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Camino al sol [Relato propio]

Hola T! Bueno, les dejo un intento de relato que escribí hace tiempo, espero que les guste, sean sinceros Camino al sol [Relato propio]

PD.: Una disculpa por el post pobre y los separadores de pena, soy nuevo en esto Dx

Camino al sol [Relato propio]

Camino al sol

Él la interceptó en la terraza, la estaba esperando porque sabía que ese sería el lugar al que huiría en busca de refugio. Ella quería estar sola, pero habían sido amigos por tanto tiempo que no sabía cómo echarlo del lugar, ni cómo irse, o a dónde ir, ni siquiera por qué había ido allí.

No dijo nada, y subiendo el último peldaño de la escalera entró a su compañía. Dejó abajo su oportunidad de soledad ¡y cómo la deseaba! Pero pensó que si él hablaba, al menos se ahorraría el dolor de pensar y se agradecía que alguien pudiera arrancarla de la cruel tortura en que se había convertido una actividad tan necesaria. Como si fuera un extraño por la calle, no lo saludó y caminó lentamente hacia la baranda, para apoyar allí las manos y perderse por un pequeño segundo en la vista del horizonte. Ese horizonte y esa vista a la que tantas veces había dicho que tomaría una fotografía pero nunca se dio la oportunidad, y una vez más se lo dijo a sí misma en su silencio.

Y se había perdido tan rápido en aquella vista, que se la hacía más irreal cada vez que la observaba. Se perdió tanto dentro del horizonte y dentro de sí que no supo en qué momento él había tomado su mano. Volvió a la realidad en el momento en que la giró hacia él y, sin que ella se lo hubiera visto venir, la besó.

No fue nada, una milésima de segundo, una fracción de esa milésima le pareció a él. Fragmento de un instante rozando sus labios que bastó para que lo apartara y se diera cuenta de que podía querer mucho a alguien, porque sí que lo quería, pero nunca sentiría con nadie lo que el simple contacto con los labios de aquel otro le hacían sentir. No necesitó nada más para saberse prisionera de sus sentimientos y maldecida por el amor. Bastó sólo eso para que se olvidara de que eran amigos, de sus modales, y lo apartara con cierta brutalidad para salir corriendo sin decirle nada. Con el corazón tan acelerado como sólo él podía provocar, corrió escaleras abajo hasta llegar a la biblioteca, él dormía sobre una mesa, y en el instante en que se detuvo bajo el portal para apreciarlo un momento, su corazón se detuvo, y supo que ese sería su fin, que estaba marcada y que no podría librarse jamás. Porque cuando tu corazón se detiene al ver a alguien más, cuando se emociona tanto que muere por un instante, es que ya no hay forma alguna de escapar. Caminó lentamente, con el corazón martillándole el pecho una vez por segundo, tratando de resucitar ¿de resucitar o de morir? No estaba segura. Caminó en silencio hasta la mesa sobre la que aquel yacía, sin importarle a cuántos que trataban de estudiar allí estaba perjudicando. Se detuvo un momento frente a él para observarlo en la paz del sueño, del cansancio, y pensó que ella también estaba cansada, y notó que su corazón también lo estaba, más que ella, más que él y más que el otro, su corazón lo estaba. Sí que lo estaba. Se acercó lentamente y allí, mientras dormía, lo besó.

El beso lo despertó, pero no lo asustó, lo reconoció, sus labios eran únicos, el sabor único que lo llevaba al cielo y lo mantenía flotando siempre en la misma nube por horas, un sabor indescifrable, indescriptible, y la alegría de su corazón al sentirlos, el único momento en que su corazón era feliz de latir y lo hacía como si quisiera escapar de su pecho y cobrar una vida propia fuera de él. Reconocía que sus labios eran paz y que todo estaba bien en ese momento, aun cuando su mundo se estaba derrumbando, al sentir sus labios lo sabía: todo estaba bien.

Pero ese beso significaba mucho más de lo que pudiera pensar un simple observador, de los muchos asqueados dentro de aquella pequeña y maltrecha biblioteca en la que se refugiaban para olvidar que su corazón nunca latió por nadie y no lo haría ni siquiera por ellos mismos, que tenían un corazón apagado. Ese beso era su forma de decirle algo, algo que no sabía cómo pronunciar. Pero él lo entendió, y no sólo él, sino también el muchacho que los observaba desde la puerta de la biblioteca, el mismo que hace un instante había abierto su corazón con esperanzas y ahora lo buscaba por el suelo para disculparse. Mientras se marchaba en busca de los restos del corazón, al darse la vuelta y abandonar el portal, resonó en su cabeza cierta línea de cierta canción que había escuchado en cierta ocasión en algún incierto lugar que en ese momento no podría precisar. Pero él sabía que era algo más grande que le hablaba dentro de sí mismo, algo que entendía igual o mejor que él la situación y el vacío de lo que se podía hacer, algo que le decía: “Ya no hay vuelta atrás, van camino al sol”.

relato

FIN

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