Facebook Twitter RSS Reset

Cartas convictas.

Era una cortesana de pelo largo castaño oscuro y ojos negros profundos, su belleza era conocida en todo el condado pero mas conocida era su tristeza que arrastraba desde tiempo atrás. Un buen día se decanto por un caballero al que solo conocía de oídas en las celebraciones de la noble corte.

Cartas convictas.
Sus hazañas, su caballerosidad y su sensibilidad estaban en boca de todo el mundo y ella quedo fascinada de las historias acerca de aquel supuesto caballero apuesto y misterioso, aunque mas que fascinación, sintió curiosidad y se aventuro a escribirle. El intercambio de cartas era cada vez mas frecuente, sus escritos iban tomando contenido alentador, palabras complacientes, música y poema para su audición, revelaciones y compromisos íntimos y profundos que ella anhelaba muchísimo.

Cartas convictas.
Pasaba el tiempo y aquellas palabras tomaban ternura, los escritos sensualidad y aquel amor desconocido se convirtió real. Una noche lluviosa ella le cito en un lugar seguro y observaba a través de la ventana de su oculta morada la llegada de su amado, le veía acercarse hacia su portón galopando sobre su caballo andaluz.

Cartas convictas.
Ella se escondió detrás de las cortinas de la antesala de sus aposentos para oír la llegada de su amado, quería observar previamente su físico, aunque ese detalle poco le importaba, ya le quería antes de conocerle. El amante golpeo suavemente la puerta y la doncella le abrió, le hizo pasar hacia los aposentos de las cortesana y por primera vez se vieron la cara.

Cartas convictas.
El caballero que tanta valentía derrochaba en sus cartas quedo inmóvil sujetando la cortina, no sabia que hacer ante tanta belleza y ella tomo la decisión. Le cogió de la mano, le introdujo en sus aposentos y le beso tiernamente. Un temblor se apodero de su cuerpo vigoroso a la vez que su corazón latía frenéticamente, no quería soltarla, deseaba con ansiedad ese momento y ella, después de todas aquellas cartas, estaba convencida de que sus palabras no solo eran letras escritas con una tinta mediocre, eran sentimientos trasladados a poesía y plasmados con amor febril sobre un papel fino y suave, tan delicado como ella.

Cartas convictas.
Le llevo lentamente sin separar sus labios y sus cuerpos hacia el lecho, se recostaron y el comenzó a desabrochar lentamente los lazos de su camisón de seda negro, lo retiro espalda abajo y comenzó un juego de caricias y besos suaves. Ella sentía un escalofrío recorrer su delicada piel, le gustaba, disfrutaba de la ternura y sensibilidad con que la acariciaba su amado, cada vez sentía mas deseo de descubrir la pasión de sus escritos de una forma mas intensa, mas profunda.

Cartas convictas.

Aquellas palabras alentadoras que nacieron a través de unas cartas inocentes fueron forjando un amor verdadero, pero también un amor maldito, ese amor a ojos del mas allá estaba manchado, no eran libres y el destino jamás les dejo reunirse de nuevo.

Cartas convictas.
Esta es la leyenda de los amantes, aunque predestinados, incumplieron una promesa y cometieron pecado. Jamás pudieron vivir su amor libremente, estaban encadenados a su libertad, muertos en vida. El amor que se profesaban les llevo a la locura y posterior muerte.

Cartas convictas.
Cuenta la leyenda que sus espíritus vagan por la eternidad escribiendo cartas convictas destinadas a sus iguales.

No comments yet.

Leave a Comment