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“City 40” La ciudad Rusa de la muerte!

City 40: la ciudad atómica sobre la que Rusia no quiere que sepas nada

Una ciudad secreta, construida para crear la muerte. 


En medio de la vasta estepa rusa se alza una ciudad de la que nunca se habla. Rodeada de vallas que parecen querer arañar el cielo con su remate de doble alambre de espino, la ciudad permanece silenciosa, ajena a la vida que se desarrolla detrás de las ramas de los árboles que la abrazan.

La ciudad de la que nunca se habla no es aterradora. Pero guarda un secreto escalofriante.

Ozersk se fundó en 1945, cuando la última llama de la Segunda Guerra Mundial se hubo consumido. Hasta 1994, nunca había aparecido en un mapa. Sus habitantes nunca han pisado la tierra que se extiende tras las vallas.

En Ozersk, la primera regla siempre ha sido callar. La segunda, vivir con normalidad. O intentarlo.


Cuando uno rasca en busca de relatos sobre Ozersk, su historia y su propósito, es fácil tener la impresión de que se está asomando a una ciudad imaginaria, sacada de un libro de ciencia ficción. Pero Ozersk es tan real como las 80.000 personas que viven entre sus alambres. Que residen en la “zona”.



 La directora de cine Samira Goetschel (autora de documentales como Our Own Private Bin Laden) en un documental sobre city 40 dice que: “La gente que fue recolocada a la nueva ciudad simplemente desapareció para sus familiares. Fueron borrados de la Tierra”, relata Goetschel . Pero, ¿a qué se debe ese secretismo? ¿qué era lo que se ocultaba en la ciudad?



Cuando EEUU lanzó sus bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, Stalin decidió en su despacho del Kremlin que los estadounidenses habían llegado demasiado lejos. Y, sin duda, había que alcanzarlos.

Con la ayuda de su mano derecha, Lavrenti Beria, el líder soviético ideó un plan: había que activar todos los mecanismos del imperio para desarrollar aquella arma letal capaz de borrar todo rastro de humanidad en pocos segundos. Corría el inicio de la Guerra Fría.



Hasta 1994, Ciudad 40 nunca apareció en un mapa


En apenas tres meses, se puso la primera piedra de la Ciudad 40. Una urbe secreta, críptica, cerrada, construida a imagen y semejanza de Richland, la ciudad donde se desarrolló la bomba lanzada sobre Nagasaki.

Ciudad 40 pasó a llamarse Cheliabinsk 40, luego Cheliabinsk 65 y ahora Ozersk. Fue el lugar de nacimiento de la primera bomba atómica rusa y se colonizó con miles de ciudadanos que trabajaban en Mayak, el complejo nuclear.

Miles de ciudadanos que cayeron en el agujero negro de una ciudad construida para crear la muerte.



Vivir en la ciudad cercada de Cheliabinsk tenía regalías. se les otorgó un nivel de vida con el que el resto de los soviéticos solo podían soñar. Trabajos mucho mejor pagados que en el resto del territorio soviético, casas de buena calidad y centros educativos excelentes parecían ser unos privilegios por los que cualquiera mataría. Pero los privilegios tenían un alto coste.

El precio era el aislamiento. Durante años, ningún habitante de Ciudad 40 pudo pisar el exterior. Ningún familiar pudo venir de visita a la urbe. Toda la vida giraba en torno a un gran secreto, tu única función era protegerlo de los enemigos del exterior.



“La gente que fue recolocada simplemente desapareció para sus familiares. Fueron borrados de la Tierra”


A la falta de libertad se sumó algo más: debajo de los edificios situados en un paraje natural de belleza sobrecogedora, altos pinos y cuatro grandes lagos, en el subsuelo latía un enorme depósito de residuos nucleares. Los desperdicios de los experimentos atómicos que se realizaban en la superficie.

Un día de 1957, uno de los contenedores de residuos explotó. Los cristales de varios edificios reventaron mientras la población no sabía muy bien qué estaba pasando. Esa noche, los habitantes de Ciudad 40 vieron como minúsculas partículas de polvo brillaban en la oscuridad como si fuera una aurora boreal. Una aurora boreal radiactiva que impregnó su piel.


La evacuación comenzó 7 días más tarde después de que ocurriera el mayor desastre nuclear antes de Chernóbil.


Cuando Goetschel se interesó por la ciudad secreta, se dio cuenta de que no había manera de entrar en ella. Aún ahora, después de que la ciudad haya dejado de ser secreta tras la caída de la URSS, Ozersk es una ciudad cerrada a los extranjeros.