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Censura que busca CFK, como era durante la Dictadura

Censura que busca CFK, como era durante la Dictadura

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Censura que busca CFK, como era durante la Dictadura

La última dictadura militar no sólo fue la más sangrienta y cruel, con el mayor número de víctimas y la introducción de la terrible figura del desaparecido, sino que también ha quedado en nuestra historia como la que más se ensañó contra los artistas, periodistas y científicos a través de una férrea censura.

Con mucha ignorancia, prejuicios y sobre todo odio, los militares elaboraron extensas listas de libros que no podían ser leídos, discos que no debían ser escuchados y hasta teorías que no debían ser estudiadas ni consideradas. Más aún, esas instrucciones derivaban en pilas de libros quemados, en postulados instaurados como verdades absolutas y, peor aún, se condenaba a la tortura y a la muerte a quien poseía una biblioteca no autorizada.

Han quedado miles de testimonios de quienes sufrieron atropellos de patotas armadas, parapoliciales u oficiales, que ingresaban a sus viviendas y se dirigían con voraz furia en búsqueda de libros y discos.

“El teatro, el cine y la música se constituyeron en un arma temible del agresor subversivo. Las canciones de protesta, por ejemplo, jugaban un papel relevante en la formación del clima de subversión que se gestaba: ellas denunciaban situaciones de injusticia social, algunas reales, otras inventadas o deformadas”, decía Roberto Viola, que fue teniente coronel y ocupó el Poder Ejecutivo.

Censura que busca CFK, como era durante la Dictadura

EN LA ESCUELA. “En las escuelas, centraban el control sobre todo en los libros de Historia”, recordó en diálogo con EL DIARIO Griselda De Paoli, profesora, que por aquellos años apenas iniciaba su ejercicio docente.

De Paoli señaló que de la misma manera se imponían determinados autores que reproducían la versión histórica que le interesaba inculcar al régimen dictatorial.

En un material gráfico que se distribuyó en las escuelas, dirigido a los padres con hijos en edad escolar, titulado Cómo reconocer la infiltración marxista en las escuelas se podía leer: “Historia, Formación Cívica, Economía, Geografía y Catequesis en los colegios religiosos, suelen ser las materias elegidas para el adoctrinamiento subversivo”. Además, el instructivo criticaba que en materias como Castellano y Literatura, se habían desterrado a los “autores clásicos”, para ser suplantados por “novelistas latinoamericanos” o “literatura comprometida”.

“Lo primero que se puede detectar es la utilización de un determinado vocabulario que, aunque no parezca muy trascendente, tiene mucha importancia para realizar este trasbordo ideológico que nos preocupa. Así, aparecerán frecuentemente los vocablos diálogo, burguesía, proletariado, América latina, explotación, cambio de estructuras, capitalismo”, señalaban después.

Pero ni siquiera la denominada Matemática Moderna se salvó del anatema de los militares: fue prohibida y quitada de los programas escolares.

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“Se prohíbe la enseñanza de la matemática moderna tanto en los colegios como en las universidades por ser enigmática, negar los postulados de la lógica formal (hecho potencialmente útil para los subversivos) y porque al sostener que todo está sujeto a cambio y revisión no existe ninguna certeza definitiva sino una realidad con estructuras provisionales. Si nada es absoluto y cualquier cosa es aleatoria, tanto la cuidadosa enseñanza del pasado se encuentra expuesta a un irrespetuoso cuestionamiento. Otra fuente de peligro era su base en la Teoría de Conjuntos que enseña que los números deben trabajarse colectivamente, lo que va en contra de la formación de los individuos”, se decretó.

ELEFANTES PELIGROSOS

En la literatura, los libros prohibidos fueron muchos y variados: Un elefante ocupa mucho espacio, de Elsa Bornemann y El nacimiento, los niños y el amor, de Agnés Rosenstiehl no se podían leer. “En ambos casos se trata de cuentos destinados al público infantil, con una finalidad de adoctrinamiento que resulta preparatoria a la tarea de captación ideológica del accionar subversivo (…) De su análisis surge una posición que agravia a la moral, a la Iglesia, a la familia, al ser humano y a la sociedad que éste compone”, fueron las razones que intentó argumentar la censura ejercida sobre dos libros infantiles.

También se prohibió el Diccionario Salvat por contener “un léxico definitivamente marxista” o El principito, de Antoine de Saint-Exupéry. En cuanto a autores, editores, periodistas, escritores, poetas, cantantes, fueron prohibidos, entre otros: Aída Bortnik (escritora), Jorge Romero Brest (artista plástico), Roberto Cossa (dramaturgo y director de teatro), Crist (caricaturista), Julia Elena Dávalos (cantante folclórica), Griselda Gambaro (escritora), Horacio Guarany (cantautor folclórico), Nacha Guevara (cantante)

César Isella (cantautor), Litto Nebbia (cantautor), Pacho O’Donell (escritor), Gian Franco Pagliaro (cantante), Piero (cantautor), Ariel Ramírez (pianista y compositor folclórico), Sergio Renán (cineasta), Mercedes Sosa (cantante folclórica), María Elena Walsh (cantautora y escritora), León Gieco (cantautor), Los Trovadores (grupo vocal), Los Indianos (grupo vocal) y Los Huanca Hua (grupo vocal).

En la radio

En los medios de comunicación no se podía decir ni escribir cualquier cosa durante el furioso período de 1976 a 1983.

“Había indicaciones precisas sobre la música que se podía difundir y cuál no –explicó el periodista y actual director de LT 14, Juan Carlos Bettanín- Yo nunca fui encargado de discoteca pero me acuerdo que en LT9, donde yo trabajé durante esos años, existían impedimentos concretos. Cuando uno iba a la discoteca a buscar un disco de Mercedes Sosa o León Gieco te decían que no estaba y no te lo daban. Con el tiempo, cuando ya llegó la democracia, nos contaron que tenían instrucciones precisas de no entregar esos discos”.

Censura que busca CFK, como era durante la Dictadura

– ¿Obraba también la autocensura?

– Existían mecanismos de autocensura porque si no uno lo pagaba con la vida. Yo no conozco ningún Che Guevara de esa época, Rodolfo Walsh fue el último y lo mataron en una esquina, pero después el resto de los periodistas seguimos trabajando y nos poníamos límites a nosotros mismos. A lo mejor no decíamos lo que ellos querían que dijéramos, pero igualmente nos poníamos límites.

– ¿Tampoco se podía nombrar a autores o pensadores?

– Había autores prohibidos. No se te podía ocurrir citar a Fanon, ni Althusser, o a Paulo Freire porque era un pasaporte a tener muchos problemas. Inclusive las autoridades de la radio de ese momento te ponían trabas para el desempeño de tu laburo, si lo hacías. Uno tenía que caminar por un borde muy estrecho. Alguna gente encontraba hendijas por donde colar algún pensamiento, como pasó con la música y Charly, León Gieco y Spinetta.

– ¿Existía un control directo, con personas encargadas de controlar a los periodistas?

– Había un jefe de Personal que venía de la Policía, seguramente fue un acuerdo para que las autoridades pudieran tener un seguimiento más cercano de los que trabajábamos en la radio. Los informativos tenían lineamientos muy precisos.

En la prensa gráfica

Guillermo Alfieri, ex periodista de EL DIARIO, fue integrante de la redacción y la cooperativa del diario El Independiente, el mítico medio de prensa riojano que marcó una época en esa provincia y en el país y fue uno de los pocos diarios que la dictadura primero intervino y luego clausuró.

Alfieri estaba a cargo del cierre de la edición del 24 de marzo. La noche de la víspera, ya los cables de las agencias noticiosas anunciaban el golpe.

“El 23 de marzo de 1976 a la noche irrumpió una patota en la redacción, cuando yo estaba de cierre. Dijeron que a partir de ese momento ellos se hacían cargo de qué se iba a publicar. Me acuerdo que mi tapa del día siguiente era ‘Golpe de Estado. La CGT llama a paro general’, que por supuesto cambiaron por algo más lavado, del tipo ‘Una Junta Militar se hizo cargo del país’. Me detuvieron el 24 a la tarde. Yo estuve preso cuatro años, siempre bajo el PEN y vigilado”, relató.

Tras los años de detención, Alfieri se instaló en Paraná para trabajar en esta Hoja a principios de la década del 80.

– ¿Hubo algún tipo de censura o control en los diarios durante la Guerra de Malvinas?

– No era necesario porque la información que se manejaba era a través de las agencias de noticias, obviamente no había ninguna información propia. Además, prácticamente no había voces contrarias a la guerra.

Posteriormente, se produjo la apertura política que desembocó en las elecciones de 1983 y la información comenzó a fluir más libremente.

Censura que busca CFK, como era durante la Dictadura

Libros en llamas

En la Facultad de Ciencias de la Educación, el 8 de julio de 1976, el decano interventor Carlos Uzín emitió una Ordenanza por la cual se conformó una comisión que debía determinar el destino de cierto material bibliográfico que, “por razones de mejor servicio, puede trasladarse a otras facultades, como también material que por diversas razones ha caído en desuso”.

El trabajo de la comisión duró varios meses, hasta que resolvió dar de baja el material allí detallado por razones “de desgaste, desuso y deterioro en que dichas obras se encuentran, lo que en los hechos las inutiliza”. Fueron dados de baja 182 títulos, lo que significa casi 400 volúmenes en total. En algunos casos, como los del educador Paulo Freire, 23 ejemplares de una misma obra, pero la lista también incluyó ejemplares de Louis Althusser, John W. Cooke, Salvador Allende, Héctor Cámpora, Juan Domingo Perón, Ariel Dorfman, Rodolfo Puiggrós, Darcy Ribeiro, Jean Piaget, Sigmund Freud, Rogelio García Lupo, George Lukacs, Marta Harnecker, Herbert Marcuse, Walter Benjamin y Rodolfo Walsh, entre tantos otros.

En junio de 1984 el rector normalizador, Eduardo Barbagelata, ordenó la instrucción de un sumario administrativo “para determinar la responsabilidad disciplinaria y patrimonial” para investigar la desaparición de estos libros.

Aunque se habla de que los textos fueron quemados, nunca se pudo comprobar que el destino de los libros haya sido las llamas.

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