se apetecen,

se acometen, se enlazan, se entrechocan,

se agazapan, se apresan, se dislocan,

se perforan, se incrustan, se acribillan,

se remachan, se injertan, se atornillan,

se desmayan, reviven, resplandecen,

se contemplan, se inflaman, se enloquecen,

se derriten, se sueldan, se calcinan,

se desgarran, se muerden, se asesinan,

resucitan, se buscan, se refriegan,

se rehuyen, se evaden, y se entregan.

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5 poemas cortos todas las mañanas:

Saludos y Buen Dia!

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