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cementerio de la recoleta, ciudad de angeles

cementerio de la recoleta, ciudad de angeles

HISTORIA

Los frailes de la orden de los recoletos descalzos llegaron a esta zona, entonces en las afueras de Buenos Aires, a principios del siglo XVIII. Construyeron en el lugar un convento y una iglesia, en 1732, que colocaron bajo la advocación de la Virgen del Pilar. Actualmente la Basílica de Nuestra Señora del Pilar es un Monumento Histórico Nacional. Los lugareños terminaron denominando a la iglesia de los recoletos en simplemente la Recoleta, nombre que se extendió a toda la zona. Cuando la orden fue disuelta en 1822, el 17 de noviembre1 de ese año, la huerta del convento fue convertida en el primer cementerio público de la Ciudad de Buenos Aires. Los responsables de su creación fueron el entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires Martín Rodríguez (sus restos descansan en el Cementerio) y su ministro de Gobierno, Bernardino Rivadavia.

Sus dos primeros moradores fueron el niño negro liberto Juan Benito y la joven María Dolores Maciel.

Durante la década de 1870, como consecuencia de la epidemia de fiebre amarilla que asoló la ciudad, muchos porteños de clase alta abandonaron los barrios de San Telmo y Montserrat y se mudaron a la parte norte de la ciudad, a Recoleta. Al convertirse en barrio de clase alta, el cementerio se convirtió en el último reposo de las familias de mayor prestigio y poder de Buenos Aires. Al mismo tiempo se inauguraba el Cementerio de la Chacarita o Cementerio del Oeste, por oposición al Cementerio del Norte nombre menos común que recibe la Recoleta.

En el ingreso al cementerio hay tres fechas grabadas sobre el piso: 1822 (año de su creación), 1881 (fecha de su primera remodelación) y 2003 (tercera remodelación).2

https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/a/af/Cementerio_de_la_Recoleta_4.JPG/800px-Cementerio_de_la_Recoleta_4.JPG

Descripción

El Cementerio de la Recoleta es una obra de arte en sí mismo.

La entrada principal es un pórtico formado por cuatro columnas de orden dórico griego sin base, concluido durante una de sus grandes reformas ordenada en 1881 por el entonces intendente de la Municipalidad, Torcuato de Alvear. Tanto el frontis exterior como el interior poseen inscripciones en latín. Del lado de afuera el mensaje es de los vivos a los muertos: Requiescant in pace, que significa: Descansen en Paz. Del lado de adentro el mensaje es de los muertos a los vivos: Expectamus Dominum, que significa: Esperamos al Señor.

En el frente, sobre las columnas, se inscriben los primeros símbolos de la vida y de la muerte, representados en once alegorías: El huso y las tijeras: el hilo de la vida que se puede cortar en cualquier momento. La cruz y la letra P: la paz de Cristo en los cementerios. La corona: voto de recuerdo permanente. La esfera y las alas: el proceso de la vida y de la muerte que gira incesantemente como la esfera. La cruz y la corona: la muerte y el recuerdo. La abeja: la laboriosidad. La serpiente mordiéndose la cola: el principio y el fin. El manto sobre la urna: el abandono y la muerte. Las antorchas con llamas hacia abajo: la muerte. El búho: el vigilador, y según algunas creencias, anuncia la muerte. El reloj de agua o Clepsidra: el transcurrir del tiempo o el paso de la vida.3

El predio tiene 4780 bóvedas distribuidas en 54 843 metros cuadrados, 80 de las cuales fueron declaradas Monumento Histórico Nacional.4 El cementerio alberga varios mausoleos de mármol, decorados con estatuas, en una amplia variedad de estilos arquitectónicos. Se halla organizado en manzanas, con amplias avenidas arboladas que dan a callejones laterales donde se alinean los mausoleos y bóvedas. Existe una amplia rotonda central de donde parten las avenidas principales, con una escultura de Cristo realizada por el escultor Pedro Zonza Briano, en 1914.

Cada mausoleo presenta el nombre de la familia labrado en la fachada; generalmente se agregan al frente placas de bronce para los miembros individuales.

En un poema, el escritor porteño Jorge Luis Borges (1899-1986) fantaseó con ser enterrado en este lugar, pero finalmente no fue así ya que está enterrado en la ciudad de Ginebra (Suiza).

Algunas de las personalidades sepultadas en La Recoleta[editar]

Mausoleo de Eustoquio Díaz Vélez.

Bóveda de la familia Ortiz de Rozas, donde se encuentra sepultado Juan Manuel de Rosas.

Guillermo Brown (1777-1857), Primer almirante de la Armada Argentina, héroe de la Guerra de Independencia y la Guerra contra el Brasil.

María de los Remedios de Escalada (1797-1823), esposa del general José de San Martín.

Vicente López y Planes (1785-1856), escritor y político argentino, autor del Himno Nacional Argentino y presidente provisional de la Nación.

Eustoquio Díaz Vélez (1789-1856), patriota de la Revolución de Mayo, general de la Independencia, político y estanciero porteño.

Juan Lavalle (1797-1841), militar de la Guerra de Independencia, político y Gobernador de Buenos Aires.

Martín Rodríguez (1771-1845), militar, político y gobernador de Buenos Aires, fundador del Cementerio de la Recoleta, de la Universidad de Buenos Aires, del Banco de la Provincia de Buenos Aires y de la ciudad de Tandil.

Federico de Brandsen (1785-1827), militar parisino y héroe de la Guerra del Brasil.

Manuel Dorrego (1787-1828), militar, político y gobernador de Buenos Aires.

Facundo Quiroga (1788-1835), político, caudillo militar y gobernador de la provincia de La Rioja.

Juan Manuel de Rosas (1793-1877), estanciero porteño, militar, político y gobernador de Buenos Aires.

Lucio Norberto Mansilla (1792-1871), militar porteño, gobernador de Entre Ríos y comandante de las fuerzas argentinas en la batalla de la Vuelta de Obligado.

Luis Dorrego (1784-1852), regidor, síndico, defensor de pobres, hermano de Manuel Dorrego y socio de Juan Manuel de Rosas y Juan Nepomuceno Terrero.

Juan Nepomuceno Terrero (1791-1847), hacendado, empresario, socio, amigo y consuegro de Juan Manuel de Rosas.

Luis Vernet (1792-1871), comerciante, hacendado y primer comandante argentino de las Islas Malvinas (1829-1833).

Mariquita Sánchez de Thompson (1786-1868), símbolo de la mujer argentina durante la época patria y las presidencias históricas de la época constitucional y la primera en cantar el Himno Nacional durante su presentación en su casa, en 1813.

Juan Bautista Alberdi (1810-1884), escritor, abogado, político y padre de la Constitución Argentina de 1853. Sus restos ya no descansan en esta necrópolis ya que fueron trasladados a San Miguel de Tucumán, su ciudad natal, en 1991. Sólo queda un cenotafio con su nombre.

Juan Esteban Pedernera (1796-1886) militar, político, gobernador de San Luis (1859), vicepresidente (1860-1861) y Presidente de la Confederación Argentina (1861).

Bartolomé Mitre (1821-1906), político porteño, escritor, fundador del diario La Nación, militar, estadista y presidente de la Nación.

Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888), maestro, escritor, político, estadista y presidente de la Nación.

Nicolás Avellaneda (1837-1885), abogado, político tucumano, estadista y presidente de la Nación.

Julio Argentino Roca (1843-1914), militar, político, estadista, fundador del Partido Autonomista Nacional y presidente de la Nación en dos períodos, (1880-1886) y (1898-1904).

Dalmacio Vélez Sársfield (1800-1875), abogado y político cordobés, autor del Código Civil Argentino. Sus restos fueron trasladados al Palacio de Justicia de la ciudad de Córdoba.

Luis Piedrabuena (1833-1883), marino y explorador; actualmente sus restos reposan en Carmen de Patagones, su ciudad natal.

José Hernández (1834-1886), escritor bonaerense, autor del poema gauchesco Martín Fierro.

Dominguito Sarmiento (1845-1866), militar chileno-argentino, hijo adoptivo del presidente Domingo Faustino Sarmiento, muerto durante la Guerra de la Triple Alianza en la batalla de Curupaytí (Paraguay).

Felicitas Guerrero de Álzaga (1846-1872), dama de la alta sociedad porteña y estanciera.

Eduarda Mansilla (1834-1892), escritora porteña, sobrina de Juan Manuel de Rosas y pionera de la literatura femenina argentina.

Panteón de los caídos en la Revolución de 1890 o Revolución del Parque o Panteón de la Unión Cívica Radical.

Carlos Pellegrini (1846-1906), abogado, político, vicepresidente y presidente de la Nación.

Manuel Quintana (1835–1906), abogado, político y presidente de la Nación.

José Figueroa Alcorta (1860-1931), abogado y el único político que ejerció la titularidad de los tres poderes del estado ya que fue vicepresidente de la Nación, presidente de la Nación y presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

José C. Paz (1842-1912), fundador del diario La Prensa.

Panteón de la Unión Cívica Radical.

Aristóbulo del Valle (1845-1896), abogado, político y cofundador de la Unión Cívica Radical.

Leandro N. Alem (1842-1896), político y cofundador de la Unión Cívica Radical.

Hipólito Yrigoyen (1852-1933), político, presidente de la Nación en dos períodos (1916-1922 y 1928-1930).

Francisco Beiró (1876-1928), político, diputado nacional y vicepresidente electo de la Nación (1928) que falleció antes de asumir.

Juan Antonio Fernández Hoyos (1786-1855) Médico, primer Presidente de la Facultad de Medicina.

Elpidio González (1875-1951), político y vicepresidente de la Nación (1922-1928).

Pedro Benoit (1836-1897), arquitecto, urbanista e ingeniero, creador del trazado de la ciudad de La Plata.

Marcelo Torcuato de Alvear (1868-1942), abogado, político, embajador, diputado y presidente de la Nación.

José Félix Uriburu (1868-1932), militar salteño, sobrino del expresidente José Evaristo Uriburu Gobernador de Salta, y Presidente de la Nación Argentina, primer presidente en llegar a través de un golpe de estado al poder en Argentina.

María Eva Duarte de Perón (Evita Perón), (1919-1952), primera dama y segunda esposa de Juan Domingo Perón.

El mausoleo de Eva Perón es uno de los más visitados.

Arturo Umberto Illia (1900-1983), médico, político y presidente de la Nación.

José María Guido (1910-1975), abogado rionegrino, político y presidente provisional de la Nación (1962-1963).

Raúl Ricardo Alfonsín (1927-2009), abogado, político, estadista, promotor de los derechos humanos y presidente de la Nación (1983-1989).

Manuel José García Ferreyra (1784-1848), político, economista, jurista y diplomático.

Guillermo Rawson (1821-1890), doctor en medicina, primer higienista del país, político, Ministro del Interior e impulsor de la Cruz Roja Argentina.

Manuel Rafael García Aguirre (1831-1887), político, jurista, diplomático de larga trayectoria y encargado de adquirir los buques de la primera escuadra nacional.

Manuel José García Mansilla (1859-1910), militar (marino), promotor de la Armada Nacional y vencedor de las tropas rebeldes en el combate naval de El Espinillo.

Horacio Oyhanarte (1885-1946), abogado, político y diplomático.

Federico Álvarez de Toledo (1875-1939), ingeniero agrónomo, político, ministro de Marina y embajador.

Honorio Pueyrredón (1876-1945), jurisconsulto, profesor universitario, político, diplomático, ministro de Agricultura y de Relaciones Exteriores.

Gregorio Pomar (1892-1954), militar, político y diputado nacional.

Ernesto Sammartino (1902-1979), abogado, periodista, escritor, diplomático y diputado nacional (1936-1940 y 1946-1950).

Raúl Borrás (1933-1985), periodista, político y ministro de Defensa (1983-1985).

Roque Carranza (1919-1986), ingeniero, economista, y ministro de Obras y Servicios Públicos y ministro de Defensa del Presidente Raúl Alfonsín. Su bóveda familiar fue vendida en 2013 y sus restos y los de sus familiares fueron cremados y depositados en el osario del Cementerio de la Chacarita.

Antonio Tróccoli (1925-1995), abogado, político, diputado nacional (1972-1976) y ministro del Interior (1983-1987).

Álvaro Alsogaray (1913-2005), militar, político, economista y fundador de los partidos políticos Nueva Fuerza (1972) y Unión del Centro Democrático (1982).

Juan Bernabé Molina, (1803-1871), fundador del pueblo Juan B. Molina en la Provincia de Santa Fe.

Emilio Vicente Bunge (1836-1909), abogado, militar, intendente de Buenos Aires y fundador del pueblo Emilio V. Bunge

Fernando Martí Tomás (1851-1925), empresario, comerciante de Buenos Aires y fundador de Coronel Charlone.

Ovidio Rebaudi (1860-1931), químico, escritor, profesor de zoología médica, científico, fundador y director de diversas publicaciones y descubridor de un glucósido de una planta que lleva su nombre en su honor Stevia rebaudiana o Eupatorium rebaudiana.

Carlos Saavedra Lamas (1878-1959) político, abogado y ganador del Premio Nobel de la Paz (1932).

Luis Federico Leloir (1906-1987), bioquímico y ganador del Premio Nobel de Química (1970).

Mausoleos del cementerio con el de Rufina Cambaceres en primer plano.

Macedonio Fernández (1874-1952), novelista, poeta y filósofo.

Enrique García Velloso (1880-1938), dramaturgo, co-fundador y primer presidente de La Casa del Teatro.

Enrique Larreta (1875-1961), escritor.

Oliverio Girondo (1891-1967), poeta y periodista.

Conrado Nalé Roxlo (Chamico) (1898-1971), escritor, periodista, guionista y humorista. Autor del célebre poema El Grillo (Galería Sección 17 subterránea Nicho Nº 100).

Eduardo Mallea (1903-1982), novelista y ensayista.

Adolfo Bioy Casares (1914-1999), escritor.

Victoria Ocampo (1890-1979), escritora, intelectual, ensayista, traductora y fundadora de la revista y editorial Sur.

Silvina Ocampo (1903-1993), escritora, esposa de Bioy Casares y hermana de Victoria Ocampo.

Norah Lange (1905-1972), escritora, novelista, poetisa y esposa del poeta Oliverio Girondo.

Luis César Amadori (1902-1977), director de cine y poeta.

Arturo García Buhr (1905-1995), actor, director y productor de cine.

Alberto Mosquera Montaña (1928-2009), poeta.

Ernesto de la Cárcova Arrotea, pintor argentino y primer Director de la Academia Superior de Bellas Artes.

Carlos A. Díaz, gobernador, vicegobernador y diputado de Buenos Aires.

Pedro Andrés García de Sobrecasa (1758-1833), militar, ingeniero, geógrafo y funcionario. Comandante de las fuerzas del Tercio de Cántabros Montañeses que expulsó a las tropas del general Robert Craufurd del templo de Santo Domingo durante las invasiones inglesas de 1807.

Regina Pacini de Alvear (1871-1965), cantante lírica, esposa del Presidente Marcelo Torcuato de Alvear y co-fundadora y Presidenta de la Casa del Teatro (1938).

Blanca Podestá (1889-1967), primera actriz (sepultada en la bóveda de la familia García Velloso).

Zully Moreno (Zulema Esther González Borbón) (1920-1999), actriz y esposa de Luis César Amadori.

Susana Brunetti (1941-1974), actriz, vedette y esposa de Alberto González.

Alberto González, empresario teatral (Teatro Maipo).

Leopoldo Armentano (Poli), (1957-1994), relacionista público y dueño de las discotecas Trumps y El Cielo. Estuvo en el cementerio hasta que su bóveda fue vendida y sus restos y los de su madre fueron trasladados el 16 de julio de 2012 al crematorio de Chacarita para luego ser trasladadas sus cenizas a Asunción del Paraguay, donde reside un familiar.

Cándido López (1840-1902), pintor y soldado, sepultado en el Panteón del Círculo Militar.

Mariette Lydis (Marietta Ronsperger) (1887-1970), pintora austríaca.

Luis Ángel Firpo (1894-1960), boxeador.

Bóveda de Luis Ángel Firpo.

Martín Karadagián (1922-1991), deportista y creador de ‘Titanes en el Ring’.

Horacio Anasagasti (1879-1922), ingeniero, corredor de autos y primer fabricante automotriz de Argentina (1912).

Carlos Alberto Menditéguy (1915-1973), piloto automovilístico y multideportista.

Carlos Enrique Díaz Sáenz Valiente (Patoruzú) (1917-1956), automovilista, aviador y campeón mundial de tiro (1947).

Luis Carniglia (1917-2001), futbolista y director técnico.

Eduardo Casá, ‘Tuqui’ (1935-2004), corredor automovilístico y subcampeón Turismo Carretera (1968).

Silvia Martorell (1915-1966), esposa del Presidente Arturo Umberto Illia.

María Marta García Belsunce, (1952-2002), socióloga, filántropa y notoria por su asesinato.

Amalia Lacroze de Fortabat (1921-2012), empresaria y dueña de Loma Negra.

Norah Borges pintora (1901-1998), hermana del escritor Jorge Luis Borges.

Blanca Curi (1950-2010), mentalista, astróloga.

Dante Quinterno (1909-2003), dibujante, guionista de cómics, creador de “Patoruzú”5

Jorge Ibáñez (1969-2014), diseñador de moda.

Victor Sueiro (1943-2007), periodista y escritor.

Pía Sebastiani (1925-2015), pianista y compositora

DATOS NO MUY CONOCIDOS

como que el cementerio de la Recoleta no es un camposanto: perdió esa condición en 1853 cuando el presidente Bartolomé Mitre ordenó el entierro del Dr. Blas Agüero, un francmasón a quien el arzobispo de Buenos Aires le había negado cristiana sepultura porque, fiel a sus principios, se había negado a recibir los sacramentos. Mitre decretó el permiso para el entierro, y el arzobispo retrucó retirando la bendición a la necrópolis y por lo tanto su condición de santidad. Nunca volvió a restaurarse, y probablemente la Recoleta no volverá a ser un camposanto nunca. Los bóvedas masónicas, con sus símbolos egipcios, las escuadras y los compases así lo demuestran. En la puerta de la de Mendoza Paz, fundador de la Sociedad Protectora de Animales (una aguda pirámide sin cruces ni ningún símbolo cristiano), puede leerse: “Aquí no hay nada. Sólo polvo y huesos. Nada”.

Y también descubre algunos secretos casi graciosos, como el terror que le infundía la posibilidad de ser enterrado vivo a Alfredo Gath (una de las mitades de la tienda Gath & Chavez): en su bóveda, erigida en 1936, se había mandado a instalar un sistema eléctrico que descansaba entre las manos del cadáver, y que permitía que se abriera el ataúd y la puerta del sepulcro en caso de necesidad. Fue retirado porque, a esta altura, evidentemente ya no hace falta. “En varias revistas de esa época encontré los anuncios de un señor que se especializaba en la venta de dispositivos eléctricos para venderlos en caso de sospechas de catalepsia”, cuenta López Mato. “Sarmiento hizo una legislación sobre la obligación de mantener los cajones abiertos en el velorio: el cuerpo debía tener atado a la muñeca un cordel que llegaba hasta una campanita: en caso de moverse el cuerpo, sonaba.”

También descubre a personajes ausentes de los libros de historia como Edelmiro Mayer, que después de integrar el ejército triunfador en Pavón tuvo discrepancias con la conducción militar y se fue a Estados Unidos, que estaba en plena guerra civil. Lincoln lo aceptó, reconociendo su grado de teniente coronel, y lo colocó al frente de un batallón de negros. Combatió con ellos en las batallas de Cattamooga, Knoxville, Olustee y el sitio de Richmond. Terminada la guerra y muerto Lincoln, se le encomendó llevar armas de contrabando a México. Allí se puso al servicio de Benito Juárez, que lo nombró comandante del Batallón Zaragoza, y poco después dirigió el sitio de la Ciudad de México. Cuando cruzaba las líneas para encontrarse con su amante, cayó prisionero del temible general Márquez (el Leopardo de Tacuba), que milagrosamente le perdonó la vida. Volvió a la Argentina, donde fue reconocido general en 1873 y murió en 1892. Su tumba es, inexplicablemente, un templo gótico.

LOS REYES

Uno de esos rastros perdidos es el de Miguel Haines, nieto del rey Jorge IV de Inglaterra. Su padre, también llamado Miguel Haines, era hijo natural del monarca, un hombre que llegó al Río de la Plata con las invasiones inglesas y prefirió no buscar reconocimiento por sus derechos. Se hizo rico formando una sociedad comercial con su amigo Guillermo Brown en Colonia del Sacramento. No se sabe si murió porque lo mató Rosas (era simpatizante unitario) o por el estallido accidental de un polvorín, pero, de cualquier modo, al ser enterrado en Colonia, el almirante Greenfield y su tropa le rindieron homenaje como miembro de la Casa Real. Su hijo, nacido en Uruguay, vino a Buenos Aires a los 20 años, ciego después de una operación fallida en Europa que no logró devolverle la vista. Se dedicó a la música, y estuvo de moda entre 1840 y 1860. López Mato no pudo encontrar su tumba, porque lo enterraron antes de la reforma del cementerio, en 1880. Los registros lo ubican en el sector 3, probablemente en una bóveda de la familia Ocampo o Argerich, con quienes estaba relacionado. Pero quizá sus restos se perdieron. Es el único habitante del cementerio que no tiene una foto en el libro.

La noble que sí pudo ser ubicada es Isabel, la nieta de Napoleón Bonaparte que murió en Buenos Aires a los 50 días de nacida, hija del conde Alejandro Walewski (hijo de la condesa polaca María Walewska, amante del Emperador). La niña fue enterrada en el cementerio y después trasladada a la tumba de su madrina, Mariquita Sánchez de Thompson. Pero no hay ninguna placa ni inscripción que la recuerde.

Y quizá también esté enterrado en la Recoleta el último delfín de Francia, Luis XVII, escapado de la Prisión du Temple. El arquitecto Pierre Benoît creyó ser el heredero del trono francés, y así lo confesó antes de morir en 1853, después de un encuentro con un desconocido que lo dejó perturbado. Había llegado a la Argentina en un buque de guerra en 1818, y todavía hoy su familia discute en los tribunales franceses la legitimidad de su realeza

LAS BELLAS DURMIENTES

La más famosa es, necesariamente, la dueña de la historia más macabra. Rufina Cambaceres, hija del escritor y político Eugenio Cambaceres, murió súbitamente a los 19 años en 1903, mientras se estaba cambiando para ir al Colón. Su madre la encontró cuando fue a buscarla a la habitación porque llegaban tarde a la gala. Tres médicos certificaron que Rufina había muerto, y le dieron sepultura en la Recoleta. A los pocos días, alguien le avisó a la familia que el cajón se había movido; cuando lo abrieron, descubrieron a la adolescente con el rostro y las manos rasguñados y amoratados. Dice la leyenda que Rufina habría sido víctima de un ataque de catalepsia (la enfermedad más temida de la época, que aterraba a Edgar Allan Poe) y despertó en la oscuridad del sepulcro para volver a morir después de una desesperada lucha. Hay una versión más escabrosa que aparece en un libro de Victoria Azurduy: la madre de Rufina, Luisa Bacic, le suministraba a su hija un somnífero para poder encontrarse clandestinamente con su amante, que era el pretendiente de la hija. Esa noche, la chica tomó una dosis de más y entró en un coma profundo, del que despertó en la tumba. De cualquier manera, pocos años después su familia le erigió un monumento donde una joven entreabre una puerta, la de la bóveda (una construcción art nouveau), como si escapara por fin del infierno. La madre, Luisa, se convirtió en amante de Hipólito Yrigoyen y le dio un hijo, Luis Hernán.

cementerio de la recoleta, ciudad de angeles

Quizá porque una adolescente muerta es la definición del romanticismo, desde Ofelia hasta Julieta, las jóvenes muertas de la Recoleta son dueñas de los monumentos más hermosos y cuidados. Luz María García Velloso, hija del dramaturgo Enrique García Velloso, tenía 15 años cuando murió de leucemia en 1925. Una escultura tamaño natural la representa dormida, bajo un crucifijo. Su madre, deprimida después de la muerte de la hija, obtuvo permiso especial para permanecer junto a esta tumba por las noches.

Ida Marino murió a los 19, cuando cayó desde un balcón: sobre el techo de su bóveda, la escultura de una persona con la mano extendida deja caer una flor: pretende representar las manos que no pudieron alcanzarla y detener su caída. Liliana Crociati murió en 1970 durante su luna de miel en Austria: una avalancha cubrió el hotel donde se hospedaba. Era hija única. La familia le construyó un templo neogótico, eligiendo detalles que a ella le hubieran gustado: es una sala enorme con una suerte de living donde se ubica el féretro, cubierto por un sahri que Liliana había comprado en la India. Están sus fotos, un óleo pintado por una amiga y en la puerta una escultura que la representa en vida, con un vestido y el cabello largo, acompañada por su perro, Sabú.

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LAS TUMBAS

Muchas veces los propios monumentos son dueños de historias extrañas. Y muchas veces cómicas y propias de la habitual desprolijidad nacional. A Adolfo Alsina, por ejemplo, un grupo de admiradores decidió levantarle por subvención pública un monumento en 1911. Se hizo un concurso para seleccionar la maqueta, y ganó la escultora Margarita Bonnet. Pero otro escultor, Alejo Jaris, la denunció por plagio y le ganó el juicio. La cosa ya había empezado mal. Y al comenzar el monumento, los encargados de supervisar el trabajo notaron que las fallas técnicas eran demasiadas, y le encomendaron la continuación de la obra al escultor Ernesto Dungon. El monumento se inauguró, finalmente. Pero, en el acto destinado a descubrir la obra, la escultora Bonnet, furiosa, llegó al cementerio y firmó la obra que no había terminado y que ni siquiera le pertenecía. La firma sigue ahí hasta hoy, porque la comisión de fans de Alsina se había disuelto, no quedaba plata para cambiar el mármol ni ganas de sancionar a la escultora.

El cuidador del cementerio David Alleno murió en 1910. Además de cuidar las tumbas, construía bóvedas en la Recoleta. Era genovés, y para después de muerto decidió seguir la tradición del cementerio de su ciudad natal, donde era muy común que familias enteras se representaran en mármol a tamaño natural. López Mato, que lo recorrió, recuerda especialmente a “un hombre en una cama, agonizando, con sus cinco hijas alrededor, llorándolo. Muy realista”. Alleno viajó y le encomendó su escultura al escultor Canessa. Dicen que cuando estuvo lista, volvió con ella desde Italia y se suicidó para estrenarla, pero López Mato asegura que esa historia es una leyenda, que Alleno murió años después, viejo. El caso de Salvador María del Carril, gobernador de San Juan y quien instigó a Lavalle a fusilar a Dorrego, es uno de odio conyugal post-mortem. Murió en 1883, y no hay cruces en su tumba, porque era masón. Su esposa, Tiburcia Domínguez, lo sobrevivió y le erigió un monumento espectacular, que incluye una escultura del muerto. Pero la viuda, al encargarle su propia bóveda al artista Camilo Pomairone, dejó constancia de que su busto debía mirar hacia el lado contrario al de su marido, para perpetuar su odio. Cuando el esposo murió, la viuda sólo quiso saber cuánta plata le había dejado.

VIDEO SOBRE HISTORIAS DE LA CIUDAD DE ANGELES

https://youtu.be/y3qOubqTGAs

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